La primera pintada la hizo Dios

         La primera pintada data de hace 2.560 años. Fue realizada en la paredes del palacio real de Babilonia, y la hizo Dios, sin que los guardias pudieran atraparlo. Así consta en la Biblia, cap. 5 del libro de Daniel.

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            Baltasar, hijo primogénito de Nabonid, el último rey de Babilonia (555-539) y descendiente, nieto tal vez, de Nabucodonosor II, se ha reunido con sus amistades en un suntuoso banquete de mil comensales.  Es un festín sacrílego, donde príncipes, mujeres y concubinas beben en vasos sagrados de oro y plata, substraídos del templo de Jerusalén años atrás por las tropas de Nabucodonosor el Grande, y se liba en honor de los pequeños dioses caldeos, hechos de leño, piedra, hierro y bronce, con desprecio del único Dios, Yahvé.

           Y en medio de la fiesta tiene lugar la pintada en el revoco de las paredes del palacio, alumbradas con luces de candelabros. Una mano misteriosa escribe unas letras, y esta acción dramática asusta, sobrecoge, hace mudar el color y castañear las rodillas de Baltasar.

           Mené   Teqél   Ufarsin

           Estas son las palabras que parecen escritas, llenado de terror al príncipe caldeo. Ante los gritos de Baltasar acuden sabios, magos, adivinos y astrólogos. Se les pide una interpretación del manuscrito, se les promete el oro y el moro, pero nadie sabe dar una explicación.

           Es la reina madre la que, llevada del clamoreo de los príncipes  -dice el Libro Sagrado-, toma las riendas el asunto en aquellos momentos cruciales:

           Hay en tu reino dice a su hijo  un hombre con luz para interpretar sueños, entendimiento para resolverte dudas y sabiduría suficiente para explicarte los enigmas.

           No se podía hacer mejor panegírico de Daniel. Es llamado rápidamente a palacio y se pide al que tiene «el espíritu de los dioses» que interprete el significado de las palabras escritas en la pared encalada.

           Habla Balstasar:

           Tendrás vestidos de púrpura, collares de oro y un puesto importante. Serás el tercero en el reino.

           Y Daniel contesta con seguridad de quien se apoya en el Señor de todos los reyes y de todos los pueblos.

           Quédate con tus dones y regalos. Yo leeré ese mensaje.

           Y ante la expectación de mil comensales atemorizados, el profeta Daniel expone la interpretación de las palabras que los magos el monarca no han podido descifrar:

           —Lo que está escrito es: “Contado, Pesado, Dividido”

               Mené: Dios ha contado los días de tu reinado y les ha señalado el final.

              Teqél: Tu has sido pesado en la balanza y has sido hallado falto de peso.

              Ufarsin: tu reino ha sido dividido, y lo entregan a medos y persas.

 

           Baltasar, rey de los caldeos, fue asesinado aquella misma noche.

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La primera lectura de la liturgia de la palabra de la misa de hoy, 26 de noviembre, corresponde a la profecía de Daniel (5,1-6.13-14.16-17.23-28):

 En aquellos días, el rey Baltasar ofreció un banquete a mil nobles del reino, y se puso a beber delante de todos. Después de probar el vino, mandó traer los vasos de oro y plata que su padre, Nabucodonosor, había cogido en el templo de Jerusalén, para que bebieran en ellos el rey y los nobles, sus mujeres y concubinas. Cuando trajeron los vasos de oro que habían cogido en el templo de Jerusalén, brindaron con ellos el rey y sus nobles, sus mujeres y concubinas. Apurando el vino, alababan a los dioses de oro y plata, de bronce y hierro, de piedra y madera. De repente, aparecieron unos dedos de mano humana escribiendo sobre el revoco del muro del palacio, frente al candelabro, y el rey veía cómo escribían los dedos. Entonces su rostro palideció, la mente se le turbó, le faltaron las fuerzas, las rodillas le entrechocaban.
Trajeron a Daniel ante el rey, y éste le preguntó: «¿Eres tú Daniel, uno de los judíos desterrados que trajo de Judea el rey, mi padre? Me han dicho que posees espíritu de profecía, inteligencia, prudencia y un saber extraordinario. Me han dicho que tú puedes interpretar sueños y resolver problemas; pues bien, si logras leer lo escrito y explicarme su sentido, te vestirás de púrpura, llevarás un collar de oro y ocuparás el tercer puesto en mi reino.»

Entonces Daniel habló así al rey: «Quédate con tus dones y da a otro tus regalos. Yo leeré al rey lo escrito y le explicaré su sentido. Te has rebelado contra el Señor del cielo, has hecho traer los vasos de su templo, para brindar con ellos en compañía de tus nobles, tus mujeres y concubinas. Habéis alabado a dioses de oro y plata, de bronce y hierro, de piedra y madera, que ni ven, ni oyen, ni entienden; mientras que al Dios dueño de vuestra vida y vuestras empresas no lo has honrado. Por eso Dios ha enviado esa mano para escribir ese texto. Lo que está escrito es: «Contado, Pesado, Dividido.» La interpretación es ésta: «Contado»: Dios ha contado los días de tu reinado y les ha señalado el límite; «Pesado»: te ha pesado en la balanza y te falta peso; «Dividido»: tu reino se ha dividido y se lo entregan a medos y persas.»

 

 


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