![]() En Madrid, una mujer joven, Verónica, de 32 años, con dos hijos pequeños, se ha quitado la vida. A consecuencia de un video pornográfico sobre su persona que se ha hecho viral en la red (entre le gente de la empresa Iveco en la que trabajaba y en su ambiente en general y familiar). Según parece con una anterior relación a la de su actual matrimonio se grabaron algunas escenas sexuales subida de todo; video que guardo ese individuo; el cual, pasados ya unos años, ha querido chantajearla a cambio de volver a tener relaciones… Tras la negativa, habría repartido el video a algunos correos electrónicos del ambiente de trabajo, los cuales a su vez lo reenviaron a otros y a si sucesivamente, hasta enterarse todo el mundo y resultar bochornoso, agobiante y llevar a la joven madre a un estado de angustiante y ansiado que le han precipitado a quitarse la vida.
Reflexión: De la persona que ha puesto en funcionamiento esa arma de destruir… mejor ni hablamos. Su miseria humana da pena. En cuanto a los que siguieron dando al reenviar, acelerando la movimiento de la bola de nieve… Otro tanto de lo mismo. El entorno más próximo (empresa, compañeros, amigos, familiares…) no supieron neutralizar o contrarrestar el influjo tan perverso y destructivo. Para nadie esto tiene un calificativo de ser totalmente inmoral: desde el que ve la pornografía (otro calificada de pecado), para el que la reenvía multiplicando el mal (perjuicio de la persona dañada y humillada, perjuicio para el que lo visiona morbosamente y también pecaminosamente o pornográficamente), etc. Todo esto poner bien a las claras la clase de humanidad que se está forjando en la sociedad contemporánea: gente sin escrúpulos, sin ninguna ética, sin respeto por nada ni nadie. Nadie se pregunta por esto. Nadie hace él mínimo de juicio crítico sobre el asunto. La normalización del mal es algo con lo que nos estamos acostumbrando, como si fuera algo normal, inevitable, con lo que hay que convivir y a lo que adaptarse. Sin más. Para adelante y a otra cosa. Somos fáciles para arremeter contra cualquier época pasada; para criticarla y sacarla los colores por cualquier defecto, vicio o mala educación. Y sin embargo, con nuestra realidad actual hacemos la vista gorda y hasta nos atrevemos a lanza loas a su progresismo. Esto es lo que hay: el retrato de un mundo en decadencia. ACTUALIDAD CATÓLICA
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