
El Evangelio (Mc 2,18-22) de la liturgia de hoy, 19 de enero, hace referencia al tema del ayuno.
Ante el contraste de los discípulos de Juan Bautista y de los de Jesús, que los primeros realizaban ayunos y estos no, los fariseos siempre dispuestos a inquirir a Jesús sobre cualquier cosa le preguntan ahora sobre su postura ante el ayuno.
Jesús no desprecia el ayuno, como apunta la fiscalización de los fariseos, sino que hay momentos, como el que están viviendo los que le seguían que ente su presencia extraordinaria, que es todo alegría y bienaventuranza, están exentos de hacer penitencia ayunado; la presencia de Dios supone en una dicha, en una fiesta, en un gozo de santa felicidad.
Lectura del santo evangelio según san Marcos 2,18-22
En una ocasión en que los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos ayunaban, algunos de ellos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, y los tuyos no?”
Jesús les contestó: “¿Cómo van a ayunar los invitados a una boda, mientras el esposo está con ellos? Mientras está con ellos el esposo, no pueden ayunar. Pero llegará el día en que el esposo les será quitado y entonces sí ayunarán.
Nadie le pone un parche de tela nueva a un vestido viejo, porque el remiendo encoge y rompe la tela vieja y se hace peor la rotura. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino rompe los odres, se perdería el vino y se echarían a perder los odres. A vino nuevo, odres nuevos”.
Nadie remienda un vestido viejo con un parche de tela nueva, porque el remiendo nuevo encoge, rompe la tela vieja y así se hace luego más grande la rotura. Nadie echa el vino nuevo en odres viejos, porque los odres se rasgan, se tira el vino y se echan a perder los odres. El vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan’’
Jesús no despreció el ayuno en sí. Recordemos los cuarentas días que paso él en desierto (Cf. Mt 4,2). También recordemos aquel momento (Mc 9, 14-29) en que los discípulos de Jesús no pudieron expulsar a un espíritu inmundo: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?», y Jesús les dijo: «Esta clase de demonios con nada puede ser arrojada sino con la oración y el ayuno».
En sentido contrario, está la gente de mundo, que se opone al ayuno porque no lo ve sentido y porque el ayuno supone una crítica al talante mundano de inmoderación y gula desmedida, de dar gusto y placer a la materia que somos.
El ayuno mientras estemos en medio de estas coordenadas de nuestra existencia, sometidos a la hechura terrenal, tenemos que vivir en alguna manera en la perspectiva de la moderación y de la práctica del ayuno. Aún no estamos en la plenitud del Reino de los cielos, del banquete eterno; sino sometidos a las pulsiones de la materia atractiva, para las que necesitamos la gracia de la virtud de la templanza que proporciona el necesario desapego.
Además, el ayunar hay que estimarlo por su valor purgativo y penitencial; por su vinculación con la oración, a la que potencia; por su elevación espiritual, liberación y dominio sobre el cuerpo que trata de imponer su gusto o capricho —apetitos sensuales— sobre la voluntad de la persona; por su identificación con los que ayunan obligatoriamente (los que pasan hambre), hacia los que trasciende poniéndose su lugar; por su vinculación con la limosna, en la medida que el ahorro del ayuno ha de comportar una ayuda al prójimo necesitado.
Les invitamos a leer el artículo «El ayuno, su importancia y grandeza«.
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Palabras del papa Benedicto XVI
(Ángelus, 26 de febrero de 2006)
El evangelio de san Marcos, que constituye el hilo conductor de las celebraciones dominicales de este Año litúrgico, ofrece un itinerario catecumenal, que lleva al discípulo a reconocer en Jesús al Hijo de Dios. Por una feliz coincidencia, el pasaje de hoy aborda el tema del ayuno: como sabéis, el próximo miércoles, con el rito de la imposición de la ceniza y el ayuno penitencial, comenzará el tiempo de Cuaresma.
Por tanto, la página evangélica resulta particularmente adecuada, pues narra que, mientras Jesús se encontraba a la mesa en casa de Leví, el publicano, los fariseos y los seguidores de Juan Bautista le preguntaron por qué sus discípulos no ayunaban como ellos. Jesús les respondió que los invitados a la boda no pueden ayunar mientras el novio está con ellos; ya ayunarán cuando se lleven al novio (cf. Mc 2, 18-20). Al decir esto, Cristo revela su identidad de Mesías, Novio de Israel, que vino para la boda con su pueblo. Los que lo reconocen y lo acogen con fe están de fiesta. Pero deberá ser rechazado y asesinado precisamente por los suyos: en aquel momento, durante su pasión y muerte, llegará la hora del luto y del ayuno.
Como decía, el episodio evangélico anticipa el significado de la Cuaresma, la cual, en su conjunto, constituye un gran memorial de la pasión del Señor, en preparación para la Pascua de Resurrección. Durante este período no se canta el Aleluya, y se nos invita a practicar formas oportunas de renuncia penitencial. El tiempo de Cuaresma no se afronta con un espíritu «viejo», como si fuese un quehacer pesado y fastidioso, sino con el espíritu nuevo de quien ha encontrado en Jesús y en su misterio pascual el sentido de la vida, y comprende que ahora todo debe referirse a él.
Esta era la actitud del apóstol san Pablo, quien afirmaba que había renunciado a todo para poder conocer a Cristo, «el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos» (Flp 3, 10-11).
Que en el itinerario cuaresmal sea nuestra guía y maestra María santísima, quien, cuando Jesús se dirigió decididamente a Jerusalén para sufrir allí la Pasión, lo siguió con fe total. Como «odre nuevo», recibió el «vino nuevo» llevado por el Hijo a la boda mesiánica (cf. Mc 2, 22). Así, la gracia que ella misma, con instinto de Madre, había pedido para los esposos de Caná, la recibió antes que nadie al pie de la cruz, derramada del Corazón traspasado del Hijo, encarnación del amor de Dios a la humanidad (cf. Deus caritas est, 13-15).
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Catena Aurea
Glosa
Así como antes se impugnaba a los discípulos porque el maestro comía con los pecadores, así ahora se acusa cerca del maestro a los discípulos de que no ayunan, a fin de que resulte materia de disidencia entre ellos. «Siendo también, sigue, los discípulos de Juan y los fariseos muy dados al ayuno».
Teofilacto
Los discípulos de Juan, imperfectos todavía, conservaban las costumbres judías.
San Agustín, de consensu evangelistarum, 2, 27
Se puede pensar que añadió a los fariseos, que juntamente con los discípulos de Juan dijeron al Señor lo que sigue 1, cuando San Mateo afirma que fueron los discípulos de Juan solamente los que lo dijeron; pero estas palabras indican mejor que los unos dijeron esto de los otros: «Vinieron a preguntarle: ¿No nos dirás por qué razón, ayunando los discípulos de Juan», etc. Estas palabras indican que fueron los convidados que allí estaban los que fueron a Jesús y dijeron lo mismo a los discípulos; de suerte que la palabra «vinieron» no se refiere a éstos, respecto de los cuales añade: «Siendo también los discípulos de Juan y los fariseos muy dados al ayuno»; pero porque ayunaban éstos, es por lo que vienen los otros. Por lo cual dice San Mateo: «Y llegaron a El los discípulos de Juan, diciendo», etc. ( Mt 19,14). ¿Por qué sino porque estaban presentes los apóstoles hizo esta objeción cada uno como pudo?
San Crisóstomo
Los discípulos de Juan y los fariseos, llenos de celos contra Cristo, le preguntan si sólo con sus discípulos triunfa de las pasiones sin abstinencia ni trabajo.
Beda
Pero Juan no bebe vino ni cerveza, porque la abstinencia aumenta el mérito de quien no tiene poder ninguno sobre la naturaleza; pero el Señor, que tenía el poder natural de perdonar los pecados, ¿por qué había de obligar a aquéllos a quienes podía hacer más puros que los mismos abstinentes? Mas el mismo Cristo ayunaba por no faltar al precepto y comía con los pecadores, para que contempláramos su gracia y conociésemos su poder.
«Respondióles Jesús: ¿Cómo es posible que los hijos de las bodas ayunen?», etc.
San Agustín, de consensu evangelistarum, 2, 27
San Marcos llama hijos de las bodas a los que San Mateo llama hijos del esposo (cap. 9), pues debemos entender por hijos de las bodas no sólo a los del esposo sino también a los de la esposa.
Pseudo Crisóstomo Vict. Ant. e Cat in Marc
El se llama esposo a sí mismo, como que había de desposarse con la Iglesia. El desposorio es la entrega de las arras, esto es, de la gracia del Espíritu Santo, por la cual ha creído el mundo entero.
Teofilacto
También se llama esposo no sólo porque se desposa con las almas vírgenes, sino porque el tiempo de su primera venida no es de dolor ni de tristeza para los que creen en El, ni tampoco de trabajo, sino de descanso. Nos concede, pues, sin formalidades legales el descanso por el bautismo, por el cual conseguimos fácilmente la salvación. Los hijos, pues, de las bodas, o del esposo, son los apóstoles, porque son dignos, por la gracia de Dios, de todo bien celeste y de participar de toda felicidad.
Pseudo Crisóstomo Vict. Ant. e Cat in Marc
Dice que toda angustia será ajena a su vida cuando añade: «Mientras que tienen consigo al esposo», etc. Está triste el que no tiene el bien presente, porque el que lo tiene se alegra lejos de entristecerse. Pero para combatir su arrogancia y manifestar que no guardaba a sus discípulos para la blandura, añade: «Tiempo vendrá en que les quitarán el esposo», etc., que es como si dijera: Vendrá tiempo en que demostrarán que son hombres. Cuando se les quite el esposo, ayunarán esperando su venida, a fin de unirse a El con sus espíritus purificados por angustias corporales. Manifiesta también que no hay necesidad de que sus discípulos ayunen, puesto que tienen consigo al esposo de la naturaleza humana, que preside en todas partes en nombre de Dios, y da a todo la semilla de la vida. Se digna también dispensar del ayuno a los hijos del esposo, porque son niños, y no pueden conformarse en todo al padre y al esposo, que tienen en consideración su infancia. Pero cuando desaparezca el esposo, y lleguen a edad cumplida, ayunarán según su deseo, y se unirán nupcialmente al esposo, sentándose con El por siempre a un banquete real.
Teofilacto
Se ha de comprender que todo hombre que obra el bien es hijo del esposo, y lo tiene consigo -es decir, a Cristo- y no ayuna, no haciendo obra de penitencia, porque no peca. Pero cuando el esposo se retira, cayendo el hombre en el pecado, ayuna y se arrepiente para curarse de su delito.
Beda
En sentido místico se puede decir que los discípulos de Juan y los fariseos ayunan porque todo el que se gloría de las obras de la ley sin fe, y sigue las tradiciones de los hombres, y oye los oráculos de Cristo sin fe en el corazón, privándose de los bienes espirituales, languidece por el ayuno de su corazón; en tanto que el que se une a Cristo fielmente no queda en ayunas, porque se alimenta de su propia carne y de su sangre.
«Nadie -prosigue- pone un remiendo de paño nuevo o recio «, etc.
Pseudo Crisóstomo Vict. Ant. e Cat in Marc
Es como si dijera: No es posible sujetarlos a las leyes antiguas porque son predicadores del nuevo Testamento. Vosotros observáis con razón las costumbres antiguas, guardando el ayuno mosaico. Pero no es necesario que los que han de transmitir a los hombres nuevas y admirables observancias se sometan a las antiguas, sino que sean virtuosos en el espíritu. Sin embargo vendrá un tiempo en que observarán el ayuno junto con las demás virtudes; pero este ayuno difiere del de la ley. Porque éste era por necesidad y aquél será por voluntad, a causa del fervor del espíritu del cual aun no son capaces. «Tampoco, prosigue, echa nadie vino nuevo en vasijas viejas», etc.
Beda
Compara a los discípulos con los odres viejos, que estallan más fácilmente con el vino nuevo, esto es, los preceptos espirituales. Serán, pues, odres nuevos, cuando después de la ascensión del Señor sean renovados por el Espíritu de consolación. Entonces se pondrá el vino nuevo en cueros nuevos, esto es, el fervor del Espíritu Santo llenará los corazones que sean espirituales. El que ha de enseñar, pues, ha de cuidar de no confiar los secretos de los nuevos misterios a los que perseveran en su antigua condición pecaminosa.
Teofilacto
O de otro modo: los discípulos son comparados a los vestidos viejos por la debilidad de su espíritu, por lo que no era conveniente imponerles el pesado precepto del ayuno.
Beda
Esta es una parte de la doctrina que concierne a la templanza de la vida nueva, la cual enseña como ayuno general la privación de todos los goces temporales que causan alegría profana. Porque si esto se hace, se quebranta la doctrina, y no conviene a la vejez. Con el vestido nuevo se representan las buenas obras exteriores, y con el vino nuevo el fervor de la fe, de la esperanza y de la caridad, que nos reforman interiormente.
Notas
- Se refiere a la frase del pasaje tratado que dice en su sentido completo: «¿No nos dirás por qué razón, ayunando los discípulos de Juan y los fariseos, no ayunan tus discípulos?» ( Mc 2,18)
