Cada árbol se conoce por su fruto. Traducir en obras la voluntad de Dios

El evangelio de la liturgia de la misa de hoy, 13 de septiembre, es según san Lucas (6,43-49). Todo él es muy interesante: en su primera parte nos habla de los frutos que hemos de da; y en la segunda hace referencia al algo que hace referencia a lo que nos puede pasar actualmente:


En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto; porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca. ¿Por qué me llamáis «Señor, Señor» y no hacéis lo que digo? El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó desplomándose.»

Por los frutos se conoce al árbolcada árbol se conoce por su fruto—;  así ha de conocernos el mundo a los cristianos por las obras. Los frutos, pues, se constituyen en criterio de verdad —El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal—. Los frutos son los que son, como los hechos, así dice el refrán «obras son amores y no buenas razones»; se puede teorizar, decir, prometer…, pero lo que hacemos nos delata, y así dice Jesús: ¿Por qué me llamáis «Señor, Señor» y no hacéis lo que digo?. Lo cual sería una farsa, de la que más pronto que tarde quedaríamos al descubierto, por los mismos frutos.

Así dice Jesús: El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, se parece a uno que edificaba una casa sobre roca… Los cimientos de nuestra fe asentados sobre las palabras de Jesús, en las que confía, se aferra, por mucho que pueda suceder, como hoy día está acaeciendo en nuestro mudo laicista y refractario a la Verdad; de modo que vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida.

…..o……

Garantizar los buenos frutos

Para producir buenos frutos, un árbol debe crecer sano. Para crecer sano, el árbol necesita un buen abono, agua óptima y luz solar. Así, la producción de buenos frutos depende de la alimentación constante que se le proporcione al árbol. Lo mismo ocurre con el Espíritu. ¿Qué garantiza que nuestras almas estén bien regadas y abonadas? Una vida de sacramentos por la que nos alimentamos regularmente de la gracia de Cristo. Esto es lo que Pablo pide retóricamente, refiriéndose a nuestra participación eucarística: «El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es una comunión con la sangre de Cristo?». Al permanecer en comunión con Cristo, como el sarmiento está unido en comunión con la vid, nos nutrimos de su Espíritu y producimos los frutos del Espíritu (cf. Ga 5,22-23). Sin él, no podemos hacer nada (cf. Jn 5,5). (Paulson Veliyannoor, CMF. Ciudad Redonda)

 …oo0oo…

Catena Aurea

Beda

El Señor prosigue hablando contra el hipócrita de este modo: «Porque no es buen árbol el que produce malos frutos», etc. Como diciendo: Si quieres obtener la verdadera virtud y no la falsa, que ostentas por medio de tus palabras, dalo a conocer también por medio de tus obras; porque si el hipócrita quiere aparecer como bueno, no puede considerarse como bueno el que obra mal; del mismo modo que si reprende al inocente, no por eso es malo el que hace buenas obras.
 

Tito Bostrense

Oyendo esto, no esperes obtener premio por tu pereza; el árbol se mueve naturalmente, pero tú gozas de libre albedrío; todo árbol estéril está destinado para algo, y tú has nacido para practicar la virtud.
 

Isidoro, Abad

No excluye, pues, la penitencia, sino la insistencia en obrar mal; y como es mala, no puede producir buenos frutos; pero convertida a la virtud, fructificará. Lo que en el árbol es naturaleza, en nosotros es pasión. Y así, aunque el árbol malo no puede producir buen fruto, sin embargo podrá hacerlo en el futuro.
 

Crisóstomo, hom. 43, in Matth

Aunque el fruto nazca del árbol, sin embargo, la especie del árbol se conoce por su fruto; por lo que sigue: «Cada árbol es conocido por su fruto».
 

San Cirilo

Se conoce a cada uno por su vida y sus costumbres; pues no con adornos exteriores y fingidas humildades es como se da a conocer la honestidad de la verdadera virtud, sino por medio de las obras que cada uno practica. Poniendo el Salvador un ejemplo sobre esto, dice: «Porque no se cogen higos de espinos».
 

San Ambrosio

Entre los espinos de este mundo no puede encontrarse aquella higuera que, por lo mismo que es mejor en sus segundos frutos, es una imagen de la resurrección; o porque, como se lee: «Las higueras dieron sus primeros frutos» ( Cant 2,13), su fruto no era ni maduro, ni sano, ni útil en la Sinagoga; o porque nuestra vida no madura en el cuerpo, sino en la resurrección; y que así debemos alejar de nosotros las solicitudes terrenas, que desgarran el alma y consumen el espíritu, a fin de obtener frutos maduros con nuestros cuidados diligentes. Esto se refiere al mundo y a la resurrección. Al alma y al cuerpo se refiere lo otro, cuando añade: «Ni vendimian uvas de las zarzas». O porque ninguno puede adquirir con pecado el fruto de su alma, la cual se corrompe próxima a la tierra, como la uva, y madura en las alturas; o porque ninguno puede evitar la condenación de la carne, sino únicamente aquel a quien Jesucristo ha redimido, quien, como uva, pendió del madero de la cruz.
 

Beda

O acaso las espinas y la zarza son los cuidados del siglo y las picaduras de los vicios; mientras que el higo y la uva representan la dulzura de la nueva vida y el fervor de la caridad. No salen los higos de los espinos ni se coge la uva de la zarza; porque la inteligencia del hombre viejo, obligada por la costumbre, podrá afectar lo que no es, pero no podrá producir el fruto del hombre nuevo. Sépase, sin embargo, que así como el fértil sarmiento se apoya y enlaza en las zarzas, de suerte que la espina conserva para el uso del hombre un fruto que no es suyo, así los dichos y las acciones de los malos pueden alguna vez aprovechar a los buenos, lo cual no sucede por la voluntad de los malos, sino que se hace de ellos por disposición de Dios.
 

San Cirilo

Después que nos ha enseñado que por las obras se puede distinguir al hombre bueno del malo, como el árbol se conoce por sus frutos, ahora nos da a conocer esto mismo por medio de otra figura, diciendo: «El hombre bueno del buen tesoro de su corazón saca bien; y el hombre malo del mal tesoro saca mal».
 

Beda

Lo mismo es el tesoro del corazón que la raíz del árbol. Todo aquel que en su corazón tiene el tesoro de la paciencia y del amor perfecto, produciendo sus óptimos frutos, ama a su enemigo y hace todo lo que el Señor manda, por el contrario el que mantiene un tesoro inútil en su corazón, obra perniciosamente.
 

San Basilio

El estilo de la palabra da a conocer el corazón de quien procede, manifestando claramente la disposición de nuestros sentimientos; por lo que sigue: «Porque de la abundancia del corazón habla la boca».
 

Crisóstomo in Mat. hom. 43

Es una consecuencia natural que cuando la malicia vive en nuestro interior, las palabras inoportunas salgan por nuestra boca; por lo que, cuando oigas a alguna persona que profiere palabras poco honestas, no creas que se oculta en él menos malicia, que la que expresa por medio de la palabra; antes bien entiende que la fuente es más caudalosa que el arroyo.
 

Beda

Por la boca el Señor quiso significar todo lo que de palabra, de obra, o de pensamiento, sale de nuestro corazón. Es costumbre de las Sagradas Escrituras expresar con palabras las obras.

Beda

Para que alguno no se crea excluido de lo que ha dicho: «De la abundancia del corazón habla la boca», como si solamente las palabras y no las obras fuesen las que se piden al verdadero cristiano, el Señor añade a continuación: «¿Por qué, pues, me llamáis: Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?». Como diciendo: ¿Por qué os jactáis de producir hojas de buena vida, vosotros que no producís fruto alguno de buenas obras?
 

San Cirilo

Unicamente conviene a la naturaleza divina el nombre y la realidad de la dominación de todas las cosas.
 

San Atanasio

No es, pues, un hombre el que habla así, sino Dios que muestra que procede del Padre, porque aquél sólo es Señor que nace del Señor. No temas dualidad sin embargo, porque en la naturaleza no se distingue.
 

San Cirilo

Cuál sea la utilidad que nos reporta el cumplimiento de la ley, y cuánto sea el perjuicio que pueda venirnos por su desobediencia, lo da a conocer el Señor, cuando dice: «Todo el que viene a mí, y oye mis palabras, y las cumple, os mostraré a quién es semejante: es semejante a un hombre que edifica una casa y la cimentó sobre piedra».
 

Beda

La piedra es Jesucristo. Ahonda en el cimiento el que por medio de los preceptos de la humildad arranca de los corazones de los fieles todo lo que es terrestre, para que no sirvan a Dios por interés temporal.
 

San Basilio, in princ. Proverb

Cimentar sobre piedra quiere decir apoyarse en la fe de Jesucristo, para poder sostenerse firme en los días de la contrariedad, ya venga ésta del cielo, ya de la tierra.
 

Beda

Se entiende también por cimiento de la casa la buena intención en el obrar, porque el que oye con buen fin, firmemente cumple los mandamientos del Señor.
 

San Ambrosio

También nos da a conocer que el fundamento de todas las virtudes se encuentra en la obediencia de la ley divina, la cual hace que la casa que edificamos no se conmueva por el torrente de las pasiones, ni por el desbordamiento del error espiritual, ni por la lluvia mundana, ni por las nebulosas disputas de los herejes. Por lo que prosigue: «Y cuando vino una avenida de aguas», etc.
 

Beda

La inundación puede verificarse de tres modos: o por medio de los espíritus inmundos, o por medio de los hombres impíos, o por medio de la inquietud del alma o del cuerpo. Y cuando los hombres confían en sus propias fuerzas, sucumben; mas cuando se adhieren a la piedra firmísima no pueden ser arrollados.
 

Crisóstomo in Mat. hom. 25

Demuestra también el Señor que la fe por sí sola para nada sirve si no la acompañan las obras. Por lo que sigue: «Mas el que oye y no hace es semejante a un hombre que fabrica su casa sobre tierra, sin cimiento», etc.
 

Beda

La casa del diablo es todo el mundo que vive y obra el mal, la cual edifica sobre tierra, porque retrae del cielo a la tierra a los que le siguen. Edifica sin cimiento porque el pecado no tiene fundamento puesto, pues no subsiste por sí mismo; el mal no tiene razón de ser, todo lo que se hace estriba en la naturaleza del bien. Además, como la palabra fundamento viene de fondo, podemos tomarle también en el sentido de esta palabra, pues del mismo modo que el que cae en un pozo se detiene en su fondo, así el alma que cae se detiene también como en un fondo, si se detiene en alguna medida de pecado; pero como no puede contentarse con el pecado en que cae, puesto que cada día es peor, no encuentra -por decirlo así- fondo que la detenga en el pozo en que ha caído. Así los malos y los que no son buenos más que en apariencia, resultan peores después de cada tentación que los asalta, hasta que caigan en la pena eterna. De donde prosigue: «Y contra la cual dio impetuosamente la corriente», etc. También puede entenderse por ímpetu del río el discernimiento del juicio final, cuando, destruidas ambas casas, irán los impíos al fuego eterno y los justos a la vida eterna ( Mt 25).
 

San Cirilo

O edifican sobre tierra sin cimiento todos aquellos que fijan el cimiento de su fe sobre la arena de la duda que sólo tiene por base la opinión- para destruir la cual bastan pequeñas chispas de tentaciones.
 

San Agustín, de cons. evang. 2,14

San Lucas y San Mateo empezaron del mismo modo este largo discurso del Señor, pues uno y otro dicen: «Bienaventurados los pobres». Además, muchas cosas que siguen en el Evangelio de uno y otro se parecen en mucho; y hasta la conclusión final del sermón viene a ser exactamente la misma, a saber: el hombre que edifica sobre piedra o sobre arena. Podría creerse fácilmente que San Lucas puso aquí el mismo sermón del Señor, omitiendo algunas sentencias que San Mateo puso, y poniendo otras que San Mateo no dijo, si no moviese a dudar el hecho de que San Mateo dice que Jesús predicó un sermón, sentado en el monte, y San Lucas que le predicó en un lugar campestre y de pie. Es, sin embargo probable que estos discursos no se separan con larga distancia de tiempo, por la razón de que los dos refieren antes y después muchas cosas parecidas o idénticas. Pudo suceder que primeramente estuviese solo el Señor con sus discípulos en la parte más alta del monte, cuando eligió a doce de entre los que le oían, y después bajase con ellos del monte -esto es, de la misma cumbre del monte- a un lugar campestre, esto es, algún llano que había en la ladera del monte y que podía contener muchas turbas; y que allí estuvo de pie hasta que las turbas se reunieron en torno de El, y que después, habiéndose sentado y aproximándose sus discípulos a ellos y a las demás turbas presentes, predicase un solo sermón.

ACTUALIDAD CATÓLICA