Los cristianos también están presentes en la lucha contra el coronavirus

En el inconsciente colectivo persiste una justificada idea de que en los momentos duros, de peste, los cristianos por su fe -y a cuyo Dios y santos se recorrería en auxilio- eran de un grado heroico por sus disposición sacrificado, siguiendo el mandato del Señor de amar al prójimo como a uno mismo.

Quizá por ello, al no verse tan claro esto, entre otras cosas porque la manera de afrontar una epidemia como la del coronavirus es distinta a como se hacía en los años de las grandes peste históricas y porque hoy no se ven tan claramente perdidos en una multitud inmensa. Pero como ha dicho acusatoriamente una veterana periodista progre, de que la Iglesia de ser «invisible» ante la crisis del coronavirus. Esto escribía Rosa Montero escribía en Twitter: “Yo no veo que la Iglesia esté haciendo nada solidario en estos momentos tremendos. Aportad edificios, dinero, apoyo, algo, por favor. Sois el colectivo más invisible en esta crisis”.

Aunque hay un eclipsamiento social de los cristianos y la Iglesia que contrasta con el protagonismo de otras época, en que encabezó la lucha contra pestes y plagas, no es cierto que esté “desaparecida”, “invisible” en estos momentos cruciales.

La Iglesia en la pandemia sostenida por Rosa Montero se la ha dado un sacerdote bloguero, Jorge López Teulón, con solo “diez minutos de Google”: pincha aquí para leer (y ver) esa respuesta.

Podríamos hablar mucho de casos, trabajos y esfuerzos que no se mencionan y están pasando desapercibidos ante los grandes colectivos profesionales que heroicamente están en primera línea: sanitarios, fuerzas del orden, etc., que opacan la labor de otras personas que voluntariamente e “invisiblemente” ponen su esfuerzo sin nada a cambio: ahí está Cáritas y otros cristianos que individualmente hacen lo que puede por sus vecinos más necesitados; más los que anónimamente, aportan dinero o medios (ropa, alimentos, etc.). Estas personas no se hacen ver tanto, pero están ahí, aportando su grano de arena.

Cabe añadir algo: han caído muchos sacerdotes llevando esperanza y consuelo, entre ellos heroicos capellanes de hospitales. Pero no ocupan los primeros planos de las fotos ni de las páginas de los periódicos; en cambio, no era así cuando otros pocos cometieron alguna vileza como la pederastia. En fin, pero que se tenga presente que aquellos laicos hedores de las batas y demás, también muchos son católicos o que han bebido de esa fuentes a la hora de su educación. El valor del servicio, la humanidad, la solidaridad son asignaturas que se aprenden de niño.

En cambio, y es de agradecer, ver  los que sí reconocen y aprecian la labor de los miembros de la Iglesia. Entre ellos, está el Alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, agradeció el trabajo de la Iglesia Católica en medio de la pandemia del coronavirus COVID-19, y remitió un mensaje a los sacerdotes de la capital española destacando su “silenciosa y heroica labor”. 

También pueden ver aquí: el reconocimientos de otros Alcaldes de Madrid, algunos socialistas, alaban la «heroica» labor de la Iglesia que «salva vidas».

Aunque la demasía progre de la columnita es totalmente injusta y sectaria productos de una visión ideologizada de la realidad, tampoco estamos del todo de acuerdo con la expresión reciente del presidente de los obispos españoles el cardenal Omella: «La Iglesia está haciendo una labor ingente en esta crisis»; pues se puede hacer más… “en salida”.

Amén de todo esto -que es mucho-, hay algo más importante: La oración, la adoración eucarística en monasterios y capillas, la misas (a las que mucha gente, mucha, asiste a través de televisión, internet, radio, etc.), bendiciones del Santísimo, etc., y sacrificios… De lo que no vemos de forma palpable sus efectos, pero que los hay y más notable que los otros, o incluso estos los son gracias a los rezos de aquellos. Dios es el que puede más y mejor…

Hace unos días, un conductor de ambularía mientras llevaba a mi madre enferma al hospital, hablando del tema de marras, me dijo que había disminuido la demanda de ambulancias…  desde que el papa Francisco hiciera la oración extraordinaria, en la vacía Plaza de San Pedro, el pasado 27 de marzo, con participación de millones de televidentes, para pedir el fin de la pandemia, con bendición del Santísimo urbi et orbe e indulgencia plenaria.

 

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