«La verdad no se impone de otra manera que por la fuerza de la misma verdad» (Vaticano II)[1]. «Un bien moral impuesto pierde su carácter de bien o el de moral» (C. J. Jung). «El respeto de la fe religiosa de los demás es una condición indispensable para que pueda haber paz» (Madre Teresa)[2].
***** El papa Juan Pablo II se vio en la tesitura de tener que decidir ante el planeamiento que una familia cristiana le expuso siendo él sacerdote sobre si deberían educar según su religión a un niño huérfano que sus padres a la hora de morir les había encomendado con un escrito en que se les pedía lo educaran en su religión judía. El entonces sacerdote Karol Wojtyla decidió que se le educara en la fe judía. …..
M. Gandhi al hindú que había matado a un niño musulmán, como venganza de la muerte de su propio hijo, le dijo así: «Si quieres salir del infierno del odio, busca a un niño cuyos padres hayan sido muertos y críalo como tuyo; pero asegúrate de que sea musulmán y edúcalo en la fe y al estilo musulmanes». *****
Dios se propone a nosotros, no se impone. Y quien trate de imponerlo, no tiene nada que ver con Dios, con sus maneras de ser y proceder. En este sentido, tengamos siempre presente la tolerancia y la universalidad de Jesús. La Verdad —a verdad del evangelio— es algo que se proclama, se expone, se ofrece al corazón que escucha. Y tal es así, que Dios —por amor al hombre, a su libertad, a su dignidad— deja que cada ser humano sea quien en última instancia disponga. Rehusa imponerla porque perdería entonces su eficacia y su calidad al no ser asumida en la libertad personal. …..
El respeto tiene una razón suprema: la de la dignidad, la dignidad de un ser hecho libre. Dios no apabulla, Dios quiere que se le ame desde la confianza y la fe. Dios es sumamente discreto. No manipular a nadie, ni para hacerle bien; pues, en caso contrario, le arrebatamos la personalidad, la creatividad,… El bien se ofrece o no es un bien el ofrecer. Reconocer la dignidad del otro (dignidad = categoría de derechos absolutos), y la forma —el hecho formal del ofrecer— es el primer y fundamental bien pues nos dice qué dignidad tiene el otro para el que ofrece. El respeto a la libertad es el primer bien a ofrecer, antes que ningún otro bien. Pues sin libertad nos quedamos ‘sin’ persona. El amor no obliga a nadie, no fuerza, no abusa,… De lo contrario, dejaría de ser amor. El amor lleva como condición inherente el respeto al derecho que tiene la persona a tomar sus decisiones, a la no imposición de los valores a quien se ama. Imponer la verdad no es amar. Y a la larga, incluso, es contraproducente: por la violencia —falta de libertad e intolerancia que genera—, y por la débil asunción y adhesión. Se convierte, pues, en una verdad sospechosa y hostil. La verdad que no opera amorosa —es decir, libremente— es una amenaza (en muchos sentidos). En el imponer la verdad, en el tratar de salvar a los demás, —no en pocos casos, y desde el punto de vista de las creencias— no hay sino una suerte de avaricia y de orgullo. Y he aquí que uno puede perderse en ese intento un tanto fanático de que los demás encuentren el camino, «a empujones». Cuando… para Dios tan importante eres tu como a quien tratas de «salvar». …..
Dios es el creador del universo, el señor de la historia, el creador del universo, el trascendente, el totalmente Otro. Lo es y lo seguirá siendo. Pero quiere ante todo ser el Dios cercano, que ha caminado y camina paso a paso con su pueblo, respetando infinitamente a los hombres, sin violar su fe por medio de milagros espectaculares ni aplastarlo jamás con su poder. Dios es un perfecto pedagogo.
[1] Dignitatis Humanae, c.1. [2] RS, nº793, Octubre 1997, p.41. |
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