Dios dormía en el suelo

Monte de los Olivos o Getsemaní, actualmente

Llama poderosísimamente la atención -aunque paradójicamente pase inadvertido- que era cosa habitual el que Jesús, el Hijo de Dios, durmiera no en una cama o camastro, más o menos confortablemente, sino en el duro suelo. Narran los evangelios que Jesús y sus discípulos pasaban, regularmente, la noche en el monte de los Olivos; así lo indican los Evangelios tras la Última Cena: Salió y, como de costumbre, fue al monte de los Olivos, y los discípulos le siguieron ( Lc 22,39)

Quizá no se ha reparado lo suficiente o tomado conciencia, pero nuestro Dios, el creador y dueño de todo, no poseía nada. En su paso por la tierra, vivió desprendido de todo, a merced de la Providencia. Dios se abajo asumiendo la condición humana, y se asemejó a los que se encontraban en el nivel más pobre, humilde y pequeño.

Eso de que el Hijo de Dios no tiene donde reclinar la cabeza, no era poesía, teoría, postureo, etc., era real; Jesús fue pobre. Dios asumió la pobreza, como parte de su ser entre nosotros: siendo rico, se despojó…: Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango (Fil 2,6-7a).

Ya desde su entrada en la Tierra, recién nacido, tuvo como lugar de acogida en humildísimo pesebre (Lc 2,7) de un establo, donde fue recostado a modo de cuna.

A la hora de ofrecer el sacrificio de purificación prescrito por la Ley (Lv 12,1-4), o más propiamente presentación Jesús, María ofreció como expiación el sacrificio de los pobres, un par de tórtolas o dos pichones (Lc 2,24). De modo que la familia de Jesús se contaba entre los pobres de Israel.

Estas cuatro líneas son solo un botón de muestra de la vida de pobreza de Jesús, pero hay una infinidad de relatos que confirman sin la menor lugar a duda, que Dios eligió esa condición como algo fundamental de su personalidad. Lo cual nos afecta y compromete a todos los que pretendemos ser sus seguidores.

En ese asemejarse a Él, que es  a lo que estamos llamados: Aprended de mí que soy.. A tener sus mismo sentimientos… A que sea Él quien vive en nosotros…  Son muchos, santos, que han seguido ese estilo de vida, y han abrazado la pobreza como tesoro. Muchos santos han tenido como lecho el duro duelo; la historia está llena de ejemplos. Algunos ni tan siquiera eso, como san Pedro Alcántara que dormía sentado,  santos se pasaban noches enteras en oración, postrados al pie el Santísimo; san Juan Pablo II, rodeado de tantos oropeles vaticanos, se bajaba de la cama para dormir en el suelo. 

Conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza (2 Cor 8,9).

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