La sabiduría de los pequeños

Jesús exultó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios e inteligentes y las revelaste a los pequeños” (Mt 11; Lc 10).

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         Hubo un eclesiástico, teólogo muy letrado, que parecía saberlo todo. Cuando termino su ufana exposición, alguien le preguntó:

          ¿Quién sabe más de Dios usted o la santísima Virgen que llevó a Dios en su seno?

           Hombre…, quién si no su madre! contestó.

           A lo que aquél repuso:

           Pues sabe lo que hizo ella…

           Hubo un silencio, y añadió:

           Estar callada.

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Dios revela su saber al corazón silencioso que escucha humilde. 

Los pequeños, que parecen no saber nada, que pasan inadvertidos, sin hacer ruido, están en posesión de los secretos del Reino. Dios en su magna voluntad ha querido que fueran estos y no otros… ¡Ay de los sabios, ay de esos ricos intelectuales. Qué difícil lo tienen! La ciencia hincha, y esa hinchazón no deja espacio para Dios. 

Aquellas almas pequeñas a las que se revelan los secretos del reino no son precisamente las que conocen la ley, los enciclopedistas de la “teología”, la ciencia de Dios. Así ocurre siempre. El error básico es el de los suficientes y entendidos, el de los fariseos: la seguridad de ser los únicos portadores y destinatarios del reino de Dios.

Y es más “estos sabios” (sabiondos) hacen de su saber un dique a la irrupción libre e inesperada de la Sabiduría de Dios, de su Palabra reveladora, de su Espíritu. Revelación que queda reservada para los pobres desprovistos de atuendo mental, a los descomplicados, pequeños y sencillos; las almas cándidas gozan del este privilegio de la revelación de los secretos del reino. Esta es la autentica revolución del evangelio, que escapa a todo intento de manipulación.

El texto del evangelio de la misa de ayer, 29 de abril de 2021,según san Mateo (11,25-30) dice:

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

 

Jesús exultante de alegría y gratitud, y como Hijo que conoce al Padre, nos da a conocer que los misterios de Dios han sido revelados a la gente sencilla. Sí, así, porque al Padre le ha parecido mejor.

Y Jesús, el Hijo, es el indicado para dar a conocer “esas cosas”  —cómo es Dios— , encomendádonos que seamos, como Él es, mansos y humildes de corazón.

Estas son las almas de la predilección del Señor, que gozan del “saber” —sabor— secreto de las cosas de su Reino, a veces, sin que  ellas  mismas lo sepan; solo que las viven, las sienten, las disfrutan, es la gracia del reinado de Dios operando en ellas. Son almas envueltas en esa atmosfera amable, de calma, mansedumbre, suavidad, humildad, sencillez, inocencia, candidez, benevolencia, disponibilidad…

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Recogemos unas palabras de la homilía del papa Francisco en la misa matutina de Santa Marta del día 3 de diciembre de 2019, día de san Francisco Javier :

    • “La teología se hace de rodillas, haciéndonos pequeños”.
    • “El Espíritu elige lo pequeño, siempre”. “Sólo en un corazón humilde puede brotar el Espíritu de Dios”.
    • “La redención, la revelación, la presencia de Dios en el mundo comienza de esta manera y siempre es así. La revelación de Dios se hace en la pequeñez. Pequeñez, ya sea humildad, o muchas cosas, pero en la pequeñez. Los grandes se presentan poderosos, pensemos en la tentación de Jesús en el desierto, en que Satanás se presenta poderoso, dueño de todo el mundo: `Yo te lo doy todo, si tú….´. En cambio, las cosas de Dios comienzan brotando a partir de una semilla, pequeñas cosas. Y Jesús habla de esta pequeñez en el Evangelio.”
    • “En una comunidad cristiana donde los fieles, los sacerdotes, los obispos, no toman este camino de la pequeñez, no hay futuro, se derrumbará. Lo hemos visto en los grandes proyectos de la historia: cristianos que trataban de imponerse, con la fuerza, la grandeza, las conquistas… Pero el Reino de Dios brota en lo pequeño, siempre en lo pequeño, la pequeña semilla, la semilla de la vida. Pero la semilla por sí sola no puede. Y hay otra realidad que ayuda y que da fuerza: `Ese día, brotará una yema del tronco de Jesé, brotará un retoño de sus raíces. Sobre él se posará el espíritu del Señor´”. (La Primera Lectura del día corresponde al libro del profeta Isaías 11,1-10 donde se anuncia: “Aquel día, brotará un retoño del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y entendimiento,…”).
    • “Así lo dice Santo Tomás, he aquí la síntesis: `No tengan miedo de las cosas grandes – hoy también nos lo muestra San Francisco Javier – no se asusten, ir adelante pero al mismo tiempo, teniendo en cuenta las cosas más pequeñas, esto es divino´”.
    • “Señor, envía tu Espíritu para que yo no tenga miedo de las cosas grandes, para que no tenga miedo de que tú hagas cosas grandes en mi vida”.

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