Pensamientos de Fe (188) 

  1. La persona con ojos de fe, ve en el otro al prójimo en que se hace presente Dios. Ante este misterio de gracia sólo se puede estar reverente; la persona humana adquiere un valor sagrado.               
  2. Vivimos en un mundo donde las soluciones a los problemas no vienen sujetas a una conducta moral, es decir, la conciencia ha dejado de regir la manera de ser. En esto la IA nos aventaja.
  3. Del matrimonio de la inteligencia y el amor surge la sabiduría. Dios es la sabiduría divina: Dios es el logos (el Verbo) y caritas (El Amor gratuito) en grado sumo.
  4. La verdad resulta exigente, pide fidelidad y compromiso, de ahí que la gente prefiera la comodidad de ser escéptica y relativista, pues es extraordinariamente hedonista.
  5. Hoy hay dos carencias fundamentales: las nulas estimas por la verdad y la moral. Recordemos alusivamente lo que nos dicen las Escrituras: Satanás es denominado por el mismo Jesús como el padre de la mentira, y al final, aparecerá la figura del Anticristo, como el hombre ánomo, sin ley, impío.
  6. Una persona ejerce de tal cuando toma decisiones movida puramente por la exigencia más íntima de su conciencia.
  7. Una persona se santifica a voluntad de Dios: Cuando calla ante un trato injusto, ofensivo o desconsiderado, cuando podría replicar, y por inspiración de su semejanza con Jesucristo, guarda silencio.
  8. El tiempo es lo más precioso que tenemos. No lo despreciemos dejando de emplearlo para hacer cuanto bien podamos. A cada instante se presenta una oportunidad de hacerlo. Esa ocasión, si la dejamos pasar, ya no volverá. Tengamos presente cuántas ocasiones se nos ofrecen a lo largo del día para ser amables, generosos, atentos, buenos con los que aparecen ante nosotros y que tal vez ya jamás los volverás a ver.
  9. Muchas veces y de forma inadvertida la gracia de Dios actúa místicamente en nosotros: como cuando somos amables, cálidos y acogedores con cualquier ser humano, sin esperar nada a cambio.
  10. Todo ser humano, desfigurado de su naturaleza, de su condición de ser creado con una ley moral única, impresa en su especie humana, acaba enfermando, reducido a placeres efímeros y materialismo vacío. A veces, como ocurre en estos conatos actuales de renacer espiritual y religioso, clamado desde lo más profundo por la Luz Verdad imperecedera que sacie el vacio de la cultural materialista actual.

 

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