La sangrante realidad del aborto: la legalización de la destrucción de la vida humana

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43 millones de niños fueron asesinados en el seno materno en 2021. No hay nada que detenga al ser humano de satisfacer sus deseos, sean de tipo que sean – malignos o no-. Si hay que degollar a un inocente no ya recién concebido, ni con 4, 7, 9 nueves, sino nacido… En Francia se hablaba de cuando aparezca la cabecita del bebe y antes de que salga todo el cuerpo y rompa a llorar, descabellarle en la nuca; a hora se habla en varios estados de EE.UU. de hasta a los 28 días después de nacer para proceder a su aniquilación. Es decir, la legalización del asesinato más vil y repugnante.

Esta especie de locura no tendrá fin, ya veremos cómo acabamos matando a todos los ancianos -con cualquier razón, que no han de faltar-, cuando pasen de una determinada edad, sin más, lo quieren o no. Es una cuestión de tiempo…, hasta que la maldad humana crezca lo suficiente, para lo cual -visto lo visto- ya queda poco.

Acabar legalmente con la vida de la gente, por el bien de la humanidad o de planeta mismamente, es una opción que ya se da: La solución del Primer mundo para el Tercero: el aborto.

Esto de legalizar -por votación de la mitad de un parlamento- el asesinato (o destrucción de un ser humano en estado embrionario) en cualquier estadio de su vida, sin atenerse a ninguna ley moral, basada en la racionalidad de la naturaleza humana, es como para echarse las manos a la cabeza ante una locura de maldad semejante. La soberbia humana por intervenir más allá de lo permitido no tiene límites; es lo del Paraíso: comer del árbol del mal.

De ello, ayer como hoy, se derivan trágicas consecuencias. Todo -las opciones tomadas- tiene consecuencias, nadad queda impune, sin más. Es cuestión de tiempo… en ver como se cristalizan.

Para los que creemos en Dios o respetamos su voluntad para todos nosotros expresada en la común naturaleza humana, que nos dice en el fondo de la conciencia lo que reza en el  artículo 2270 del Catecismo de la Iglesia Católica dice: «La vida humana debe ser respetada y protegida absolutamente desde el momento de la concepción«.

Para un creyente en Jesucristo como Dios y Señor, es imposible dejar de reconocer esa verdad: que Dios se encarnó en el vientre de la Nueva Eva, María, desde el momento de la concepción: la vida divina ya estaba allí. De modo parecido puede sentir una persona sin fe religiosa, pero con sentido común, en cuanto al menos acabar no ya con un cuerpo formado de meses en la vientre de la madre, cuando lo abortas y lo tienen entre las manos: ¡es un cuerpecito humano!, y es más, incluso antes, de días de concebido, cuando se interactúa para su eliminación es cuanto menos un atentado violento, un hecho destructivo, en contra de la vida natural. Y hay algo más: es la falta de respeto al misterio, a los límites que no se deben rebasar porque existe también la dignidad mística escondida y latente.

 Los pasos por los que transita una parte progre de la humanidad pone los penos de escarpias:

 En sentido contrario, gracias a Dios, surge un rayo de esperanza: también se está abriendo paso poco a poco una mayor sensibilización o concienciación de la postura contraria:

 

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