- Quien embrida la boca tiene medio cielo ganado: en el cielo no gustan los lenguaraces, criticones, murmuradores, difamadores…
- Dios ama sin pedir nada a cabio, o tan solo una cosa –que le alegra sobremanera-: que le dejemos amarnos. Luego ese amor experimentado comporta grata consecuencia: la de sobrepujar a amar. Pero lo primario y fundamental es descubrirnos amados.
- El cristianismo comporta una dignidad trascendente, «sagrada», intocable, que no es susceptible de manipulación ni vulneración, de enajenación ni limitación de la libertad, de ninguneo o invasión de su espacio vital, etc. Sobre esta grandeza superior a cuando hay en este mundo se puede edificar proyecto humano elevado sin temor a que pueda ser relativo, inestable, e incluso pasajero según los límites del espacio-tiempo.
- León XIV: «Cada vez que realizamos un acto de fe la gracia de Jesús sale de él». Dijo esto tan bello, serio e importante, al comentar el milagro de la mujer que padecía flujo de sangre (Mc, 5,25.ss) que tan sólo tocó a Jesús entre la gente que le apretujaba. La fe, la confianza, la necesidad de la Divina Misericordia, posibilita que la gracia de Dios que está siempre dispuesto a donar se libere y alcance al ser humano que se abre en disposición de acogerla.
- Una de las cosas más tremendas de la Pasión de Jesús es la soledad, el abandono de tanta gente que le había buscado, seguido, que le había escuchado con admiración, beneficiado de sus curaciones y milagros. Una multitud a la que hizo tanto bien, a la hora de la verdad, en el pretorio cuando Pilato planteó la liberación de Jesús o de Barrabás, le volvió la espalda y clamaron: «¡Crucifícalo, crucifícalo!
- La gracia es el don, el don por excelencia. La gracia divina no es sino el Reino de Dios, o reinado, su presencia en nosotros, su fuerza operando, un dinamismo de santidad y amor.
- Hay un dicho o refrán que dice: “no pidas peras al almo”. El ser humano actúa humanamente, produciendo actos hominis. La frase latina «operari sequitur esse» se traduce como «el obrar sigue al ser». De modo que la forma en que algo actúa o se comporta (operari) viene determinada por su esencia o naturaleza (esse). La naturaleza puede corromperse, y una naturaleza desvirtuada, echada perder, da como resultado actos pecaminosos.
- La fe es racional. Aunque sea una virtud teologal no por eso deja tener el componente lógico, también humano. La irracionalidad no la es propia en cuanto hace referencia al Logos divino y en cuanto su semejanza, el ser racional humano. La fe madura se sostiene en conocimientos de sentido común, al igual que la moral o exigencia de responsabilidad que de ella se deriva, cuyo contenido está comprendido en la ley natural, a la que el ser humano accede a través de la razón o sentido común.
- Hay una “demencia” moral en la persona occidental de nuestros días, que va a deparar trágicas consecuencias. Cristo es el mástil al que nos tenemos que afianzar para no ser absorbidos por esos cánticos de sirena del espíritu del tiempo, que tratan de con sus tentaciones precipitarnos contra los acantilados. Las cuerdas con que asirnos al mástil es la fidelidad y la confianza absoluta en el don de su gracia
- Creer no sucede en el vacío, en el desconocimiento, no; no creemos lo que ignoramos sino que creemos porque sabemos, aunque no lo hayamos visto;, pero tenemos noticias de ello. Al modo que sucede en el amor, que nadie ama lo que desconoce igualmente sucede en la fe; la creencia y el amor se apoyan en lo conocido por transmisión, por trato, por comunicación… De modo que según esto, se puede creer en Dios y amarle, porque le conocemos. Y de ahí la imprescindible necesidad de la evangelización.

