- Cuando el mal se ceba con el bien, es la confirmación de que este es la verdad. Esto ocurre con la desaforada excepcionalidad que padece la religión cristiana. No nos cabe sino que concluir que nuestra fe religiosa en Cristo Jesús es la verdadera.
- En la medida que amamos, somos, nos realzamos, nos santificamos, nos “divinizamos”, pues nuestro origen y nuestro destino es el Amor divino.
- No importa lo que nos ocurra ni lo que estemos haciendo, lo verdaderamente importante es cómo lo llevemos a cabo, la cantidad de bondad que pongamos en ello.
- Con la locura globalista y wokista se nos ha pretendido hacer creer algo tan asombroso como que una persona con pelo en el pecho, con pene, con total aspecto y biología de hombre, que por el simple hecho de que se sienta mujer ya lo es. Es decir, lo que une siente (como el que oye voces) ha de ser tenido como verdad objetiva y real. Y esto es lo que esta gente progre nos han querido vender como verdadero, y si no, prepárate, que te aplican la ley del odio (como descartas eléctrica, vamos). En fin, después de esto sólo nos queda lo del burro volando. ¡Cosas veredes, amigo Sancho!, que exclamo perplejo don Quijote.
- Una de las cosas más chocante en la actualidad es que la política influye en lo religioso o eclesiástico, cuando históricamente quien en realmente ha influido en la res o cosa social, en su clase política, fue la religión. Lo cual arrastra a que lo religioso se mundanice y no a que la sociedad y sus miembros eleven su mirada al cielo.
- Cuando el poder (político) define la realidad diseñándola ideológicamente la falsifica, la pervierte, la desnaturaliza eliminado la verdad consistente de la naturaleza, una naturaleza dada por Dios y a respetar por los hombres. Pretender definir la realidad no es sino el original pecado de soberbia que lo trastoca todo alejándonos de la voluntad de Dios.
- La dignidad humana conlleva derechos y deberes. Entre aquellos está el de la libre voluntad, el decidir por propia iniciativa y hacerse responsable de ello; entre estos, el de cumplir con el deber. Asumir esto es condición de su ser personal. Así somos, porque así estamos hechos, con esta naturaleza, de la que no podemos saltar fuera, como no lo podemos hacer de nuestra sombra. Hoy en día hay un impertérrito empeño por ignorar esta nuestra naturaleza humana.
- La fe en sí no es mucho, como las obras tampoco. La fe es importante en cuanto a lo que supone: hace trascender el alma, la abre los ojos, ve lo que no veía, lo verdaderamente relevante, lo que permanece para siempre, mira como mira la realidad Dios. Ve a Dios en su infinita misericordia, y las obras que hace a partir de entonces no son voluntarismos ciegos, sin más, son obras impregnadas de lo que no perece, de la gracia que es eterna.
- Hay quien piensa que se puede ser muy inteligente indistintamente de ser bueno o malo. Pero esto en realidad no es cierto; no hay persona mala que pueda ser inteligente, pues la maldad es propio de los tontos morales, y sin ser moralmente íntegros, ni buenos o bondadosos, que ennoblezca y eleve a la persona hacía la perfección, santidad y felicidad, no se puede hablar de inteligencia sino de fracaso humano y por tanto, ser tonto de remate.
- Los progres de nuestros días, tan fanáticamente ideologizados, que distorsionan la realidad y tratan de adoctrinarnos a “su verdad”, bien harían en tener presente lo que Marx apuntara sobre la superestructura: la cual vendría a ser como la metafísica ideológica que trata de apropiarse de la realidad (estructura), manipulándola, creando una conciencia social según forma de pensar.
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