- El ser humano actual ha cifrado su felicidad en la placentera inmediatez de sensaciones físicas, es decir, es la materia la que determina fundamentalmente su vida. Esto representa un muro infranqueable para cualquier otra perspectiva que pretenda una felicidad más plena y humana, como la espiritual.
- La felicidad espiritual -que es maravillosa y llena de matices- carece de predicamento en el hombre actual, pues supone un esfuerzo sobre el fácil dejarse hacer de la materia. ¿Cómo hacer para que la gente comprenda esto y que se entusiasme? Dejarse llevar por el devenir de la materia resulta tan cómodo, fácil.…
- Sorprende que haya personas que siendo cristianos se hallen en la Masonería, entre otras muchas cosas: por el más que evidente carácter luciferino de la misma, porque que la Iglesia ha condenado a esta secta y su pertenencia, porque no es necesario su supuesto conocimiento arcano pues basta y está todo lo contemplado para la salvación en lo revelado por Jesucristo en los Evangelios y en la doctrina de la Iglesia.
- La forma puede determinar el contenido: la obra buena puede quedar empañada por la manera de realizarla. Las maneras en el amor son fundamentales, al igual que la actitud.
- El hombre actual a llegado a un punto en que ya no tiene inquietudes, no se hace preguntas, no busca respuestas ni le pre-ocupa verdades fundamentales. Ha conseguido dramáticamente descartar de su vida aquello que toca a lo más importante de la persona: ¿quién soy?, ¿para qué?, ¿qué será de mi?, ¿para qué estoy aquí?, ¿y mi vida después de la muerte?, ¿qué sentido tiene todo esto, mi existir?, etc.
- No hay pasión por la verdad, todo queda en un escepticismo, en un relativismo, en un encogerse de hombros o en un lavarse las manos, identificándose con Pilato: ¿qué es la verdad?
- La moral cristiana se identifica con la voluntad Dios en Cristo; su voluntad es el contenido de nuestro comportamiento.
- Las enseñanzas de los que son protagonistas, mostrando con su comportamiento a modo ejemplar, el devenir del pensamiento y el modo de ser el común social. De modo que aquellos que viven en la inmoralidad, sin respeto por la verdad ni la conciencia, con su comportamiento están implantado una manera de ser de sus conciudadanos en la amoralidad más absoluta. Así los términos ética o moral está cayendo en desuso y estima.
- Hay cosas que se autorregulan, es decir, que pasado en tiempo se vuelve o retorna a la verdad de siempre, a lo realidad auténtica, a la normalidad mejor y deseable. Pero este caso o cuestión de la amoralidad -«anomia», sin ley- no es aplicable o efectiva de la teoría de la regulación; de modo y manera que hay algo definitivo en el estado de amoralidad, que invita a pensar en que va a derivarse en algo catastrófico.
- Los filósofos -incluso ateos- admiten que si Dios no existe lo coherente es ser amoral. Y en esta estamos: crece el ateísmo y agnosticismo, a la par que la inmoralidad. Y allí donde se carece de conciencia moral abunda la maldad.
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