Indicativos de un Estado hacia el autoritarismo

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Hay cosas que son extremadamente preocupantes, por las formas que se usan y por la osadía y descaro con que se actúa y por la singladura hacia el fin que apunta dirigirse.

Este Estado al que hacemos referencia y que puede ser modelo ejemplar para otros que vendrá después (visto lo visto como están evolucionando los acontecimientos en Occidente -especialmente se ha agravado con la pandemia del coronavirus-), no es sino España.

Estos son algunos de esos indicativos:

  • La policía nacional a las ordenes gubernativas allanen iglesias prohibiendo la celebración del culto amenazando a los cuatro feligreses que asisten, y ya nadie -ningún medio- dice nada; tienen a la gente confinada en sus domicilios, y las fuerzas del orden se pasan en los medios de comunicación constantemente publicitando los casos que se han saltado el confinamiento, a los que han multado o detenido, etc.
  • Otra comportamiento que sobrepasa los límites de un estado de alarma para ir más allá, a uno de excepción, es confiscar empresas, arrebatándoles sus mercancías. Los empresarios, a los que se les ha estigmatizados, no levantan la voz ni formulan ninguna queja forma, de achantados que están ante el Poder del Boletín Oficial.
  • Lo cual parece una estrategia de atemorizar y a la vez de distraer a la población de no pensar en otros detalles de la pandemia (como la multitud de muertos, las condiciones en que mueren, los tanatorios,… los medios insuficientes, las meteduras de pata del gobierno, su responsabilidad y su mejorable gestión).
  • Ahora intentan amordazar a la poca opinión crítica, a base de denuncias de calificar las noticias como bulos o «fake news», y si no, recurriendo a la acusación del delito de odio. Este acongoja un poco y hace que la ya cada vez más menguada prensa independiente acaba autocensurándose. Amén de esto, con todo descaro, el gobierno ha adjudicado una considerable cantidad dinero público a las cadenas televisivas -que tienen incluso superávit económico-.
  • Todo esto en un intento de absolutizar la información para que solo llegue a la población su versión y verdad. En este sentido ha ido la encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), pretendiendo conducir a la opinión pública hacía la aquiescencia y aprobación de esta la versión única, poco más o menos que escuchase, que la oficial o gubernamental. Esto lo hacen con todo descaro, sin el más mínimo rubor o reparo.
  • Este autoritarismo se ve únicamente desafiado por el «imposible control» de internet y las redes sociales. No obstante, ya están en vías de atacar estos últimos reductos de disidencia. Por un lado, con su martilleo mediático, que a veces incluye memes y ejércitos de trolls en redes sociales, proceso de agenda setting – fijación de la agenda- progubernamental y para que ninguna decisión del gobierno se someta a crítica.  Por otro, promover a través de periodistas afectos, haciendo de guardianes, el control de los bulos (según ellos), con empresas dedicadas expresamente a este cometido, para neutralizar dichos bulos (o noticias críticas), bloqueándolos -por su poder de influencia en estos medios- en Twitter y Facebook (WhatsApp).
  • Pronto empezarán con el miedo por el periodo de la declaración de la Renta de todos los años, y no tardando con el IBI de la Iglesia, para que este aún mas callada o por si acaso, o por el natural anticatolicismo del socialcomunismo que acapara más y más poder.

En fin, no les cansamos más.  Esto pone de relieve hacia donde caminan los Estados: un autoritarismo cada vez mayor substrayendo libertades a sociedad civil y arrebatando dignidad  a las personas o ciudadanos.

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