La Virgen de la Disponibilidad

En ese momento en que el enviado de Dios, Gabriel, comunicará a María que ella era la tan esperada por el Pueblo Elegido para ser la alumbradora del Mesías prometido, el «fiat» de María la llevó a un vuelco total de su vida. Todo cambió para ella, además que para todo el mundo; pero nos queremos fijar el María, cuya existencia quedó profundamente alterada, como si hubiera nacido de repente a una vida nueva.

El papa Francisco evocó a María, en la JMJ portuguesa, bajo una original advocación: La Virgen «Apresurada».

 26 El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, 27a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 28El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». 29Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. 30El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. 31Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. 32Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». 34Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?». 35El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. 36También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, 37porque para Dios nada hay imposible». 38María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel se retiró. 39En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá (Lc 1,26-29).

«En la Jornada Mundial de la Juventud el Evangelio propuso a los jóvenes el modelo de la Virgen María. En su momento más crítico, [María] va a visitar a su prima Isabel. Dice el Evangelio: «Se levantó y partió sin demora» (Lc 1,39). A mí me gusta mucho invocar a la Virgen bajo este aspecto: la Virgen «apresurada», que siempre hace las cosas apresurada, nunca nos hace esperar, porque Ella es la madre de todos.» (Papa Francisco, Audiencia de 9 de agosto de 2023. Catequesis. El Viaje apostólico a Portugal con motivo de la XXXVII Jornada Mundial de la Juventud).

Ella no fue el Camino, pero sí quien indica el Camino a seguir: el de la disponibilidad, la de servicialidad, la de estar a atenta a las necesidades de los demás, la de olvidarse de sí para apresurarse a asistir a los otros.

La disposición de María es el estilo de su vida. Ella así, nos indica el camino. El camino de los seguidores de Cristo, el de la servicialidad: «no he venido para ser servido sino para servir».

Si nos reparamos en los momentos en que ella aparece en los Evangelios, tiene intervenciones de estar a disposición…, de Dios, de los demás, del momento… Ella está donde debe estar, donde Dios quiere, a disposición del Reino, donde los demás la necesitan…

Con su pariente Isabel, en esos momentos difíciles del embarazo de una mujer mayor; en las bodas de cana, salvando de un apuro a los novios; en el nacimiento y presentación del Señor en el templo; en la compañía de su hijo en la cruz; en el nacimiento de la Iglesia en Pentecostés. Todo ello en su silencio de amor, calladamente, sin aparentar ni adquirir mayor protagonismo, aún sin comprender muchas cosas, tantas vicisitudes, y ¡aquello de una espada te atravesará el corazón! Todo lo guardaba en secreto en su corazón.

La Virgen Apresurada nos pone de manifiesto la disponibilidad de María para estar pendiente de los demás y ponerse a su servicio: son varías las escenas en los Evangelios en las que se nos muestra esta actitud la Virgen ante las necesidades de los demás:

En las bodas de Caná, ella, pendiente de las necesidades de los demás, repara en que a mitad del convite se ha acabado el vino, siente la pena de la angustia de los novios, y reacciona buscando solución: la de su Hijo, la de que Jesús manifieste ya quien es relanzando un milagro de amor, convirtiendo el agua en vino, y un vino aún de mejor calidad.

María siempre estuvo en el lugar preciso que Jesús la necesitaba para su misión, no solo a lo largo de su vida, sino también al final: estando al pie de la cruz, acompañando a su Hijo en la agonía; y después, en el inicio de la Iglesia, en Pentecostés, y más tarde apoyando a los apóstoles, como en el caso de la aparición en Zaragoza para alentar a Santiago.

María desde el momento de pronunciar el sí del «Hágase» en la Anunciación del arcángel Gabriel, toda ella fue un estar disponible de por vida a la causa del Reino de Dios, discretamente, sin protanonismos.

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