Cristianos perseguidos: 340 millones y más

Esto dijo Jesús para sus seguidores:

         “El que pierda su vida por mi causa la salvará” (Lc 9,24).

         “Si esto hacen al leño verde, ¿qué será al seco?”  (Lc 23,31).

Y esto escribió san Pablo, dirigido a esos mismos seguidores:

         “En verdad, que quienes quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús habrán de sufrir persecución” (2 Tim 3,12).

Estas palabras, rotundas como sentencias, que no han dejado de cumplirse a lo largo del tiempo, recobran hoy día, en nuestro tiempo una especial relevancia, por dos razones: la magnitud del odio y acoso contra todo lo cristiano y el hecho de que esto suceda en tiempos que se suponía de una madurez de la humanidad, por el nivel cultural y el desarrollo y la organización democrática de las sociedades.

Recientemente el portal Puertasabiertas.org ha publicado, como hace anualmente, la Lista Mundial de la Persecución de los países donde los cristianos más sufren debido a su fe. A la que pueden acceder y descargar pinchado AQUÍ y AQUÍ.

Hay un hecho para aumentar la preocupación: el informe revela que la persecución va en aumento. Esos 340 millones de cristianos que sufrieron trato desigual y persecución en 2020 suponen 20 millones más que en 2019.

La persecución no se limita a la dimensión visible de la violencia física y coactiva en sus diferentes formas, como ocurre en bastantes países y regiones del mundo, sino que también alcanza a otro tipo de persecución más sutil o inaparentemente, o esporádica y puntual, como ocurre generalmente en Occidente y en cualquier otra parte del mundo. Es decir, que la persecución cristiana no se limita a esos 340 millones, sino que puede, de alguna manera u otra, a los 2.500 millones de cristianos.

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