La responsabilidad de votar a políticos  abortistas

Harían bien en hacérselo mirar todos aquellos -y nos dirigimos a cristianos-católicos- que votan a partidos políticos que están por el aborto. Porque desde el punto de vista de fe choca que haya habido más católicos -no muchos más- que hayan votado a Biden y Kamala, dos proabortistas, que a Trump…

Trump habrá sido un exagerado en su ademanes y un tanto chulesco -si se quiere- y algunas otras cosas, con las que no estamos de acuerdo, y por lo que no le vamos a defender. Pero hay varias cosas fundamentales en las que ha acertado plenamente: su actitud ante la vida, siendo una persona que se ha manifestado contra el aborto y no ha favorecido políticas de ayudas a centros abortistas; el que no haya iniciado guerras en ninguna parte del planeta, como sí hicieron sus antecesores. Todo ello nuestra su carácter pro-vida. Además, es de aplaudir el respeto por la libertad religiosa; el logro de la aproximación de los países árabes a Israel y el reconocimiento de éste; los logros económicos; el que no se haya doblegado a intereses oscuros ni a especuladores de toda laya; el que haya dado un toque a la ONU, recortando ayudas, y el que -de alguna manera- haya parado los pies y no haya mirado a otra parte -como hacen otros países occidentales- en lo tocante a China y sus actitudes dictatoriales; y sobre todo el que supuesto un dique al inquietante NOM. 

Esta segunda parte es un añadido. Lo que realmente nos interesa desde un punto de vista de fe cristiana -y en este artículo- es el asunto de la vida. Porque la vida es la primero y sagrado. Lo demás admite una económica o elasticidad, y el cualquier caso es secundario frente al tema de la vida. Aquí no hay negociación posible: se está vivo o muerto, no cabe medio vivo o medio muerto.

Además de ser como un «dogma de fe» el derecho a vida del aún no nacido y no ser asesinado en el útero de su madre, está la contundencia -no ya plasmación teórica- de hecho irrevocable de que Jesucristo y san Juan Bautista tenían vida, existían ya en el vientre de sus respectivas madres (María e Isabel); abortarles habría tenido poca diferencia con el asesinato en la cruz o la decapitación que luego padecerán de ellos.

Esto cuestión de votar a quien está por el aborto, es muy grave; una opción que nos hace cómplices. Y si un cristiano vota a los que van a favorecerlo ha de preguntarse si realmente es  cristiano; por mucho que rece o vaya a misa. Tal vez tenga una falla en su vida de fe de la que lo es consciente, pero que el definitiva y realmente y en el más profundo es un ateo; pues Dios no cuenta verdaderamente para él, pues su voluntad -la voluntad Dios- no cuenta ni tiene incidencia de su vida. Es decir, que si no hacemos su voluntad, por mucho padrenuestros que recemos diciendo «hágase su voluntad….», no la hacemos, y por lo tanto viene a ser lo mismo de que no existiera. En definitiva, que usted, votante de posturas políticas proabortistas está siendo un ateo practicante.

(Ah, y una cosas más: ¡cuántos sacerdotes hablan en sus homilías de esto, de esta verdad sangrante! Callan por miedo a que se les diga que se meten en política. Pero el precio de su silencio es muy alto… Tan solo algunos hombres de creencia profunda y verdadera, valientes, como Eduardo Verástegui manifiestan abiertamente su postura pro-vida, y nos reconcilian con nuestra fe).

ACTUALIDAD CATÓLICA


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.