Polonia y Hungría

Estos dos países han puesto pie el pared y se resisten a renegar de sus principios tradicionales de raigambre cristiana.

Ahí anda la carca y descristianizada Europa, que dándoselas de progre, les ataca desde sus instituciones a estos dos países tratándoles de doblarles el pulso y someterlos a NOM. Esta es la Europa que calla ante los desmanes de la dictadura comunista de la China, como calla ante las continuas y cada vez mayores persecuciones cristiana en el mundo y en sus mismas fronteras.

El progresismo dominante -tanto de izquierdas como liberal- pretenden globalizarse exclusivamente, y no tolera a quien discrepe de esta nueva dictadura del NOM.

No tardando, el activismo subvencionado por las elites adineradas -encabezadas por el magnate de origen húngaro Soros- no tardarán en desestabilizar estos países que se resisten a su agenda del gran reinicio.

La Iglesia debe levantar la voz de defensa de aquellos que mantienen firmes sus convicciones fieles a la doctrina cristiana.

Hace unos días los obispos europeos apoyan a Polonia frente a Europa, en su defensa de la vida. Los prelados han enviado una carta al presidente del Parlamento europeo, David Sassoli, criticando el que el Gobierno polaco promulgara, con rango de ley, una sentencia del Tribunal Constitucional polaco que limitaba el aborto a tan sólo casos de violación, incesto o grave riesgo para la vida o la salud de la madre y lo prohíbe en caso de malformaciones fetales.

La carta de los obispos de la Unión Europea enviada al presidente del Parlamento europeo:

Le escribimos en relación con la Resolución del Parlamento Europeo del 26 de noviembre de 2020 sobre el derecho al aborto en Polonia. La Comisión de Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE) ha tomado nota con preocupación de algunos de los argumentos y puntos de esta Resolución.

Queremos aprovechar esta oportunidad para enfatizar una vez más que la Iglesia Católica, que busca apoyar a las mujeres en situaciones de la vida derivadas de embarazos difíciles o no deseados, pide la protección y el cuidado de toda la vida por nacer. Toda persona humana está llamada a la existencia por Dios y necesita protección, especialmente cuando es más vulnerable. La protección y el cuidado especiales del niño, antes y después del nacimiento, también se expresan en las normas legales internacionales, por ejemplo, en la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño. Se debe brindar todo el apoyo necesario a las mujeres en situaciones difíciles de la vida de embarazos no deseados o difíciles.

Desde una perspectiva legal, deseamos subrayar que ni la legislación de la Unión Europea ni el Convenio Europeo de Derechos Humanos prevén un derecho al aborto. Este asunto se deja en manos de los ordenamientos jurídicos de los Estados miembros.

Un principio fundamental de la Unión Europea es el principio de atribución, según el cual la Unión actuará únicamente dentro de los límites de las competencias que le confieren los Estados miembros en los Tratados para alcanzar los objetivos en ellos establecidos (artículo 5.2 del Tratado de la Unión Europea). La estricta observancia de este principio es, a su vez, una exigencia del Estado de Derecho, uno de los valores fundamentales de la Unión, consagrado en el artículo 2 del Tratado de la Unión Europea. Como subraya acertadamente la Resolución del Parlamento, el respeto del Estado de Derecho es fundamental para el funcionamiento de la Unión. Dicho esto, el Estado de Derecho también exige el respeto de las competencias de los Estados miembros y de las decisiones que tomen en el ejercicio de sus competencias exclusivas.

La COMECE también está alarmada por el hecho de que la Resolución parece cuestionar el derecho fundamental a la objeción de conciencia, que es una emanación de la libertad de conciencia (artículo 10.1 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea). Esto es particularmente preocupante si se considera que en el sector de la salud los objetores de conciencia son en muchos casos sujetos a discriminación. En nuestra opinión, no se debe promover una estigmatización tan injusta.

Es necesario considerar los derechos fundamentales -como la libertad de pensamiento, conciencia y religión- a la luz de su universalidad, inviolabilidad, inalienabilidad, indivisibilidad e interdependencia. En cuanto al derecho a la objeción de conciencia, la Carta de la Unión Europea implica la necesidad de respetar las tradiciones constitucionales nacionales y el desarrollo de la legislación nacional sobre el tema.

La Resolución del Parlamento Europeo se refiere en varios pasajes al derecho a la igualdad de trato y a la no discriminación. Con pleno respeto de estas disposiciones legales, nos preocupa que el principio de no discriminación pueda utilizarse para ampliar o difuminar los límites de las competencias de la Unión Europea. Esto también iría en contra del artículo 51.2 de la Carta de la Unión Europea, que establece claramente que la Carta no amplía el campo de aplicación del Derecho de la Unión más allá de las competencias de la Unión ni establece ningún nuevo poder o tarea para la Unión.

También observamos con tristeza que en el texto no se expresaba condena ni solidaridad con respecto a los inaceptables ataques a iglesias y lugares de culto en el contexto de las protestas relacionadas con esta ley en Polonia.

Estimado presidente Sassoli, quedamos a su disposición para cualquier aclaración que pueda ser necesaria sobre este tema, que consideramos crucial, conscientes de que la Resolución tendrá un impacto muy negativo en la percepción de la Unión por parte de los Estados miembros.

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