Hoy el Papa invita a un día de ayuno voluntario por la paz. Y quizá sea un día de inflexión en nuestras vidas para pensar en esta virtud más importante y necesaria de lo que la gente cree: la sobriedad.
No se conoce a ningún santo que no haya vivido austeramente. Por lo tanto, cabe afirmar que quien aspire a la santidad (que para los creyentes es de mandato divino: «sed santos como vuestro Padre es santo»), o en general, quien quiera mejorar como persona y ser buena gente, la práctica de esta virtud o estilo de vida es fundamental.
Derrochar o vivir en el exceso o repleto de lujos, caprichos, sin privarse de nada, sin renunciar a nada, no resulta aconsejable. Y nadie que se tome en serio a sí mismo, que se respete, o que tenga a su cargo a quien educar, puede obviar esta realidad.
Amén de lo comentado, hay varios motivos para vivir con este talante tan sano y propicio:
La libertad que ofrece esa capacidad de no estar atado a placeres tan inmediatos, hedonistas, impulsivos, etc.
Ese desapego nos hace más aptos para la renuncia a cualquier miramiento egoísta, y nos abre a ponernos y poner nuestro bienes e incluso nuestros intereses en pro de aquellas personas con las que se convive.
Ante tanta gente como pasa hambre en el mundo (800 millones), o gente que vive o malvive con apenas los imprescindible, incluso a nuestro lado; es de poco escrupuloso y dice poco en favor de una persona de conciencia, sensible, solidaria, y no digamos si es cristiana, el ignorar esa realidad lacera, a la que no se puede dar la espalda y vivir como si no existiera.
Este talante vital hace estar más o menos bien, en el sentido de no pedir demasiado, de no sentir frustración porque no se aspira a tener aquello que no se tiene o es difícil de obtener, como si nos fuera la vida en ello. Y que genera frustración, descontento, envida e infelicidad. Hay que tener una aptitud y educarse y educar a nuestros seres queridos en que no se puede tener todo, siempre y lo mejor.
Lo poco y la simplicidad, el ir ligero de equipaje, hacen más llevadera la vida; la acumulación, general pre-ocupación, desorden, agobia, provoca estrés, perturba la vida y arrebata la paz, y con ello la felicidad.
Bueno, y a parte de estas punto positivos, de carácter espiritual, cabe añadir este otro, que tampoco vienen mal:
Es bueno para el colesterol, la diabetes, la obesidad, la gota,… y para poner freno a infinidad de males que atentan contra la salud física.
Esto es sanísimo (para el alma y el cuerpo).
Ah, y hay gente, y un buen número, que siguiendo los consejos de la Virgen de Medjugorje, practican el ayuno a pan y agua un par de días a la semana, miércoles y jueves.