La Eucaristía constituye a la Iglesia y es el pilar sobre la que se sostiene ella y todo cuanto existe. La Eucaristía es el tesoro de la Iglesia, que ofrece al mundo como sacramento de salvación. «En la santísima Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, a saber, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan vivo por su carne, que da la vida a los hombres, vivificada y vivificante por el Espíritu Santo». (Concilio Vaticano II)
Una doctrina no es pura si no señala a la Eucaristía, no solamente como «reunión suprema de la comunidad cristiana…», sino como el Cuerpo de Cristo que se come y su Sangre que se bebe. No hay más que hacer que ser saciados por la vida divina a fin de dar fruto. Muy pronto la fracción del pan fue llamada Eucaristía. El término es una transliteración del griego (eukharistia), primero el latín (eucharistia) y consiguientemente al castellano Literalmente significa buena gracia; pero de hecho siempre ha sido entendido en el sentido de acción de gracias (gratiarum actio), agradecimiento. También desde muy antiguo la Eucaristía fue llamada oblación u ofrenda (prósfora en griego, sacrificium en latín) y, de modo emblemático, el sacrificio de los cristianos (sacrificium christianorum). En la Sagrada Eucaristía tiene lugar la excepcional manifestación del amor de Dios hacia los hombres. Hostia Santa es la oblación de Cristo, que se entrega, partiéndose, rompiéndose, dejándose destrozar, entonces, ahora y siempre, por el hombre y por la obra creada por Dios. La presencia real de Cristo en la Eucaristía es cuanto da validez a todo y otorga sentido cuanto existe, lo que hace —que nada perezca y— que el ser humano pueda ser inmortal. La Santa Forma, blanca, inmaculada, es la Luz que brilla en la tinieblas. Estando ella, las tinieblas nada pueden, y el mundo está a salvo. Por eso tanto empeño en atacarla…, o minusvalorarla, poniendo en duda la presencia real de Dios en ella.
Para los que dudan, os brindo este relato auténtico: Emiliano Tardiff, fue misionero canadiense en República Dominicana, muy famoso en la Renovación Carismática, que murió en 1999 y está en proceso de beatificación. “Emiliano Tardiff era un hombre de Dios que hacía maravillas. Una vez le estaba dando un retiro a sacerdotes en Suiza, cuando se aparecieron allá, no sé de qué otro país vecino, con una joven que se presumía estaba poseída por el demonio. Entonces, él se separó de los demás sacerdotes y se puso a hacerle una oración a la joven». «Luego hicieron un experimento. Como era un retiro con sacerdotes, tenían el Santísimo expuesto para la ocasión. Seguido mandaron a buscar la custodia donde se coloca el Santísimo. Cuando le acercaban el Santísimo (a la joven) se retorcía y hacía de todo. Estaba poseída por el demonio. Luego retiraban la custodia y se tranquilizaba», señala el obispo. Pero la historia sigue con una enseñanza sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristía… y la percepción del endemoniado. «No sé si fue idea del padre Tardif o de otro, pero sacaron la hostia consagrada y buscaron otra hostia igual, pero sin consagrar, y se la acercaron a la joven. Igual que con la custodia, esta se quedaba tranquilita. El padre Emiliano decía: nosotros no notamos la presencia de Cristo, pero el demonio sí sabe hacer la diferencia. Cuando le acercaban la hostia consagrada, la muchacha se ponía como una fiera, pero cuando le ponían la otra, sin consagrar, permanecía tranquilita”, concluye el obispo de Baní. |
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