Las incorruptas Santas Formas de Alcalá de Henares

Santas Formas, en la capilla de la adoración perpetua en Alcalá de Hanares, actualmente.

Estas Hostias consagradas que durante siglos permanecieron milagrosamente incorruptas, al inicio de la Guerra Civil española de 1936 desaparecieron a consecuencia de la cruenta persecución religiosa que se desató. Desde entonces está desaparecidas, sin que se haya sabido de su paradero.

Al respecto de dónde se podrían encontrar hay una hipótesis no del todo explorada. Antes de hablar de ella, exponemos la historia de las Santas Formas:

La historia comienza en 1597. Ante el padre jesuita Juan Juárez estando confesando a los feligreses, un hombre se arrodilló y, visiblemente atribulado, le entregó 26 formas consagradas. Le confesó que se las habían dado unos moriscos que las habían robado de un sagrario. El padre Juárez consultó a otro sacerdote jesuita, el padre Vázquez, sobre qué hacer con ellas;  éste le aconsejó que no las entregara a la comunión (por si estuvieran envenenadas). Decidieron entonces dejarlas en una alacena. Puesto al corriente del hallazgo el rector de los jesuitas, Luis de la Palma, aprobó la idea de mantenerlas apartadas y dispuso además diversos cambios de ubicación para comprobar su reacción ante los cambios de humedad y temperatura. Fue pasando el tiempo, y las hostias no experimentaban variación alguna: se mantenían blancas y tersas como el primer día.

A partir de 1609 el padre Luis De la Palma comunicó a sus superiores la incorruptibilidad de las obleas. En 1619 una junta de religiosos de la ciudad determinó que se las podía calificar de “obra sobrenatural y significativa de la real presencia de Cristo Nuestro Señor”. Se mandó tenerlas, por tanto, por reliquias sagradas y rendirle culto. En abril de 1620, con motivo de la inauguración de la iglesia de Santa María, se veneraron por primera vez en procesión, a la que asistió el rey Felipe III. En 1626 el Ayuntamiento se unió a la devoción con un voto perpetuo en acción de gracias por una crecida del Henares que a punto estuvo de arrasar la ciudad.

A partir de ahí el fervor popular por las Santas Formas fue en aumento: con su procesión el sexto domingo de Pascua y, a partir de 1687, con la capilla erigida en su honor en un lateral de Santa María. El “Corpus de Alcalá” no perdió fuerza ni cuando se produjo la expulsión de los Jesuitas en 1767 y la custodia con las “sacratísimas formas” fue trasladada a la Magistral.

Desde entonces la devoción por las Santas Formas se mantuvo constante en la población alcalaína, hasta que llegaron en el siglo XX los tiempos convulsos de la República. La procesión no se celebró ni en 1932 ni en 1933. Se retomó en 1934 y las Santas Formas desfilaron por última vez en la primavera de 1936. En Julio de ese año, estalló la Guerra Civil, momento en que desaparecieron.

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Hipótesis: Su posible localización en Meco, población próxima a Alcalá de Henares.

Quien trajera la custodia con las Santas Formas y las escondiera junto con el párroco de Meco murió como también el sacerdote, que fue asesinado por los milicianos. Más allá de conjeturas, lo cierto es que al estallar la guerra civil, los días que siguieron a esa fecha fatídica del 18 de julio de 1936, fueron días convulsos y tremendos, de un desconcierto absoluto y una violencia extrema: la iglesia fue saqueada y todo lo que había de valor en ella robado o destruido. ¿Qué fue de la custodia con las Santas Formas? No se sabe; nadie lo sabe, ni si llegaron a Meco… Don Cecilio y, seguro, los sacerdotes del cabildo de la Magistral de Alcalá de Henares, sabedores de su destino, todos murieron en aquellos días, llevándose el secreto a la tumba.

Tal vez ocurriera así:  Don Cecilio, como sacerdote que llevaba muchos años, más de veinte, de párroco de Meco, sería muy conocido por los sacerdotes de alrededor, entre ellos los de Alcalá de Henares, con los que tendría gran amistad. Por lo tanto, cabe colegir que muy probablemente la tarde del 18 de julio, algún sacerdote de la iglesia Magistral de Alcalá, para poner a salvo las Santas Formas incorruptas, las trasladara hasta Meco, entregándoselas a don Cecilio; quien esa misma tarde noche las escondió. A la luz de lo que se sabe, ya desde el primer día de la guerra Alcalá de Henares ardía en enfrentamientos violentísimos, y que varios cientos de milicianos fuertemente armados salieron de Madrid, para tomar la ciudad alcalaína; lo cual sucedería, horas después, profanando y destruyendo iglesias y conventos; la Magistral, donde se hallaba la custodia con las Santas Formas, fue quemada y prácticamente arrasada. Por todo ello, es de lógica suponer que los sacerdotes de la Magistral, con buen criterio y preveyendo lo inminente, trataran de poner a salvo tan “valioso tesoro”.

Ahora tan sólo quedan especulaciones…

Pasados muchos años, un anciano sacerdote se presentó en la iglesia de Meco, y realizó en la sacristía unos cálculos, tras los cuales concluyó que las Santas Formas se encontraban ocultas allí, en su suelo.

Pero esta hipótesis jamás se ha verificado o falseado; simplemente no se ha considerado como posible.

 

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