Pensamientos de Fe (32)

  1. Sin creer, sin confianza, no se puede amar lo suficiente.                   
  2. Con la contaminación por el pecado original y lo sucesivos pecados va insensibilizando esa dimensión profunda del ser humano, la de un el alma que empalma y conecta con su origen que le dio la vida: Dios.
  3. La conversión no es en sí el final de una larga búsqueda, sino más bien todo un proceso siempre continuo, desde un inicio de un encuentro amoroso con Dios, y de su gracia presente actuante.
  4. El que afirma que permanece en El, debe conducirse como El se condujo (1 Jn 2,6). Es decir, el que cree en el Señor, lo ha de plasmar comportándose como Él. La fe se prueba en hechos concretos. Lo demás es palabrería y autoengaño.  
  5. Hay quien no ama porque no se le ha amado lo suficiente. ¡Y esto es responsabilidad de los que le rodean! Cuando uno se siente amado incondicionalmente, entra en esa dinámica del amor que genera amor.
  6. Hemos surgido del amor de un Dios que es Amor. El amor de los orígenes, aquel amor que te envuelve y constituye; aquel amor que se adelanta, que no es respuesta, sino puro don. De ahí que lo más urgente e inmediato sea aprender a dejarse amar, acoger el don de Amor, el Espíritu Santo.
  7. Tener el corazón en disposición al don del Espíritu Santo, que nos conduce en la lógica del amor, según lo que Jesucristo nos enseñó.
  8. El trato intimo, en el silencio contemplativo, Dios hace sentir su amor trasformativo, es decir,  el alma es santificada, “deificada”, “divinizada”, “por transformación participante”.
  9. Si no vivimos en el dinamismo del amor, recibiéndolo y dándolo, o entramos en el reinado de Dios, propiamente no pertenecemos a su Reino.
  10. El amor es la atmosfera trinitaria. El único oxigene para el alma, aquí y siempre.

 

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