En el reino de los cielos sólo hay lugar para los buenos

En el evangelio (Mt 13,47-53) de la liturgia de hoy, 30 de julio, Jesús nos viene a decir que no se puede pertenecer el Reino de Dios todo aquel que disienta de la sanitidad divina; como los peces en mal estado o las prendas viejas ocoruidas que serán deshechados.
El reino de Dios es, pues, un reino de santidad y gracia; donde no tienen cabida los que se autodescartan con su maldad. En el Reino eterno de los cielos, es decir, en la gloria de Santos de los santos no podrán entrar aquellos que -como ha dicho Jesús en repetidas ocasiones- no superen la criba del juicio final. Son muchos los avisos referentes al riesgos de acabar en el infierno si se lleva una vida depravada.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 47-53

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los cielos se parece también a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.
¿Han entendido todo esto?’’ Ellos le contestaron: “Sí”. Entonces él les dijo: “Por eso, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo”.
Y cuando acabó de decir estas parábolas, Jesús se marchó de allí.

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Catena Aurea

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 47,2
Después de haber recomendado el Señor por las anteriores parábolas la predicación del Evangelio, a fin de que no nos confiemos solamente en esta predicación y de que no pensemos que para salvarnos basta la fe, añade otra parábola, diciendo: «También el reino de los cielos es semejante a una red».

San Jerónimo
Después de cumplida la profecía de Jeremías: «Yo os enviaré muchos pescadores» ( Mt 16,16) y después que Andrés, Santiago y Juan oyeron aquellas palabras: «Seguidme y os haré pescadores de los hombres» ( Mt 4,19), tejieron para sí del Nuevo y del Antiguo Testamento la red de los dogmas evangélicos, y la lanzaron al mar de este mundo. Y esta red está aún tendida en medio de las olas, cogiendo todo lo que cae entre los remolinos engañosos y amargos, es decir, los hombres buenos y malos. Y esto es lo que significa: «De toda clase», etc.

San Gregorio, homiliae in Evangelia, 11,4
O de otra manera, se compara la Iglesia Santa a una red porque ha sido entregada a unos pescadores, y todos mediante ella son arrastrados de las olas de la vida presente al reino eterno, a fin de que no perezcan sumergidos en el abismo de la muerte eterna. Esta Iglesia reúne toda clase de peces, porque llama para perdonarlos a todos los hombres, a los sabios y a los insensatos, a los libres y a los esclavos, a los ricos y a los pobres, a los fuertes y a los débiles. Estará completamente llena la red, esto es, la Iglesia, cuando al fin de los tiempos esté terminado el destino del género humano. Por eso sigue: «La cual cuando está llena», etc., porque así como el mar representa al mundo, así también la ribera del mar figura el fin del mundo, y es en este momento cuando son escogidos y guardados en vasijas los buenos, y los malos son arrojados fuera. Es decir, los elegidos serán recibidos en los tabernáculos eternos, y los malos, después de haber perdido la luz que iluminaba el interior del reino, serán llevados a las tinieblas exteriores, porque ahora contiene la red de la fe igualmente, como a mezclados peces, a todos los malos y buenos. Pero luego en la ribera se verá los que estaban dentro de la red de la Iglesia.

San Jerónimo
Porque cuando esté en la ribera la red, se verá con claridad la separación de los peces.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 47,2
¿En qué se diferencia esta parábola de la de la cizaña? Porque en ésta, lo mismo que en aquélla, unos se salvan y otros perecen. En esta última, a la verdad, perecen por la herejía de sus perversas doctrinas; en la primera parábola de la simiente, porque no hacían caso de las verdades que se les proponían, y en la parábola de la red por su mala vida. Porque, aunque han sido cogidos ellos en la red, esto es, aunque gozan del conocimiento de Dios, por sus iniquidades no pueden salvarse. Y con el objeto de que nadie juzgue que las palabras: «Los malos serán arrojados fuera» significan un castigo suave, el Señor demuestra la gravedad de ese castigo exponiendo las referidas palabras, cuando dice: «Así será en la consumación del siglo: saldrán los ángeles y separarán los malos de entre los justos», etc. Aunque en otro lugar diga ( Mt 25) que El mismo los separará como separa el pastor las ovejas de los cabritos, dice aquí, sin embargo, lo mismo que en la parábola de la cizaña, que esto lo harán también los ángeles.

San Gregorio, homiliae in Evangelia, 11,4
Mas todo esto es más bien para temer que para exponer; porque con el objeto de que nadie pueda alegar la excusa de que ignoraba esta doctrina, apoyándose en la oscuridad de los suplicios eternos, el Señor dice sin rodeos los tormentos que experimentarán los pecadores.

Rábano
Cuando llegare el fin del mundo, entonces aparecerá con toda claridad la separación de los peces. Y los buenos, como en un tranquilísimo puerto, serán llevados a las vasijas de las mansiones celestiales, y la llama del infierno recibirá a los malos para tostarlos y desecarlos.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 47,2
Después de haberse retirado las gentes, habla el Señor a sus discípulos en parábolas, de las que habían adquirido conocimientos suficientes para comprender lo que El les decía. Por eso les pregunta: «¿Habéis entendido todas estas cosas?» Y ellos dijeron: «Sí».

San Jerónimo
Este discurso es propiamente para los Apóstoles, a quienes el Señor exige no sólo el que oigan lo que El dice a los pueblos, sino que lo comprendan de manera que puedan enseñarlo a los pueblos.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 47,2
En seguida los alaba el Señor porque le han comprendido y por eso dice: «Todo escriba saca de un tesoro cosas nuevas y viejas», etc.

San Agustín, de civitate Dei, 20,4
Y no dijo el Señor cosas viejas y nuevas, cosa que indudablemente hubiera dicho si hubiera preferido el orden de los tiempos al de los méritos. Los maniqueos, que pretenden admitir sólo las nuevas promesas de Dios, permanecen como enclavados en los antiguos errores carnales, e introducen un nuevo error.

San Agustín, quaestiones evangeliorum, 1,16
Yo no sé si el Señor quiso en este pasaje sacar la conclusión de lo que dijo antes sobre el tesoro escondido en el campo (porque bajo el nombre de Escrituras Santas están comprendidos el Nuevo y Antiguo Testamento), o si quiso dar a entender que debe tenerse por docto en la Iglesia a aquel que comprende las Antiguas Escrituras explicadas por parábolas, a fin de que en Aquel que aún habla por parábolas, todas las cosas de la Escritura reciban su cumplimiento y manifestación hasta que por su pasión rompa el velo (porque nada hay oculto que no sea revelado) y conozcamos mejor todas aquellas cosas que desde tanto tiempo están escritas de El, y envueltas en parábolas, que los judíos toman a la letra, y pretenden ser sabios en el reino de los cielos.

San Gregorio, homiliae in Evangelia, 11
Si por cosas nuevas y viejas se entiende, como quieren algunos, los dos Testamentos, es preciso negar que fue docto Abraham, quien, aunque conoció los hechos del Nuevo y Antiguo Testamento, sin embargo, no supo expresarlo. Tampoco podemos comparar a Moisés con el docto padre de familia, porque, aunque él enseñó el Antiguo Testamento, nada dijo del Nuevo. Pero las palabras del Señor deben aplicarse, no a ellos, sino a los que pertenecerán a la Iglesia. Estos sacan de su tesoro las cosas nuevas y antiguas cuando por sus costumbres y sus palabras predican los dos Testamentos.

San Hilario, in Matthaeum, 13
Habla el Señor aquí a sus discípulos y los llama escribas a causa de su saber, porque comprendieron lo que El dijo sobre el Antiguo y Nuevo Testamento, esto es, sobre el Evangelio y sobre la ley, pues los dos pertenecen al mismo padre de familias y los dos forman un sólo tesoro; bajo el nombre de padre de familias compara a sus discípulos con El mismo, porque han encontrado en ellos las doctrinas de las cosas antiguas y nuevas en el Espíritu Santo.

San Jerónimo
O también llama escribas a los Apóstoles, porque eran como notarios del Salvador y escribían sus palabras y sus preceptos sobre las tablas de carne del corazón humano ( 2Cor 3) mediante los sacramentos del reino de los cielos, y gozaban de las riquezas del padre de familias y sacaban del tesoro de su ciencia las cosas nuevas y antiguas, de suerte que comprobaban cuanto predicaban en el Evangelio con citas de la ley y de los profetas. Por eso dice también la esposa en el Cantar de los Cantares: «Te he reservado para ti, amado mío, las cosas nuevas juntamente con las antiguas» ( Cant 7,13).

San Gregorio, homiliae in Evangelia, 11
O de otra manera, la cosa antigua es el género humano pereciendo por su culpa en el suplicio eterno; y la nueva es el que vive en el reino después de convertido. Primeramente nos propuso como figura del reino el tesoro hallado y la perla preciosa. Después nos ha dicho las penas del infierno y el fuego que sufrirán los malvados, y por vía de conclusión añade: «Por eso el escriba sabio saca de su tesoro las cosas nuevas y antiguas», etc., como si dijera: Aquél es en la Santa Iglesia predicador sabio, que sabe sacar de la suavidad del reino las cosas nuevas, y decir por el terror del castigo las cosas antiguas, a fin de aterrar con los castigos a aquellos a quienes no convencen los premios.

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