En la misa de hoy, 20 de julio, en la lectura del santo evangelio según san Mateo (12,38-42) Jesús habla del signo de Jonás como una proyección del suyo, que habría de abrir a la fe y a la conversión, tal y como ocurrió en Nínive tras la predicación de Jonás.
Pero Jesús, ante la exigencia tentadora de los teólogos de entonces —escribas y fariseos— pidiendo un milagro demostrativo —una señal espectacular— de su condición, responde con términos implacables. Jesús les califica —como nos puede calificar hoy a nosotros, que nos creemos tan listos— de generación malvada e idolátrica, y que no tendrán más signo que el de Jonás con su predicación, ni más que las palabras de sabiduría de Salomón a quien una reina —la la reina de Sabá— vino a escuchar. Y además, añade que Él es más que ambos; ellos son uno profeta y el otro rey. Pues bien, Jesús es más que profeta y más que rey. En él se cumple toda profecía y se realiza todo reinado. Hay que añadir un detalle más, a ambos les escucharon curiosamente gente extranjera, no del pueblo de Israel.
San Mateo (12,38-42):
En aquel tiempo, algunos de los escribas y fariseos dijeron a Jesús: «Maestro, queremos ver un signo tuyo.»
Él les contestó: «Esta generación perversa y adúltera exige un signo; pero no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo; pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra. Cuando juzguen a esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que la condenen, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.»
Dios quiere que seamos receptivos —que nos abramos e impliquemos— a lo que nos quiere decir. Él no se impone por encima de la libertad con que nos ha creado, sino en sintonía con esta libertad. Ahora el Signo que nos ofrece Dios no es reconocible por todos. A veces los que están más alejados están más predispuesto a escuchar al Señor que los próximos. Esto se ve en incredulidad creciente en forma de apostasía del Occidente cristiano.
Hoy más que nunca necesitamos abrir nuestras mentes y nuestros corazones a los signos del Dios. Somos duros de corazón, incapaces de comprender y aceptar, creemos saberlo todo, y vivimos volcados en nuestras ambiciones, egoísmos… Lo cual hace imposible acceder al significado de los singos del Reino. Necesita del arrepentimiento y docilidad que abre las puertas de nuestro ser al Espíritu Santo.
…oo0oo…
Palabras del papa Francisco:
El signo que Jesús promete es su misericordia, la que ya pedía Dios desde hace tiempo: misericordia quiero, y no sacrificios». Así que «el verdadero signo de Jonás es aquél que nos da la confianza de estar salvados por la sangre de Cristo. Hay muchos cristianos que piensan que están salvados sólo por lo que hacen, por sus obras. Las obras son necesarias, pero son una consecuencia, una respuesta a ese amor misericordioso que nos salva». Las obras solas, sin este amor misericordioso, no son suficientes. Por lo tanto «el síndrome de Jonás afecta a quienes tienen confianza sólo en su justicia personal, en sus obras». Pero hay más: «El síndrome de Jonás nos lleva a la hipocresía, a esa suficiencia que creemos alcanzar porque somos cristianos limpios, perfectos, porque realizamos estas obras, observamos los mandamientos, todo. Una grave enfermedad, el síndrome de Jonás». Mientras que «el signo de Jonás» es «la misericordia de Dios en Jesucristo muerto y resucitado por nosotros, por nuestra salvación». (Homilía Santa Marta, 14 octubre 2013).
…oo0oo…
Catena Aurea
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 43,1
Como el Señor había hecho ya muchas veces enmudecer la lengua impertinente de los fariseos por las respuestas que les había dado, acuden ahora a las obras, que es lo que el evangelista admirado dice: «Entonces le respondieron ciertos escribas», etc. Entonces, es decir, cuando les convenía doblegarse, admirarse y quedarse estupefactos. Pero aun entonces no desisten de su malicia; porque dicen: «Queremos ver de ti una señal», para prenderle.
San Jerónimo
Exigen una señal como si no fueran señales las obras que habían visto. San Lucas expresa de una manera más explícita las señales que pedían ( Lc 11,15). Nosotros deseamos ver de ti un milagro del cielo. O un fuego como el de Elías, que bajó del cielo ( 2Re 1) , o bien un milagro como el de Samuel, que a pesar de la temperatura del clima hizo tronar, relampaguear y llover. ( 1Sam 7-12) Como si no pudieran ellos llevar su calumnia sobre semejantes milagros, diciendo que eran resultados de influencias ocultas y distintas de la atmósfera. Porque si tú calumnias lo que ves con los ojos, lo que tocas con las manos y de lo que conoces su utilidad, ¿qué harías de lo que viniera del cielo? Contestarías sin duda que también los Magos en Egipto han hecho muchos prodigios en los aires ( Ex 7-8).
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 43,1
Sus palabras respiran adulación e ironía. Antes injuriaban al Señor, llamándolo endemoniado y ahora lo adulan denominándolo maestro, por eso les arguye el Señor con energía, y al contestarles les dice: «Generación perversa». Cuando ellos ultrajaban al Señor, éste les contestaba con dulzura; y cuando lo adulan les responde con energía, manifestándonos con esto que El es superior a la adulación, y que el ultraje no enciende en El la cólera. Todo lo que dice el Señor se reduce a lo siguiente: ¿Qué extraño es que vosotros, que no me conocéis, hagáis todas estas cosas contra mí, cuando lo hacéis también contra el Padre, y a pesar de que tenéis de El una grande experiencia, lo abandonáis y corréis tras del demonio? Por eso los llama «generación perversa», porque han sido ingratos con sus bienhechores, y se han vuelto peores con los beneficios, que es el último grado de la malicia.
San Jerónimo
Y los llamó también con mucha razón «adulterina», porque había abandonado a su marido, y según Ezequiel ( Ez 16) se había entregado a muchos amantes.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 43,1
De esta manera se manifiesta El igual al Padre, porque el no creerlo así los hace generación adúltera.
Rábano
Empieza en seguida a contestarles, no dándoles una señal del cielo (de que eran indignos), sino del profundo infierno. Mas dio una señal del cielo a sus discípulos, a quienes enseñó sobre la montaña un símbolo de su gloria eterna ( Mt 17), y después la realidad de verlo elevarse al cielo ( Mc 16) . Por eso sigue: «Y no será dada la señal».
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 43,1
No hacía El los milagros para atraerlos (porque conocía que eran de piedra) sino para convertir a los demás. O también, no les dio la señal que ellos pedían porque no la recibirían; pero se la dio después haciéndoles conocer su poder por aquello que ocurrió posteriormente. Esto es lo que quiso decir, aunque de una manera algo encubierta, con las palabras: «Y no será dada la señal a ellos» que equivale a decir: os he manifestado muchos beneficios, ninguno de ellos ha sido suficiente para inclinaros a que respetéis mi virtud, que conoceréis cuando veáis destruida vuestra ciudad. En seguida intercala el evangelista algunas palabras del Señor sobre su resurrección, de que ellos tendrían conocimiento por los castigos que tenían que sufrir; y así dice: «sino la señal de Jonás profeta»: Nadie en realidad hubiera tenido fe en la Cruz, si no hubiera estado apoyada en los milagros, y si no hubiera sido creída la cruz, tampoco lo hubiera sido la resurrección. Por eso la llama señal, y para que se tenga como una verdad, la presenta como una figura profética. Por eso sigue: «Como estuvo Jonás en el vientre de la ballena», etc.
Rábano
Da a entender que los judíos eran tan criminales como los ninivitas y estaban próximos a ser destruidos si no hacían penitencia, pero así como les anuncia Jonás el castigo y el modo de evitarlo ( Jon 3) , así también los judíos no deben desesperarse creyendo que no obtendrán perdón, si al menos después de la resurrección del Señor hacen penitencia. Porque Jonás (palabra que significa paloma o el que gime), es señal de aquél sobre quien desciende el Espíritu Santo en forma de paloma ( Lc 3), y del que cargó con nuestros pecados ( Is 53). El pez que tragó a Jonás en el mar ( Jon 2), significa la muerte que sufrió Cristo en el mundo. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre de la ballena y Cristo en el sepulcro. Jonás fue lanzado sobre la playa árida y Cristo resucitó en la gloria.
San Agustín, de consensu evangelistarum, 3,24
Quieren algunos, que no comprenden el modo en que se expresa la Escritura, contar por una noche aquellas tres horas desde las seis hasta las nueve en que estuvo obscurecido el sol, y por día aquellas otras tres horas durante las cuales el sol volvió a iluminar la tierra, esto es, desde las nueve hasta la postura del sol. Sigue la noche del sábado con su correspondiente día, da por resultado dos noches y dos días, porque después del sábado sigue la noche del primer día (esto es, del amanecer del domingo) en que resucitó el Señor. Serán, pues, dos días y dos noches, más otra noche, que podría tomarse en toda su extensión, aun cuando no contemos la aurora de la resurrección como la parte extrema de esta noche, por lo cual contando seis horas, tres de tinieblas y tres de luz, resultan tres días y tres noches. Nos resta, pues, como solución para la inteligencia el modo de expresarse las Escrituras, al tomar la parte por el todo.
San Jerónimo
No quiere decir que estuviera el Señor tres días y tres noches en el infierno, sino para que se entienda en parte la Pascua y una parte del domingo, y todo el día sábado.
San Agustín, de Trinitate, 4,6
La misma Escritura nos asegura que no fueron completos estos tres días, sino que la tarde del primer día se cuenta como día entero, al igual que la mañana del tercer día. El segundo día divide las veinticuatro horas en doce de día y doce de noche. La noche que termina en la aurora que anunció la resurrección del Señor pertenece al tercer día. Así como los días primeros fueron contados desde la luz hacia la noche, a causa de la caída del hombre, así estos días son contados desde las tinieblas hacia la luz, a causa de la reparación del hombre.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 43,1-2
No dijo de una manera clara que resucitaría, porque serviría esto de burla a los fariseos, sino que lo hizo con palabras encubiertas, para que aceptaran ellos por la fe lo que El preveía. Y no dijo en la tierra, sino en el corazón de la tierra, a fin de anunciarles su sepulcro, y de que nadie creyera que había sido aparente su muerte. Y puso tres días para no dar lugar a la menor duda de que realmente había muerto. Pero hasta la misma figura demuestra la verdad, porque Jonás no estuvo de una manera aparente tres días en el vientre de la ballena, sino que estuvo en realidad; de donde resulta bien claro que son hijos del diablo los que siguen la doctrina de Marción, quien sostuvo que fue una quimera la pasión de Cristo. Al decir que la señal del profeta Jonás se daría a aquella generación, el Señor indica que había de padecer por ellos, aunque no les aprovecharía su pasión.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 43,2
El Señor, a fin de que nadie creyera que los judíos habían de tener el mismo fin que los ninivitas, es decir, que así como éstos se convirtieron por la predicación de Jonás y salvaron su ciudad del peligro que los amenazaba, también aquéllos se convertirían vista la resurrección, nos hace ver todo lo contrario y nos dice que ningún fruto sacaron ellos de la pasión, y que por lo mismo sufrirán más severamente por su pecado, como dice más abajo valiéndose del ejemplo del demonio. Entretanto nos manifiesta la justicia de su condenación con las palabras: «Los ninivitas se levantarán en juicio con esta generación».
Remigio
En estas palabras dice bien claro el Señor que no habrá más que una sola resurrección para los buenos y los malos, y refuta a los herejes que sostuvieron que había dos resurrecciones: una para los buenos y otra para los malos. También destruye con estas palabras la fábula de los judíos de que se celebraría la resurrección mil años antes que el juicio, puesto que nos demuestra que en seguida de la resurrección, se celebrará también el juicio. «Y ellos la condenarán».
San Jerónimo
No por el poder de su sentencia sino por el ejemplo de su conducta, por lo que añade: «Porque hicieron penitencia por la predicación de Jonás». «Y he aquí en este lugar más que Jonás»: La palabra hic es adverbio de lugar, y no pronombre. Jonás predicó tres días, según interpretación de los Setenta; yo durante un tiempo más largo. Aquél a los Asirios, gente incrédula; yo a los judíos, pueblo de Dios. Aquél no hizo más que predicar simplemente y sin hacer milagro alguno; y yo después de haber hecho tantos, sufro la calumnia de que me llamen Beelzebub.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 43,3
No se contenta el Señor con lo dicho sino que añade la cita de «la Reina de Sabá», etc. Esta cita da aún más fuerza que la anterior. Porque Jonás marchó a los ninivitas; pero la Reina de Sabá no esperó que Salomón fuese a donde estaba ella, sino que ella misma marchó a donde estaba Salomón a pesar de ser mujer y extranjera, y de países lejanos, y sin tener miedo a la muerte, llevada sólo del atractivo de las palabras llenas de sabiduría. Llegó allí, pues, la mujer, y yo he llegado aquí; venía ella de los confines de la tierra, y yo recorro las ciudades y las aldeas; disputó ella sobre los árboles y las maderas, yo sobre los inefables misterios.
San Jerónimo
Del mismo modo condenará la Reina de Sabá al pueblo de los judíos, con que los ninivitas condenarán al incrédulo Israel. Esa Reina es la Reina de Sabá, de que se habla en el libro de los Reyes ( 1Re 10), y en las Crónicas ( 2Cró 9), que llegó a Jerusalén después de haber abandonado su reino, pasando por tantas dificultades, con el objeto de oír la sabiduría de Salomón y ofrecerle muchos regalos. En la figura de Ninive y de la Reina de Sabá vemos la fe de las naciones, que fueron preferidas a Israel.
Rábano
Los ninivitas representan a todos los que dejan de pecar y la Reina a los que no saben pecar, porque la penitencia borra el pecado y la sabiduría lo evita.
Remigio
Con razón se aplica el nombre de Reina a la Iglesia, compuesta de muchas naciones; porque sabe ella gobernar sus costumbres. De ella dice el Salmista: «La Reina ha estado sentada a nuestra derecha» ( Sal 44,10). La Reina de Sabá, porque superabunda en ella el fuego del Espíritu Santo, y el viento cálido del Sur es figura del Espíritu Santo. Y Salomón, que significa pacífico, representa a aquel de quien se ha dicho: «El es nuestra paz» ( Ef 2,14).
Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

