
Este era un tiempo pretérito, remoto, oscuro de la Historia, y/o un lugar apartado del Mundo, donde opinar estaba prohibido; decir según qué cosas podría acarrear graves consecuencias…
No, no, esto no sucede en tiempo «prehistórico», superados, ya inexistentes, no; esto está ocurriendo hoy, y aquí, en «todo el mundo» —pues todo se está globalizando, sin escapatoria a la impronta personal—.
Opinar, decir lo que uno buenamente piensa está prohibido; es decir: según lo que se opine puede cometerse en un delito, un «delito de opinión», al que le aplican una ley de odio o algo parecido (de lo no políticamente correcto) —tácita o implícitamente—, al criterio del que tiene el poder (de hacerlo). No se trata de expresiones ofensivas, blasfemas, racistas, calumniosas, etc., no; se trata simplemente de expresar la idea u opinión de lo que uno piensa, tiene por verdad o real, sin más pretensión, sin tratar de imponérsela a nadie, libremente.
Definitivamente, esto de opinar, sea verdad o no, está prohibido hacerlo; pues te amenazan, acosan, persiguen, boicotean, denuncian, censuran, cancelan…
Esto dice Wikipedia referente a la cultura de la cancelación: retirar el apoyo, ya sea moral, como financiero, digital e incluso social, a aquellas personas u organizaciones que se consideran inadmisibles, ello como consecuencia de determinados comentarios o acciones, independiente de la veracidad o falsedad de estos, o porque esas personas o instituciones transgreden ciertas expectativas que sobre ellas había.
Estos son los tiempos actuales, no lo remotos y de no se qué perdido lugar, no. Un poco más abajo añade Wikipedia: «El término cancel culture o cancelling comenzó a utilizarse en 2015, ganando mayor popularidad a partir de 2018.» ¡Oh, sorpresa, es el tiempo de esta presente generación progre…!
Progresando, progresando… a esto hemos llegado: a consentir la aberración como algo consustancial a la razón moral humana.
Ah, y esto del progresismo del que el mundo ya está enfermo, cual si de una epidemia se tratara, no ha dicho su última palabra; nos va a dar ¡muchas sorpresas!, y no muy agradables. Bueno, ya nos las está dando; esto de la libertad de expresión tan solo es un botón demuestra, pero la cosa es generalizada a muchos aspectos de la vida, aunque aún no seamos plenamente conscientes de ello.
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