- El materialismo en sí mismo, como propuesta para la existencia humana, es absurdo, porque es finito incapaz de satisfacer la infinitud del espíritu humano.
- El ser humano actual es el más expuesto a la mundanidad que ha existido. Y la mundanidad es la enfermedad más mortal que ha habido para el elevado espíritu humano.
- Dios está con nosotros, desapercibidamente, está como si no estuviera, pero de manera necesaria, imprescindible, para sostener todo, para que todo cuanto es siga siendo, para que se mantenga en pie, pero sin intromisión, con el respeto silencioso que merece la libertad humana. Sólo Dios lo puede llevar cabo tal cosa: estar sin coartar; ninguna otra «inteligencia» podrá jamás realizar guardando un imposible equilibrio de no remplazar ni interferir.
- San Juan Evangelista conoció a Jesús con 18 años, siendo discípulo de San Juan Bautista. Es decir, vivía desde jovencito en la perspectiva mesiánica. Y reveló en sus escritos con lenguaje distinto a los demás evangelista, y así dijo que la Palabra por el que todo se ha hecho se hizo carne, el Verbo es Jesús, el logos, la razón, el sentido… de cuanto existe, el alfa y omega, principio y fin.
- La misericordia de Dios es imparable. Es la gracia arrolladora que mueve la vida, el mundo y cuanto existe eternamente. Es la esperanza nuestra que no decae jamás; pues el amor misericordioso de Dios es infinito, para siempre, eterno.
- No hay límite para Dios, y nosotros no podemos ponernos límite. Dios puede hacer todo en nosotros: Dios nos puede hacernos santos. Es más, precisamente eso es lo que Dios quiere para nosotros. La gloria de Dios es la santidad de sus hijos.
- La santidad es la seña de identidad de nuestro origen, causa de nuestro ser, y lo que nos hace ser según nuestro Creador, que es santo y que nos quiere cual Él, como seres filiales, hijos «divinizados» por la santidad: «Si ustedes saben que Dios es santo, tienen que reconocer que todo el que practica la santidad ha nacido de Dios. l Miren cuánto amor nos ha tenido el Padre, pues no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos.» (1 Juan 2,29-3,1).
- Una obra pequeña obra de la gracia, puede ser mayor que una mayor realizada por el «noble» imperativo moral. Dios mide las cosas en términos de santidad.
- En la cultura del placer ha supuesto que cada cual haga a lo que dé la gana, sin restricciones ni responsabilidad, por su mal uso, por un uso desordenado y perjudicial. Así, pues, el sexo como objeto de placer sin más, es muy aplaudido y promocionado por industrias como la cinematográfica, sin atender a las consecuencias, que las hay, desde la cosificación y merma de la grandeza humana de la sexualidad, hasta los abortos en su gran mayoría producto de la promiscuidad.
- El amor, el agápe, el amor sobrenatural, el que no se reduce al comportamiento «natural» humano (instintivo), el amor sobrehumano es la caridad trinitaria, la vida divina, el clima de Dios, la luz de Dios, la visión de Dios…, y la realidad, las cosas que nos suceden, las cruces… las comprendemos desde esa dimensión nueva y excelsa en que nos hemos introducido, es la sabiduría divina.

