La crisis moral

De que nuestra sociedad está en crisis creo que no cabe la menor duda. Crisis sanitaria, social, económica, educativa, política, pero, sobre todo, como me decía un amigo, crisis moral.

El primer gran problema que se nos presenta es, dado que la inmensa mayoría de nuestros dirigentes se declaran abiertamente no creyentes, la no existencia de Dios y sus consecuencias morales. Podemos en este punto preguntarnos si es posible una moral sin Dios. Antes de optar por Dios o contra Dios, ateos y creyentes pueden encontrarse colaborando en la defensa de la dignidad de la persona humana y en la tarea de la transformación del mundo. Unos y otros pueden proponer juntos una moral sobre la persona, la familia, el amor, el trabajo, la sociedad, la política, la vida y la muerte. Pero antes o después nos veremos obligados a plantearnos el problema del último porqué.

Jesucristo nos advierte: “Separados de Mí no podéis hacer nada”(Jn 15,5). Y así vemos que el positivismo jurídico, es decir la concepción que hace derivar mis derechos de las leyes que se dan los hombres, olvidándose por completo de Dios, deja al individuo sin defensa frente a los posibles abusos del Estado, con el resultado de la fácil caída en el totalitarismo, que ha llevado a nuestros jueces a tener que recurrir ante Europa antes de que sea demasiado tarde.

Y es que en esta concepción la Ley Natural no existe. Como dijo Zapatero: “La idea de una ley natural por encima de las leyes que se dan los hombres es una reliquia ideológica frente a la realidad social y a lo que ha sido su evolución. Una idea respetable, pero no deja ser un vestigio del pasado. Por tanto la fuerza salvífica de la verdad es contestada y se confía sólo a la libertad -desarraigada de toda objetividad- la tarea de decidir autónomamente lo que es bueno y lo que es malo.

No nos extrañe por ello que nuestro Gobierno social-comunista pretenda arrebatar a los padres su derecho, reconocido incluso por la Declaración de Derechos Humanos y nuestra Constitución, de educar a sus hijos conforme a las convicciones morales y religiosas. Para ellos, el Estado tiene derecho a adoctrinar a los niños, enseñándoles entre otras cosas la ideología de género, lo que es puro totalitarismo y corrupción de menores.

Los padres tienen el derecho constitucional a que sus hijos reciban una educación religiosa y moral conforme a sus convicciones. Pero la ideología imperante para el Estado y muchos partidos políticos es la ideología de género, una ideología que dice lo mismo que la moral católica, pero al revés, y por ello es la moral del diablo, repetidas veces condenada por los últimos Papas, pues intenta destruir el matrimonio y la familia y no se detiene ni ante la corrupción de menores.

Pero la crisis de moral no afecta sólo a lo que hemos dicho, sino a todos los Mandamientos del Decálogo. ¿Pueden ustedes decirme un solo Mandamiento que el Gobierno social-comunista respete? Yo no he encontrado ninguno. En cuanto a las personas privadas, recuerdo lo que le dijo San Juan XXIII al embajador de Bélgica, cuando era nuncio en París, y se le quejó de lo mal que estaba la sociedad. El futuro Papa respondió: “Tiene usted razón, pero vamos a hacer una cosa: usted y yo vamos a ser dos buenas personas, así habrá dos sinvergüenzas menos”.

Pedro Trevijano

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