Pensamientos de Fe (8)

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  1. El cristianismo no es tanto una religión de reglas como de amor: Es amor por el prójimo, es misericordia por el ser humano próximo, es perdón, generosidad, ayuda… a todos, sin excluir a nadie, incluso a los enemigos. Es tratar a todos como hermanos, sin más ley que la de un Padre amoroso que nos hace hijos suyos.     
  2. Esta característica genuinamente cristiana de un Dios Padre que es amor misericordioso, que nos ha dado la vida asemejándonos a su ser, precisa de la fuerza de la gracia santificante para superar la impotencia del ser humano limitado en sus fuerzas para ser capaz de actuar según el dinamismo de esa gracia inicial de amor por la que fue creado.
  3. El cristianismo cuanto menos -si lo miramos desde un punto de vista estrictamente humano- es de un prodigioso humanismo. El ideal de hombre y la filosofía del cristianismo son insuperable, son la más alta y estimable perfección de la naturaleza humana.
  4. La fe en el plano de la gracia es un es reconocimiento y apertura a esta, una apuestas decidida por esta, a dejarse hacer por ella, a dejarse mover por su fuerza para vivir santamente. Gracia que actúa también en aquellos que carecen de fe, pero de manera no explícita y más limitada; produce actitudes de heroísmo en lugar de santidad, a los ojos profanos. La gracia o presencia del Espíritu Santo siempre está presente y no retira su aliento y apoyo (don) a nadie.
  5. El que no cree limita sus posibilidades… Decía el filósofo español J. Ortega: “Nadie que quiera henchir su espíritu indefinidamente, puede renunciar sin dolor a lo religioso”.
  6.  El creer en Dios humaniza, ennoblece, santifica…, a semejanza de Jesucristo, el Hombre por antonomasia, la matriz -la imagen- de la que hemos salido todos, y a la realidad a la que estamos llamados y cuya humanidad lograremos cuando dejemos la tierra  para ser celestes.   
  7. El ser religioso es marchamo de honorabilidad, de honestidad, de integridad, y proporciona textura bondadosa al ser humano.
  8. Un santo es alguien que habla constantemente con el Señor, y el Señor con él; todo es signo, lenguaje divino y comunicación. Hay que llegar a ese estado de santidad en que podamos escuchar a un Dios que habla siempre y constantemente. Solo la fe de los santos traduce las señas del Señor en lenguaje humano.
  9. Esta sociedad también discrimina por la capacidad intelectual. Es otra forma de racismo. José de Cupertino, Diego de Alcalá, Benito Labre, etc., nos demuestran que la santidad puede coexistir con la ignorancia y hasta con cierta obtusidad de inteligencia.
  10.  Dios es don (de amor), el Espíritu Santo en nosotros. Para que produzca sus efectos “palpables” ese bien que desciende sobre los seres humanos es necesario el “reconocimiento”, es decir, una especial aceptación de este don por parte del que lo recibe. Esta es nuestra grave responsabilidad: el de reconocer o no lo que es Dios.

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