Los pequeños detalles

Nuestra vida cotidiana está llena de una sucesión de momentos «intrascendentes», donde se plasma la verdad de nuestro ser, en ellos se encarnan las decisiones que tomamos y dan relieve a lo que vamos haciendo de nosotros mismos. Pensamos que no tienen mayor importancia, porque son pequeños, pero nos equivocamos; ahí se juega todo.

Pequeños detalles que van forjando la santidad, en este caso el de santa Teresa de Lisieux; a quien Papas le han llegado a llamar la santa más grande de los tiempos modernos:

  • En el lavadero una hermana la salpicaba con agua sucia. Teresa nunca se quejó.
  • Otra hermana tintineaba con las cuentas del rosario. Teresa aguantó hasta encontrarlo melodioso.
  • Una anciana inaguantable se impresionaba por las sonrisas que le dirigía Teresa.
  • En verano les ponían una jarra de sidra para dos. La otra se la bebía toda. Teresa no pedía agua , para no mostrarle que ella también tenía sed.
  • En el caballete de pintura, a ella le gustaba dejar todo ordenado, y la molestaba el que otras hermanas lo dejara todo de cualquier manera; ella callaba sin mostrar malhumor.
  • Cuando descubrió la enfermedad mortal, quedó serena y en paz.

El futuro Juan Pablo I quedó sorprendido al conocerla: «Es una barra de acero, por su valentía y fuerza de voluntad».

 

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