Dios se saltó un renglón

Hoy, 10 de enero, se lee en la misa el Evangelio según san Lucas (4,14-22a), del que en la segunda parte extraemos la siguiente enseñanza.

El rostro más autentico de Dios: es el del amor misericordioso. Jesús omitió un reglón de las Escrituras, para revelarnos cómo Dios realmente es.

 *****

           Jesús entró en la sinagoga de Nazaret, tomó las Escrituras en texto hebreo y las leyó al arameo para que los presentes la entendieran. El párrafo era del profeta Isaías:

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor . 

Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él.
Y él comenzó a decirles:
«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

            Y todos le expresaban su aprobacióny se admiraban de las palabras de gracia ue salían de su boca (Lc 4,14-22a).

           Pero hete aquí que entre los presentes había un escriba que se sabía las Escrituras al dedillo, y dirigiéndose a Jesús le hizo airadamente una observación:

           —Has omitido una parte del texto sagrado. Concretamente aquel que dice: Pregonar el día de venganza de nuestro Dios (Is 61,2).

           Y Jesús, mansa pero firmemente, le dijo mirándole a los ojos:

          —Verdaderamente conoces las Escrituras; pero ¡oh, qué pena! no conoces a Dios.

*****

 

“Cristo, pues, revela a Dios, que es Padre, que es ‘amor’, como diría San Juan en su primera Carta; revela a Dios ‘rico de misericordia’, como leemos en San Pablo. Esta verdad, más que tema de enseñanza, constituye una realidad que Cristo no ha hecho presente. Hacer presente al Padre en cuanto amor y misericordia es en la conciencia de Cristo mismo la prueba fundamental de su misión de Mesías; lo corroboran las palabras pronunciadas por El primeramente en la sinagoga de Nazaret y más tarde ante sus discípulos y ante los enviados por Juan Bautista” (Juan Pablo II. Enc. Dives in misericordia, n.3).

Yo no juzgo al que oye mis palabras y no las guarda, pues no he venido a juzgar al mundo, sino a salvarlo (Jn 12,47).

Jesucristo es original respecto a los profetas y así el Nuevo Testamento respecto al Antiguo, y es que proclama la salvación; es su apuesta fundamental.

Revela a un Dios que tiene entrañas de misericordia, que es un Padre, un papaíto (Abba), que se desvive por sus hijos, y que por tanto no le corresponde sino, muy al contrario a lo que es el sentir general, de que cuanto nos sucede de malo sea castigo  —venganza– de Dios por nuestros pecados.

Si Cristo eliminó de las Escrituras esa parte como impropia de Dios, del Dios Padre que el nos revelaba, cada vez que leamos en las Escrituras algo así, tendríamos que «saltárnoslo».

Así como Jesucristo lee el Antiguo Testamento así lo tenemos que leer nosotros, con la mirada amorosa y salvadora de Cristo, quien nos revela el rostro más nítido y verdadero de Dios. Quien se aleja de este foco de luz a la hora de interpretar la Escrituras sacará una imperfecta imagen de Dios.

Muchos cristianos leyendo la Biblia sin tener en cuenta esta revelación extraordinaria de Dios en y por su Hijo, han cometido barbaridades que han «sacralizado», apoyándose en textos sagrados bastardamente leídos, avergonzando a Dios.

…Vendrán los sumos sacerdotes, los teólogos, los expertos, los escribas de siempre, los censores, etc., y montarán una cruz, o si la cruz ofende, harán de ella astillas y formarán una hoguera.

…..

El «ojo por ojo, y diente por diente» del Antiguo Testamento es una relación de justicia, de eros o ‘filia’ en que la simpatía se ha roto y reclama se restituya desde quien la ha quebrado, ajustando lo desajustado. Esto es de una lógica humana categórica. Pero desde la lógica divina, es decir, desde la Buena Nueva del Evangelio, la lógica humana se diviniza en Cristo, y el ajustamiento se realizará desde la misericordia, desde el perdón, asimétricamente; es una relación de ágape. Aquí la relación no se basa en la simpatía y en la justicia, sino en la fraternidad y en el amor misericordioso; aquella tiene su origen en la naturaleza humana; ésta en la divina. Sin fe ?implícita o explícita? la fraternidad y el ágape son imposibles

…..

Queridos, no os venguéis vosotros mismos, más bien dad lugar al castigo de Dios, pues está escrito: ‘Mía es la venganza. Yo pagaré, dice el Señor’. De tal manera que si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de comer; si tiene sed, dale de beber; que si haces esto, amontonarás tizones encendidos sobre su cabeza. No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien (Rom 8,19-21).

 …oo0oo…

 

Catena Aurea

 

Orígenes, in Lucam hom. 32
Porque el Señor había vencido al tentador, se le añadió virtud, esto es, en cuanto a su manifestación. Por lo que se dice: «Y regresó Jesús en virtud del Espíritu».
Beda
La virtud del Espíritu significa los signos de los milagros.
San Cirilo, in Cat. graec. Patr
Obraba milagros, no con un poder extrínseco y como habiendo adquirido la gracia del Espíritu Santo -como otros Santos-, sino más bien, como que era Hijo de Dios por naturaleza y asociado en todo al Padre, usa de la virtud del Espíritu Santo como propia virtud y propia operación. Convenía que desde entonces se manifestase y brillase el misterio de su encarnación entre aquellos que eran de la sangre de Israel. Por eso sigue: «Y su fama se extendió».
Beda
Y como la Sabiduría pertenece a la doctrina y el poder a las obras, ambos se juntan aquí. De donde sigue: «Y El enseñaba en las sinagogas». La palabra griega sinagoga significa en latín congregación, con cuyo nombre los judíos solían llamar, no sólo la asamblea de las turbas, sino también la casa en la que se reunían para oír la palabra de Dios, como nosotros llamamos Iglesia a la reunión de los fieles y al local en que se congregan. Hay, sin embargo, una diferencia entre sinagoga -que quiere decir congregación- e Iglesia, que significa convocación (asamblea), porque los animales y las demás razas pueden congregarse en un lugar, mientras que sólo se puede convocar a los seres racionales. Por eso a los doctores apostólicos les pareció oportuno que el pueblo de la nueva gracia, que es más digno, se llamase Iglesia más bien que sinagoga. Con razón debía ser glorificado por todos los presentes él que tenía el testimonio de todos los hechos y de todos los oráculos precedentes, cuando sigue: «Y era glorificado por todos».
Orígenes, in Lucam, hom 32
Guárdate de pensar que aquéllos solamente son bienaventurados que fueron testigos de la enseñanza de Jesucristo, creyéndote menos favorecido que ellos, porque también enseña ahora en todo el universo por medio de sus órganos; y ahora es más glorificado por todos que en aquel tiempo, en que tan sólo en una provincia se congregaban.
San Cirilo
Se da a conocer a aquéllos, entre los cuales se crió según la carne, de donde sigue: «Y vino a Nazaret».
Teofilacto
Para enseñarnos a instruir y hacer bien primero a los propios, y después extender a los otros la amistad.
Beda
Reuníanse en las sinagogas el día del sábado, a fin de meditar las enseñanzas de la ley, durante el reposo de las cosas del mundo y en el recogimiento del corazón, de donde sigue: «Y entró, según su costumbre, el día del sábado en la sinagoga».
San Ambrosio
De tal modo el Señor se prestó a toda clase de obsequios, que no desdeñó el oficio de lector, de donde sigue: «Y se levantó a leer: y se le entregó un libro». Tomó el libro, para demostrar que El es el que habla por medio de los profetas, y apartar la perfidia sacrílega de aquéllos que dicen que el Dios del Antiguo Testamento no es el mismo que el del Nuevo, o que hacen comenzar a Cristo en la Virgen. ¿Cómo, en efecto, puede comenzar en la Virgen El que hablaba antes que la Virgen existiese?
Orígenes, ut sup
No abrió el libro por casualidad, y halló el capítulo de la lección que le anunciaba, sino que fue obra de la providencia de Dios, por lo que sigue: «Y apenas le abrió, halló el lugar».
San Atanasio, Orat. 2, contra Arrianos
Dice esto para explicarnos la causa de la revelación y de su encarnación; pues del mismo modo que el Hijo -que da el Espíritu-, no rehúsa confiar -como hombre- que con el Espíritu de Dios expulsa los demonios, tampoco rehúsa decir: «El Espíritu de Dios sobre mí», porque se hizo hombre.
San Cirilo
Igualmente confesamos que fue ungido, en cuanto tomó carne. De donde sigue: «Por lo que me ungió». No se unge la divina naturaleza, sino lo que es común con nosotros; así también cuando se dice enviado, debe atribuirse a la humanidad, pues sigue: «Me envió a evangelizar a los pobres».
San Ambrosio
He ahí la Trinidad coeterna y perfecta. La Escritura anuncia a Jesús, Dios y hombre perfecto en dos naturalezas. Anuncia al Padre y al Espíritu Santo, que apareció como cooperador, cuando descendió sobre Cristo bajo la especie corporal de una paloma.
Orígenes, in Lucam hom 32
Llama pobres a las naciones, y lo eran, en efecto, puesto que nada poseían: ni Dios, ni ley, ni profetas, ni justicia, ni las demás virtudes.
San Ambrosio
O se le unge universalmente con el óleo espiritual y la virtud celeste, para regar la pobreza de la condición humana con el tesoro eterno de la resurrección.
Beda
Es también enviado a evangelizar a los pobres y decirles: «Bienaventurados, pobres, porque vuestro es el reino de los cielos» ( Mt 5,3).
San Cirilo
Acaso quiere decir que entre todos los dones que vienen de Cristo, el mejor es para los pobres de espíritu. Sigue: «Sanar a los contritos de corazón». Llama contritos de corazón a los débiles, que tienen mente frágil y que no pueden resistir a los asaltos de las pasiones, a quienes promete el remedio de la salvación.
San Basilio, in Cat. graec. Patr
O viene a sanar los contritos de corazón, esto es, a dar remedio a los que tienen humillado el corazón por Satanás con el pecado; porque el pecado es lo que sobre todo abate el corazón humano.
Beda
O porque está escrito: «Dios no desecha al corazón contrito y humillado» ( Sal 50,19); por eso se dice enviado a sanar a los contritos de corazón; según aquella sentencia: «Que sana a los contritos de corazón» ( Sal 146,3).
Sigue: «Y anunciar la remisión a los cautivos».
Crisóstomo, in Salm. 125
La palabra cautividad tiene muchos sentidos. Hay una cautividad buena, como dice San Pablo: «Cautivando todo nuestro espíritu para obedecer a Cristo» ( 2Cor 10,5); y hay una mala, de la cual se dice: «Llevaban cautivas a mujeres cargadas de pecados». La cautividad es sensible cuando procede de enemigos corporales; mas la peor es la inteligible, de la que dice aquí: «El pecado produce la más dura tiranía, manda el mal y confunde a los que le obedecen» ( 2Tim 3). De esta cárcel inteligible es de donde nos sacó Jesucristo.
Teofilacto
También puede entenderse esto de los muertos, que estaban cautivos, y la resurrección de Jesucristo rompió las cadenas que los detenían en el infierno.
Sigue: «Y la vista a los ciegos».
San Cirilo
Las tinieblas que el diablo había amontonado en el corazón humano, Jesucristo -como el Sol de justicia- las disipó; haciendo a los hombres hijos, no de la noche y de las tinieblas, sino de la luz y del día, como dice el Apóstol: «Los que antes erraban, entraron en la senda de los justos» ( 1Tes 5).
Sigue: «Poner en libertad a los quebrantados».
Orígenes, in Lucam hom 32
¿Qué cosa más quebrantada y lisiada que el hombre, a quien dimitió Jesús y sanó?
Beda
O «poner en libertad a los quebrantados», esto es, enderezar a los que el peso de la ley había encorvado.
Orígenes, ut sup
Todas estas cosas fueron predichas para que, después de la vista dada a los ciegos, después de la libertad de los cautivos, después de la curación de diveresas heridas, vengamos al año propio del Señor, de donde se sigue: «Anunciar el año propicio del Señor». Dicen algunos, según la simple inteligencia, que el Salvador predicó el Evangelio en Judea durante un año, y que por eso se dice: «Anunciar el año aceptable del Señor». O el año de Dios aceptable es todo el tiempo de la Iglesia, en el cual, mientras se vive en la carne mortal, no se goza de la visión de Dios.
Beda
No sólo el año de la predicación del Señor fue aceptable, sino también aquel en que predicaba el Apóstol, diciendo: «He aquí ahora el tiempo aceptable» ( 2Cor 6,2). Después del año aceptable del Señor, añade: «Y el día de la remuneración», esto es, extrema, cuando dé a cada uno según sus obras.
San Ambrosio
O llama año favorable del Señor al día eterno, que no conocerá ya el trabajo de este mundo, y que dará a los hombres la recompensa del reposo.
Sigue: «Y habiendo cerrado el libro, le devolvió».
Beda
Después de haber leído el libro a los que estaban presentes para escucharle, le devolvió al ministro; porque cuando estaba en el mundo hablaba públicamente, enseñando en las sinagogas y en el templo; mas vuelto al cielo, confió el ministerio evangélico a aquellos que le habían visto desde el principio, y que habían sido ministros de su palabra. Leyó de pie, porque, cuando nos explicó las Escrituras que se referían a El, se dignaba obrar en la carne; mas devuelto el libro, se sienta, porque vuelve a ocupar el trono de su celestial reposo. Estar de pie es propio del que obra, sentarse, lo es del que descansa o juzga; así, el predicador de la palabra debe levantarse y leer, esto es, obrar y predicar y sentarse, es decir, esperar el premio del descanso. Leyó con el libro abierto, porque, enviado el Espíritu de verdad, enseñó toda verdad a la Iglesia. Le entregó cerrado al ministro, porque no todo se puede decir a todos, pero comisionó al doctor para dispensar la palabra según la capacidad de los oyentes.
Sigue: «Y en la sinagoga todos tenían los ojos fijos en El», etc.
Orígenes, in Lucam hom 32
Y aun ahora si queremos, se pueden fijar nuestros ojos en el Salvador. Si diriges el anhelo de tu corazón a la sabiduría, la verdad y a la contemplación del Unigénito de Dios, tus ojos ven a Jesús.
San Cirilo
Atraía hacia sí las miradas de todos, asombrados de ver que sabía letras sin haberlas aprendido. Mas como era costumbre de los judíos decir que las profecías de Cristo se cumplían en alguno de sus jefes o reyes, o en algunos santos Profetas, el Señor precave esto, por lo que sigue: «Empezó, pues, a decirles: Esta Escritura se cumple hoy», etc.
Beda
Porque el Señor hacía las grandes cosas que aquella Escritura había predicho, y el Señor las anunciaba mayores.
Crisóstomo, hom. 49, in Matth
Habiendo venido el Señor a Nazaret, se abstuvo de hacer milagros, para no excitar mayor envidia. Les expone una doctrina no menos admirable que los milagros. Había cierta divina gracia inefable en las palabras del Salvador, que enternecía las almas de los que le escuchaban, de donde se dice: «Y todos le daban testimonio».
Beda
Le daban testimonio, testificando que El era verdaderamente -como había dicho- Aquel de quien cantara el Profeta.

ACTUALIDAD CATÓLICA