La misericordia,  máxima expresión de la sabiduría

           Abre su boca con sabiduría, y en su lengua hay una doctrina de bondad (Prov 31,26).

         La sabiduría de arriba … es ante todo pura, pacífica, condescendiente, conciliadora, llena de misericordia y de buenos frutos, imparcial, sin hipocresía (Sant 3,17).

          «La misericordia y beneficencia son virtudes muy gratas a Dios y divinizan al hombre que las posee y lo convierten en una como imagen del bien; con lo que viene a ser copia de aquella primera e inmortal sustancia que sobrepasa toda inteligencia” (San Gregorio Niseno)[1].

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         El pensamiento se puede equivocar pero un corazón compasivo y bondadoso no se equivoca nunca.

         La misericordia tiene un origen divino, y es lo que proporciona humanidad, pues nos asemeja a la Imagen, al Hombre, a la Matriz de la que surgimos. Por contra, la deshumanización es la negación del ser del hombre. Quien no es hombre ignora su verdad, su identidad, su patria, su bien…

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         ¿Conque también vosotros estáis sin inteligencia? (Mc 7,17-18).

         La sabiduría consiste en la amistad con Dios, intimidad, connaturalidad, afinidad, tener gustos parecidos a Él.

         El saborear el amor es tener sabiduría, que es un conocimiento que escapa a los parámetros del mundo, su vista no lo alcanza, porque es de otro orden, es entrar en otra dimensión, a la que las cosas de aquí abajo no tienen acceso.  Para comprender el amor misericordioso, hay que haber sido agraciado un poco con él, haberlo recibido para saber de qué se trata. Eso es locura, sabiduría de Dios, que el mundo no comprende.

         La caridad, el ágape, el amor sobrenatural, el que no se reduce al comportamiento «natural» humano (instintivo), el amor sobrehumano,… es el clima de Dios, la luz de Dios, la visión de Dios, la vida trinitaria.

         Siendo formados en la caridad y en toda riqueza de plenitud de la inteligencia para llegar al conocimiento del misterio de Dios, que es Cristo, en el que se encuentran ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia  (Col 2,2-3).

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         «La bondad es la mejor fuente de clarividencia espiritual»[2].

       «El fin de la bondad es el mayor bien. Pero para reconocerlo es necesaria la sabiduría, que no es otra cosa que el conocimiento del bien, como la bondad no es otra cosa que la inclinación a hacer el bien a todos y a evitar el mal,…”[3].

ACTUALIDAD CATÓLICA

 

[1] SB, n.476, p.291.

[2] US, p.43.

[3] LEIBNIZ, G.W., Escritos de filosofía jurídica y política, Ed. Nacional, Madrid 1984, p.86.

 


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