
La significativa y preocupante progresión de la persecución del cristianismo. Todo pareciera que fueran los tiempos del cumplimiento de las profecías. Cuando a los que son «leño seco» -es decir, los seguidores del «Leño Verde«- les van tan mal. «Si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?» (Lc 23,31).
Este es un signo que, al final de los tiempos, tendría lugar su manifestación, con magnitud especial -pues los cristianos siempre en mayor o menor medida y en distintos lugares del mundo e igualmente el diferentes culturas hemos sido perseguidos-.
Aunque los cristianos lo asumamos como parte de la cruz de Nuestro Señor Jesucristo y que como seguidores suyos corremos el riesgo de seguir su suerte, no por eso debemos callarnos y reclamar la atención pública y cobertura mediática de tantos atropellos, de modo que se tome conciencia de la gravedad y que la ONU y Occidente alcen la voz de defensa de tantos cristianos brutalmente maltratados.
A persecución violenta, hay que añadir la cada vez mayor “persecución blanca” a través de una revolución cultural que parece arrastrarlo todo, se suman otros acontecimientos que muestran crecientes actitudes de odio e intolerancia, que asfixian la libertad religiosa.
El año pasado, 2021, más de 360 millones de cristianos perseguidos violentamente y discriminados en 100 países, con casi 6.000 asesinatos. Solo hay que asomarse a las noticias que día tras día se suceden en todas las partes del mundo, para comprobar cómo se riega de martirio de personas y cosas: coacciones, casamientos y conversiones forados, secuestros, atentados, asesinatos…, y hasta ataques a iglesias, destrucción de cruces e imágenes, robos de formas consagradas, etc. Y sin que el mundo, impasible, lo de la mayor importancia; con absoluta indiferencia miran para otra parte. Si grave es la persecución en sí, no menos es el silencio cómplice, un silencio asintiente.
Todo ello es consecuencia de la profusión de la maldad, de su avance de la capacidad de influencia en medio del Mundo, sin que se comprenda o se quiera poner nombre a “la mano que mueve la cuna”. Como dijera el profeta Daniel «la iniquidad aumentará» (12,4); «los impíos seguirán haciendo el mal; ningún impío comprenderá nada; sólo los doctos comprenderán» (12,10).
Ante esta realidad tan actual y trascendente –de tintes apocalípticos, en cuanto a los signos proféticos que se están cumpliendo– se comprende lo de Chesterton: “tanto como ayer me afecta todavía la batalla de Armagedón, mientras que las elecciones generales ya no me interesan”.
El cristianismo, y en especial el catolicismo, es la fuerza mundial que se opone al avance del mal. De ahí las continuas persecuciones a lo largo de su historia…, y tan acentuada y brutal en los tiempos actuales.
Los creyentes estamos llamados a estar atentos a los signos de los tiempos, a reconocerlos y a estar alerta y preparados, para no ser sorprendidos y no desfallecer, mientras nos encomendamos a la intervención de Dios. Pese a todos los dolores por los que pasamos, vivimos en la esperanza de que las fuerzas del infierno no prevalecerán sobre la Iglesia; así se lo promesa de Nuestro Señor Jesucristo a San Pedro (Mt 16, 18).
Son muchos los avisos que el Cielo emite para estos tiempos, a través de apariciones y mensajes, advirtiendo a los seres humanos a que no seguimos cada vez más por el camino del mal. Y si bien el “castigo” ya ha sido varias veces aplazado y alejado por la oración y el sufrimiento de los buenos, y en especial por la intercesión de la Santísima Virgen, ahora es claro que ya la humanidad está tocando el límite, más allá del cual no podrá pasar sin que el Cielo intervenga.
Como nos pidió el Señor Jesús: estemos en vela.
P.D.: Esta es la más reciente noticia:
Nueva masacre de agricultores cristianos a manos de pastores musulmanes fulani en Nigeria
Veintiún agricultores cristianos fueron asesinados por militantes fulani en cuatro aldeas diferentes de la comarca de Kauru, en el estado nigeriano de Kaduna. Según informa ICC/InfoCatólica
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