Más sobre la renta básica, salario universal o ingreso mínimo vital

Este es una realidad que se va a imponer con el tiempo, un tiempo no lejano. Cuando hace unos años, pocos, se oyó hablar por primera vez, sonaba a raro, disparatado; hoy, pasada una década, si acaso, es un debate normal y corriente, y que se hará real -nos atreveríamos a pronosticar- ya mismo, al menos parcialmente.

Es decir, que se trabaje medía jornada, ante la escasez de trabajo, se impone su reparto, y que se cobre, pues, también la mistad, y la otra mitad que sea salario mínimo vital o renta básica.

No cabe alternativa. Guste o no, habrá de ser así. Pronto, si no ya, no habrá trabajo para todo el mundo. Esto es una obviedad de la que hay que extraer consecuencias.

Hay quien se alarma diciendo que eso conduce a la vagancia, a que la gente viva sin el sudor de su frente, sin una actividad con la que contribuir a la sociedad, y a través de ella se realice y dignifique, etc. A estos no cabe sino decirles que aunque no trabaje tanto o poco en comparación con la actual jornada laborar, si que podrá y deberá emplear su tiempo disponible en otra actividad, aunque no fueran remuneradas, para no estar ocioso, de tipo artísticos, creativos, sociales, religiosos, etc., Lo cual, pues, a su vez serían incluso actvidades más humanas, elevadas y dignidad, en comparación con los actuales trabajos, que muchos de ellos, son ingratos, monótonos y hasta embrutecedores o medio esclavizantes, y de los que la mayoría se encuentra -según estadísticas- insatisfechos.

Amén de ello, también hay alguna otra ventaja; como al no disponer demasiado dinero sino lo justo y necesario para vivir, la gente no ambicionaría el tener y amontonar, sin envidas ni rivalidades competitivas, y se viviría de forma austera y moderada.

La renta mínima o salario básico vital se abrirá paso en Occidente; pero muy pronto se extenderá al mundo entero, universalizándose. Con ello, se acabará, por fin, con el hambre en el tercer mundo y en la tierra entera, al no haber tampoco pobres sin techa tirados en las aceras de nuestras calles del primer mundo.

Esta solidaridad interhumana de repartir los bienes para que nadie necesidad, es algo muy cristiano, en el sentido de que todos somos hermanos e hijos de un mismo Padre, que nos ha creado a imagen de su Hijo, y hermano mayor nuestro. Es, pues, una razón fraterna, puramente cristiana, y que lo cristianos deberíamos impulsar, y no permitir que nadie nos adelante, y lo que es de necesidad, acaben apuntándoselo como una conquista social universal e histórica.

De los Hechos de los Apóstoles(2,44-46) : “Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.  Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón”.

En fin, que el mejor trabajo es aquel que se hace por el Reino de Dios. Como decía san Felipe Neri: “quien no trabaje por Cristo no sabe lo que hace”.

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