La solución del primer mundo para el tercero: el aborto

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Los países ricos en lugar de dar soluciones verdaderamente solidarias, que suponen un esfuerzo por su parte para atajar las hambrunas y las migraciones de los países pobres de la tierra, hogar común de la humanidad, se dedican a tratar de imponer como solución el que se aniquilen las vidas antes de nacer. Es decir, que para que no mueran más tarde que mueran pronto, o algo así.

Y no solo es que ofrezcan esa «posibilidad de solución», sino que es que incluso tratan de imponerla. A base de presiones, como ahora denuncia el sudafricano cardenal Napier, tratan de el aborto se establezca en los países africanos. Algo que poco a poco van consiguiendo.

Lo del primer mundo resulta casi obsceno: en lugar de aportar soluciones que les resulten gravosas -rascarse el bolsillo- para su bienestar avariento, invirtiendo a fondo perdido y creando industrias y condiciones de trabajo para esas zonas del mundo pauperizado, lo que proponen es inhumano; amén de que se valen de esa situación calamitosa y de debilidad de esos países para chantajearlos, coaccionándolos con el argumento que si quieren que se les ayuden con alguna prebenda puntual tienen que avenirse a hacer lo que ellos quieran: es decir, establecer el aborto.

De modo, la «solución» del primer mundo para el tercero se puede sintetizar en el refrán castellano de “muerto el perro, se acabó la rabia”. Para que no haya hambre en el mundo, acabemos con los potenciales hambrientos; es decir, para que nadie pase esta calamidad o se muera por la misma, acabemos previamente con ellos. Si no hay quién para morir, no habrá muertes por muchas calamidades, sequias, hambrunas que se susciten. Así de simple y así de fácil.

En cambio, no barajan la posibilidad de proporcionarles los alimentos y medios necesarios, de los que mundo anda sobrado, o la ya mencionada de renunciar a una parte de sus cuentas corrientes para fomentar el desarrollo y las condiciones de vida dignas, principalmente a través de crear puestos de trabajo y la formación y educación, así como el control de la corrupción de los dirigentes y la violencia de diferentes tipos (entre ellas, la religiosa).

 

Según informa InfoCatólica el cardenal Napier denuncia las presiones para imponer el aborto en el continente africano:

A través de su cuenta oficial en Twitter, el cardenal Wilfrid Fox Napier, arzobispo de Durban (República Sudafricana) ha denunciado las presiones para imponer el aborto por parte de los países donantes de ayuda internacional para los países africanos.

El cardenal recuerda que «el aborto bajo demanda es legal en cuatro países. Cabo Verde, Mozambique, Sudáfrica y Túnez».

Y añade que «en los siguientes veintidós países, el aborto está prohibido o solo se permite salvar la vida de la madre: Angola, República Centroafricana, Congo-Brazzaville, República Democrática del Congo, Costa de Marfil, Djibouti, Gabón, Gambia, Guinea-Bissau, Lesotho, Libia, Madagascar, Malawi, Mauritania, Nigeria, Santo Tomé y Príncipe, Senegal, Sierra Leona, Somalia, Sudán del Sur, Tanzania y Uganda»

A pesar de ello, el purpurado asegura que el impulso para legalizar el aborto está ganando terreno en África.

 

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