
En la ciudad de la luz, en el momento de la inauguración de la Juegos Olímpicos, ¡Oh, sarcasmo!, se produjo un apagón. En la apoteosis de la infamia y la burla de una ciudad babilónica, París, a la que la bien la cabria el título apocalíptico de la Ramera, se escenificaba la apoteosis del Espíritu del Tiempo, de la mundanidad, de la mentalidad o cultura, con sabor a desparrame, a demasía inmunda, a cultura de muerte. Sobre esa letal oscuridad, sobre esas sombras de muerte, sobre sale allá al fondo, flotando por encima de esta lúgubre desdicha de decadencia, la ilumina por una Luz sobrenatural la capilla de la Adoración Perpetua (en la foto), que lleva en Paris sin apagar noche y día desde hace 180 años. Dios es así, en medio de cenagal batiburrillo ideológico-moral de una sociedad decadente y enferma, da su propia pincelada al cuadro, como diciendo -advirtiendo-: ¡Estoy aquí!
Se evidencia cada vez más el poderío que en el mundo está adquiriendo Belcebú -al que se ha mencionado explícitamente y sin remilgos en la inauguración de los Juegos Olímpicos en Francia-. Todo lo cual ha representado un desafío a la cultura dimanante de la doctrina cristiana, mayormente. El mundo, en sus protagonistas más ideologizados, está en rebelión contra lo querido por su Creador. Todo esto no es sino un tocarle las narices al Señor de todo. Ya veremos. Todo tiene un sabor apolítico.
La batalla por el alma del mundo está planteada de manera definitiva. Ya no hay tiempo para el perdedor, pues la velocidad vertiginosa de los acontecimientos, propiciada por la tecnología digital, mayormente, está haciendo que todo se precipite en breve espacio de tiempo. Ahora bien, en esta batalla a muerto Belcebú o Príncipe de las tinieblas -aunque él se niega a reconocerlo, presa de su mentira- ya ha sido derrotado: Hace 2000 años, el Hijo de Dios lo venció elevándose sobre el trono de una madero.
En la ceremonia de inicio de los Juegos Olímpicos en París nuestra cultura está dando los últimos coletazos de la cultura de la cancelación en la que se ha condenado toda herencia del pasado: greco-romano-cristiano. Así, y de manera alarmante, lo han señalado muchos medios del mundo:
Un grupo de activistas transgénero se burla de la Última Cena durante la inauguración de los JJOO
París sufre un apagón masivo un día después de la inauguración de los Juegos Olímpicos
La prensa satírica se ceba con Macron: «Últimos Juegos Olímpicos antes de la guerra civil»
Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
