A menos religión, peor sociedad

En España —que es lo que nos toca más cerca—, según las estadísticas, aumenta la corrupción, la violencia, los delitos, la exacerbación sexual, la inmoralidad, la insolidaridad y la mala educación. Y también aumenta la apostasía religiosa. Se puede trazar dos líneas que marchan al unísono, en paralelo, avanzan el empeoramiento de la calidad social y la práctica religiosa. Estas dos realidades son un hecho incontestable, y lo es también su mutua incidencia.

Pero este retroceso social y religioso no es sólo español, lo es de todo Occidente. Un dato: En Inglaterra el número de gente joven que se declara sin ninguna religión supera al que sí pertenece a alguna confesión; y por otra parte, se dan datos como este: La guerra de bandas que atemoriza Reino Unido: retos virales, coches robados y violencia. Otro ejemplo de sociedad decadente es Holanda, que muy pronto será un país totalmente ateo, y sin embargo, hay que ver sus tasas de abortos, de eutanasias, de consumo de drogas, de desestructuración familiar…

En Europa, en general, la decadencia en todos los sentidos está servida. La invasión ideológica wokista o modernismo progre o comunismo mezclado de masonería, que es disolvente, campea junto con el islamismo y la inmigración. y viendo lo que ocurre en Ceuta, España, la gente parece asombrarse: «¡cómo puede suceder esto!».

Las sociedades occidentales —cada vez más enfermas, mental y moralmente— coinciden con el incremento de la increencia y la ausencia de la religión cristiana. Unas sociedades de ausentes de base moral, sin conciencia fundamentada  en la ley natural, han quebrantado el orden natural y valores cristianos; tomando la hegemonía en la actitud vital, configurada por triada de las tres P: poder, poseer y placer.  El orden vital gira en torno a estos tres ejes de la gente de estas.. De modo que el ansia de triunfar, la avería y el hedonismo han configurado un ser humano egoísta y materialista; del que no se puesta esperar respuestas nobles, ética, sacrificadas, de grandeza, de compromiso, de responsabilidad.

Hay un deterioro social, fruto de la irresponsabilidad, de la dejación de los padres, de la falta de sensibilidad en los medios de comunicación, donde la canalla anida, haciendo de la difamación, la calumnia, el chismorreo, la pornografía, la idolatría por el dinero, y el desmadre en general, una forma de mostrarse en público.

En Occidente este estilo mercenario, desvergonzado y materialista de la vida se ha impuesto sin el menor reparo como algo habitual en nuestras sociedades. Esto se tiene por progre; y cualquier comentario crítico al respecto se expone a que le lluevan las críticas y la censura de lo políticamente incorrecto, tachándole de intolerante, cavernícola, fomentador de odio, etc.

En estas sociedades ya no se puede decir qué es lo bueno y qué lo malo, qué está bien y qué mal. Como tampoco se puede hablar de religión. Y así nos está yendo, y cada vez más nos amenzada con algo peor. 

ACTUALIDAD CATÓLICA


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.