- Somos por naturaleza religiosos, y quien se vuelve ateo, se traiciona a sí mismo: hemos sido creados con unas características que nos son propias, como la inteligencia, la voluntad, la memoria, también se nos ha dado la conciencia -ese requerimiento a determinarse por lo bien, lo justo, lo honrado, etc.- y la apertura a la trascendencia, a la relación con Dios. Todo ello se halla naturalmente inscripto ontológicamente en ser humano.
- Lo que hagamos a diario no es lo importante, lo realmente importante desde el punto de vista de la fe, es cómo lo hagamos o la motivación por la que lo hagamos; esto distingue al cristiano del que no lo es: cuando hace lo que hace, por pequeño que sea, movidos por Dios, por su amor.
- La Iglesia ha de ser libre de vinculaciones con el mundo, de las ataduras con poderes mundanos, en especial de la dependencia de los Estados, para estar en disposición de tener una voz profética, de denuncia de la inmoralidad, de proclamar la verdad y el bien y de ser signo de contradicción según el Evangelio que anuncia con el testimonio y la palabra.
- Orar es fundamental. Es decir, total importancia para… La finalidad o el porqué, que puede ser varios y de vital importancia en el ser cristiano, no vamos a entrar en ello pues lo que ahora nos importa constatar es la dedicación de su tiempo que los santos empleaban en orar. Todos -que son un ejemplo y nos muestran en camino- dedicaron horas -5, 6, 7 y más- diariamente a la oración.
- Dios camina con el hombre, aún éste cojeando, y a veces precisamente porque éste cojea, y muchas veces sin que éste lo sepa.
- Decía Karl Barth: “Cristo padece. Por lo tanto, no conquista. No triunfa. No tiene éxito… No consigue nada más que… su crucifixión”. Esto bien pensado nos debería llevar seguramente a cambiar nuestra perspectiva: nuestro concepto de éxito, de eficacísimo, de hacer cosas relevantes, de logros, etc., especialmente en el ámbito espiritual.
- Hoy día -como jamás ha ocurrido a lo largo de la historia, en esta magnitud y profundidad- se está dando un autentico proceso de demolición de la naturaleza humana, de su conciencia, de su esencia, de su alma. Al ser humano, que es moral y religioso por naturaleza, se le está tratando de arrebatar esa grandeza única y excepcional.
- El ser humano, en la medida en que se aleja de Dios, en esa misma medida deja de ser él mismo. Es decir, que somos especie humana en cuanto que somos presenciados por Dios, agraciados divinamente. Somos portadores de la marca de fábrica «hechos a su imagen y semejanza».
- Que nadie se rompa la cabeza pensando en cómo amar a Dios. La cosa es muy simple: haciendo su voluntad (ya sabemos cuál es: cumplir los mandamientos, vivir las bienaventuranzas, amar al prójimo, actuar con buena voluntad, etc.), o como bien dice de cómo amar a Dios san Francisco de Sales: «no hay ningún método para amarle fuera de hacer lo que le agrada».
- Para tener una relación sentiente de amistad con Dios, hemos de librarnos de tantas cosas…, hemos de vaciarnos de los idolocillos que llenan nuestro interior para dejarle espacio a Él, y ponernos a su escucha y merced. De lo contrario, viviremos como si no existiera.
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