No tenían ni dónde caerse muertos

Por no tener «no tenían ni donde caerse muerto». Esta castiza expresión viene a significar el grado sumo de pobreza de alguien. Pues así eran estos santos, de una pobreza extrema.

Claro, habría que empezar con el que es el Santo de los Santos, Jesucristo: Amén de nacer siendo reclinado en un pesebre, dormía generalmente en suelo según se puede apreciar en la afirmación del evangelio «se fueron a dormir al monte de los Olivos, donde solían ir a pasar la noche»(cf. Lc 22,39). «Las raposas tienen cuevas y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza»  (Mt 8,20). Que murió en una cruz y le sepultaron en una tumba donada.

Santo Domingo de Guzmán no tuvo lecho jamás, y, cuando en sus viajes se lo ponían, lo dejaba siempre intacto, durmiendo en el suelo y sin utilizar siquiera una manta para cubrirse, aun en tiempos de mucho frío. En los conventos ni celda siquiera tenía, pasando la noche en la iglesia en oración… Para morir tuvieron que llevarle a una celda prestada. Al morir en 1221 le acostaron en un colchón prestado pues tenía.

Santo Lorenzo Justiniano, obispo de Venecia, nació de una familia noble veneciana en el 1381. Acostumbrado a las auras penitencies, cuando, ya anciano y enfermo, quisieron cambiarle la cama de paja por un colchón de plumas, protestó: “Cristo murió sobre la cruz, ¿y yo voy a morir en un colchón de plumas?”.

San Cayetano nació en Vicenza en 1480. Era de familia noble. Cae enfermo en el verano de 1547. Los médicos le aconsejan poner un colchón sobre su cama de tablas, el respondió: «Mi salvador murió en la cruz; dejadme pues, morir también sobre un madero». 

San Roberto Belarmino Su virtud característica fue la caridad, acompañada de una gran austeridad en todas las cosas. Entregaba todas sus cosas, hasta lo más propio y elemental para favorecer a los necesitados. Tanto es así que fue conocida, posteriormente, la anécdota del colchón del cardenal: veinte veces regalado a los pobres y veinte veces rescatado por su mayordomo, que no podía soportar que el santo cardenal durmiera en el suelo.

Santa Zita nació en Lucca, Italia, en 1218, de una familia campesina pobre, pero muy piadosa. El dinero de su sueldo lo gastaba casi todo en ayudar a los pobres. Dormía en una estera en el puro suelo porque su catre y colchón los había regalado a una familia muy necesitada.

San Pedro de Alcántara, abandonó el mundo para entrar en la Orden franciscana. Vivió en una austeridad extrema. Apenas dormía un rato, sin acostarse, sentado apoyaba la cabeza sobre un madero. 

San Juan Pablo II, según testimonio de algunos próximos que lo vieron, dormía en el suelo. Y, como todo Papa, a la hora su muerte ningún pariente heredó nada de él, pues nada poseía.

 

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