![]() Ivan se marchó de su país natal hasta Alemania con 18 años. Tenía ansias de libertad pero no sabía qué era eso de verdad. Y terminó traficando y drogándose. «Dormía en los mejores hoteles, cambiaba de coches y de chicas cuando quería», confiesa. Hasta que llegó a una casa en Medjugorje donde se curó y aceptó la llamada al sacerdocio.
Ivan Filipovic fue el amo del narcotráfico en Frankfurt. Durante unos siete años no había garito que no controlara, negocio del que no supiera y marco que se escapara de su control. Hoy, a sus cuarenta años, es sacerdote católico. Su asombrosa historia se puede leer de forma extensa en el libro «Medjugorje» (LibrosLibres). Este es un pequeño extracto. – Padre Ivan, ¿puede contarnos algo de su vida? – ¿Qué le esperaba en Alemania? – ¿Cómo? – ¿Cuando se empezó a drogar? – Hábleme de su ruina. – ¿Hábleme de su familia? – ¿Cuándo la conoció? – ¿Qué ocurrió en aquella catequesis? – ¿Quedaron realmente sanadas todas las heridas de su vida pasada? Yo creo que ahí está la fragilidad de un adicto. Nosotros tenemos memorizado cómo huir de los problemas, cómo huir de la cruz hacia un mundo ilusorio. Tenemos memorizado el flash de la cocaína, tenemos memorizado lo que significa tener sexo libre con una mujer… todo eso está en nosotros y esa es la fragilidad de un adicto. Y a pesar de todas mis experiencias espirituales, esa fragilidad sigue existiendo. Por eso le digo que el adicto nunca puede actuar como un hombre «normal». Cada hombre necesita de Dios. El hombre sin Dios, con el tiempo ya no es hombre, es un animal. Y el adicto necesita más de Dios que los demás. Por ello, Dios, respondió a las necesidades del hombre con una comunidad como ésta. A través de esta comunidad, Dios ha descendido para acoger a los últimos, y únicamente Él es capaz de ello, de pasar por nuestro pasado y convertir la tiniebla en luz, la desesperanza en esperanza, la tristeza en alegría. A través de oración me reconcilié con mi pasado. Hoy, cuando reflexiono los sucesos de mi pasado, tengo paz. Ya no hay más agitación, ya no hay impulsos negativos, no hay incomodidad, no hay vergüenza, ya no existen esos impulsos grandes y fuertes. Solo hay paz, porque Dios ha atravesado todo ello a través del sacramento de la Confesión. Me ha reconciliado con mi pasado, ha convertido la oscuridad en la luz. Hoy mi pasado es una riqueza de donde saco la sabiduría para ayudar a las personas que están en el camino. – ¿Entonces cobra sentido la cruz de Cristo? – ¿Cuando se ordenó sacerdote? – ¿Cómo sucede el cambio del drogadicto al sacerdote? – Usted, en todos estos años, ha conocido bien Medjugorje. ¿Qué nos puede decir de todo aquello? – ¿Por qué?
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=5116 |
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