Un mundo sin solución… O solo Dios lo puede salvar

El ser humano se está quedando sin conciencia, es decir, sin determinación íntima que le vocaciona llama a determinarse por el bien. Y esto es gravísimo; conduce a un mundo des-almado (sin alma). Si al mundo le arrebatamos el alma, es como si le rebatáramos a Dios. El alma es el templo de Dios en la tierra. Decía Calderón de la Barca en El Alcalde de Zalamea: “el alma de sólo de Dios”. Si desterramos el alma, desterramos a quien la habita y pertenece por creación a semejanza suya, y se cumple entonces aquello de “el mundo está bajo el poder del Maligno” (1 Jn 5, 19). Luego no hay tragedia igual.

¿Por qué el mundo va mal? Porque las conciencias andan mal. ¿Por qué la sociedad, la humanidad, anda mal? Porque el hombre anda mal. ¿Por qué anda mal el hombre? Porque no puede ¡vivir sin Cristo!

El mundo ni nada puede existir sin Dios, nada se sostiene sin Él.  El más grave error de la persona y la humanidad es no comprender hasta qué punto necesita de Dios, que en lo que realmente importa no puede subsistir sin Él. Gravísimo error de negar a Dios implica serias e imprevisibles consecuencias.

Se vive en pensar de Jean Paul Sartre existencialista ateo que  dijo: “aun en el caso de que Dios existiera, seguiría todo igual”. El hombre actual en su soberbia desecha a Dios, no ya como si no le necesitara sino incluso como si le molestara, como quién se opone a sus propósitos…

Propósitos que en verdad son despropósitos (aniquilar la naturaleza humana, la dignidad de persona, la grandeza de su alma, su espíritu eterno), conducentes a llevar a humanidad entera al abismo. Llegados a este trance… sin Dios no hay salvación posible. Cristo es el Señor de todo, el alfa y omega, el que sostiene cuanto existe y lo da sentido y salva, pues todo fue creado por, en y para Él.

Pero, pese a todo y gracias a Dios, estamos salvados. Ya le podemos poner causas y rechazarle y tratar de expulsarle del mundo, para ponerlo en manos del Príncipe de las tinieblas; que Dios, en su Hijo, ha comprado el mundo y le pertenece. Esto es definitivo.

Ahora bien, Dios parece retirarse, silenciosamente permanecer como al margen, contemplando el espectáculo, sin hacer ostentación de su poder y sin reclamar su derecho bien ganado con su sangre y reivindicar lo que le pertenece. ¿Por qué de este misterio? Dios, en su día, nos sacará de dudas. Cuando el Cordero abra el séptimo sello (Ap 8,1) de la Historia de la que Cristo es su Señor.

Mientras tanto, si el ser humano no recupera su alma, tomando conciencia de la presencia real y necesaria de Dios en ella, no será feliz, andará errante, perdido y sin destino, y haciendo sufrir… Nada realmente digno y valioso puede suceder fuera de Cristo, quien nos ofrece todo gratuitamente.

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