“La tristeza no es una actitud cristiana”

Esta frase del papa Francisco “la tristeza no es una actitud cristiana” revela, desde la versión negativa -la tristeza-, una verdad palmaria de la fe en Cristo: ser cristiano y tener en propiedad-como componente esencial- la alegría.

Cabría decirse que la tristeza no es una actitud cristiana, por principio, porque no es aptitud cristiana; porque no pertenece a la vida en que estamos hechos de origen, estamos hechos de una masa alegre.

 No hay cosa que entristezca más a un alma que el pecado; como no hay nada que la alegre tanto que el bien, el amor, la virtud… lo bueno, lo santo, lo bello… Todo ello perteneciente al dinamismo del Reino (reinado) de Dios, en el cual vivimos, nos movemos y existimos.  

De modo que para quien vive en esa dinámica espiritual no tiene más remedio que estar alegre, ser feliz. Es el reverbero de la santidad.

También el Papa dijo: “contra la tristeza, en la oración pedimos al Señor que mantenga en nosotros la renovada juventud del espíritu”. “El cristiano siempre es joven: joven. Y cuando comienza a envejecer el corazón del cristiano, comienza a disminuir su vocación de cristiano. O eres joven de corazón, de alma, o no eres plenamente cristiano”.

Quien vive de la esperanza y de la vida que no acaba, es decir, del Dios, el Eterno, se mantiene joven: renovado continuamente; de modo imperecedero, tal y como será la existencia en la vida que no acaba, en la Gloria celeste.De modo que quien vive en la esperanza de la vida que no acaba en compañía del Dueño de la Vida no tiene más remedio que estar permanente y eternamente alegre y joven.

“Una juventud que te hace mirar siempre con esperanza. Pero para tener esta juventud, se necesita un diálogo cotidiano con el Espíritu Santo, que siempre está a nuestro lado. Es el gran don que nos ha dejado Jesús: este apoyo que te hace ir adelante”.

Quien tiene por amigo y acompañante constante al Espíritu Santo, jamás puede estar dejar de estar alegre aún en los momentos dolorosos de la vida, pues más allá de esta coyuntura, se halla lo sustantivo: el ser queridos por Dios, que nos consuela, anima, cuida, alienta y está continuamente presente en nuestra vida.

 De manera que, como dice el papa Francisco: “Un cristiano triste es un triste cristiano: no va”. “El Espíritu Santo es aquel que nos acompaña en la vida, el que nos sostiene”. “El Espíritu Santo es el Paráclito. Paráclito quiere decir que ‘es el que está junto a mí para sostenerme’, para que yo no me caiga, para que avance adelante, para que conserve esta juventud del Espíritu”. “Que no perdamos esta renovada juventud, que no seamos cristianos jubilados que han perdido la alegría y que no se dejan llevar adelante. El cristiano nunca se jubila, el cristiano vive, vive porque es joven, cuando es un verdadero cristiano”.

De modo que quien esté triste que se lo vaya pensando y se pregunte si vive correctamente fe cristiana. A no ser por una causa invencible, es decir, una patología… (vg.: depresiones endógenas).

ACTUALIDAD CATÓLICA


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.