La liturgia de la palabra de la misa de hoy, 27 de octubre, trata de la curación de una mujer enferma realizada por Jesús en sábado, un día en que la ley «oficial» no permitía trabajar, hacer nada o casi nada, ni siquiera cosas buenas, gratuitas, como este milagro.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (13,10-17):
Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacia dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar.
Al verla, Jesús la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad.»
Le impuso las manos, y en seguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente: «Seis días tenéis para trabajar; venid esos días a que os curen, y no los sábados.»
Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo: «Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?»
A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.
Una mujer enferma por causa de un espíritu, o sea un ser inmundo, diabólico: «Satanás ha tenido atada». La gente especialmente de hoy día esto lo observa escépticamente, con cierta sorna, pero es una realidad de la influencia demoniaca y posesiva, que causa graves dolencias, en el cuerpo y sobre todo en el alma: a tenía doblada, humillada hacia la tierra, sin levantar la mirada al cielo, «andaba encorvada, sin poderse enderezar». Jesús la «puso derecha», la sana, la libera, la levanta, la dignifica.
Ante la gran alegría: «glorificaba a Dios»; hubo quien se enojó: «el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado«.
Y Jesús pone en evidencia la contradicción: «Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado? Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?«. (Dicho de paso, hoy día esto a nivel profano también se da: el poner a los animales por encima de los humanos).
Lo principal es esto:
Jesús es el Señor del «sábado», de la ley, y el que trae el reino de Dios, dice cómo es la nueva ley de su reinado: la del amor, el amor caritativo, misericordioso, trinitario. Que nos recuerda a aquello de san Agustín: «Ama y haz lo que quieras«. Cuando se actúa por amor, se produce alegría y se glorifica a Dios.
El «culto» a la ley no puede ejercerse en perjuicio del hombre y del hermano. Hay quien ama más a la ley que a su semejante.
El diablo se sirve de cualquier medio —hasta de la misma “palabra” de Dios— para evitar que el ser humano ame y haga el bien. El diablo, el mal, se aprovecha de hasta el bien -lo correcto, la ley, etc.-para conseguir sus objetivos. Por eso, la virtud de la prudencia, para no ser manipulados, por el padre del engaño.
Sobre este tema interesantísimo de la libertad de la ley del Espíritu del Amor, pueden leer estos artículos:
- La libertad en que hemos sido creados los hijos de Dios
- La ley del Amor
- La fanatización de la ley y la libertad de los que son de Dios
- Dios nos hace libres
- La libertad de los hijos de Dios
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Y la lectura también de hoy, 30 de octubre, de la interesantísima carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8,12-17, en que nos habla de la presencia del Espíritu de Dios presente en nuestra vida, que testimonio que somos hijos de Dios, haciéndonos libres:
Hermanos: Nosotros no estamos sujetos al desorden egoísta del hombre, para hacer de ese desorden nuestra regla de conducta. Pues si ustedes viven de ese modo, ciertamente serán destruidos. Por el contrario, si con la ayuda del Espíritu destruyen sus malas acciones, entonces vivirán.
Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. No han recibido ustedes un espíritu de esclavos, que los haga temer de nuevo, sino un espíritu de hijos, en virtud del cual podemos llamar Padre a Dios.
El mismo Espíritu Santo, a una con nuestro propio espíritu, da testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos también herederos de Dios y coherederos con Cristo, puesto que sufrimos con él para ser glorificados junto con él.
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Catena Aurea
San Ambrosio
Indicó en seguida lo que había dicho de la sinagoga y manifiesta que había venido a ella, puesto que predicaba en ella. Por esto dice: «Y estaba enseñando en la sinagoga de ellos los sábados».
Crisóstomo, in Cat. graec
Enseña, pues, no en cualquier lado, sino en las sinagogas, con firmeza, sin manifestar duda en nada y sin contradecir la ley de Moisés y en el sábado porque los judíos descansaban en él conforme a la ley.
San Cirilo, in eadem Cat. graec
Se verificó la encarnación del divino Verbo para contrarrestar la corrupción, la muerte y la envidia del diablo contra nosotros, lo que se deja conocer en los mismos sucesos. Sigue pues: «Y he aquí una mujer que tenía espíritu de enfermedad», etc. Dice espíritu de enfermedad, porque esta mujer sufría por la malicia del diablo. Había sido abandonada de Dios por sus propias culpas, o por el pecado de Adán, en virtud del cual el cuerpo humano ha quedado sujeto a la enfermedad y a la muerte. Da, pues, el Señor poder al demonio sobre el cuerpo, para que los hombres, oprimidos por el peso de la adversidad, aspiren a vivir mejor. Manifiesta la clase de enfermedad, cuando dice: «Y estaba tan encorvada, que no podía mirar hacia arriba».
San Basilio, homil. 9, in Hexameron
La cabeza de los brutos, inclinada hacia el suelo, mira a la tierra, pero la cabeza del hombre está levantada hacia el cielo y sus ojos ven las cosas de arriba. Conviene, pues, buscar las cosas del cielo y no mirar las cosas de la tierra.
San Cirilo, ubi sup
Manifestando el Señor que su venida al mundo destruía todas las pasiones de los hombres, curó a aquella mujer, por lo que sigue: «Cuando la vio Jesús, la llamó a sí y le dijo: Mujer, libre estás de tu enfermedad». Expresión muy propia de Dios, llena de suprema majestad. Ahuyenta la enfermedad con su palabra soberana. También le impuso las manos, como dice a continuación: «Y puso sobre ella las manos y de inmediato se enderezó y daba gloria a Dios». En lo cual debemos conocer que la naturaleza humana de Jesucristo estaba revestida del poder divino. Era, pues, la carne del mismo Dios y no de ningún otro, como si el Hijo del hombre existiera separado del Hijo de Dios, según han creído algunos falsamente. Pero el jefe de la sinagoga ingrata, en cuanto vio que la mujer se enderezó con sólo el tacto del Salvador y que publicaba su magnificencia dando gloria a Dios, se llenó de envidia y reprendió el milagro, con el pretexto de defender la observancia del sábado. Por eso sigue: «Y tomando la palabra el príncipe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en el sábado, dijo al pueblo: seis días hay en que se puede trabajar, no en sábado», etc. Exhorta a que en los demás días vean y admiren los milagros del Señor, cuando los hombres estén repartidos y consagrados a sus propias ocupaciones y no en el sábado, cuando descansan, para que no crean. Pero di, ¿ha prohibido la ley abstenerse de obras manuales en día de sábado, incluso de las que se hacen con la palabra y la boca? Entonces, no comas, ni bebas, ni hables, ni salmodies en sábado. Y si no lees la ley, ¿de qué te aprovecha el sábado? Además, si la ley ha prohibido las obras manuales, ¿es acaso obra de mano enderezar a una mujer por medio de la palabra?
San Ambrosio
Finalmente, hasta Dios descansó de las obras de la creación, no de las obras santas, que hace siempre en abundancia, como dice el Hijo de Dios ( Jn 5,17): «Mi padre trabaja hasta ahora y yo trabajo», demostrando que, como Dios nos enseña, deben cesar nuestros trabajos materiales, pero no los espirituales. Por esto el Señor le respondió de este modo: «Y respondiéndole el Señor dijo: Hipócrita, ¿cada uno de vosotros, no desata en sábado su buey?».
San Basilio, homil. 1. De jejunio
Se llama hipócrita el que en un teatro representa la persona de otro. Así sucede en esta vida, que algunos llevan en su corazón lo contrario de lo que manifiestan exteriormente a los demás hombres.
Crisóstomo
Con mucha propiedad el Salvador llama hipócrita al príncipe de la sinagoga, porque aparentaba obrar bajo el influjo de la ley, cuando interiormente estaba lleno de malicia y de envidia. No se disgusta porque se quebrante el sábado, sino porque Jesucristo es alabado. Considera también que cuando ordenó alguna cosa, como cuando mandó al paralítico tomar su camilla, hizo más solemne su palabra haciendo ver que esto lo hacía por la dignidad de su Padre, cuando dice ( Jn 5,17): «Mi Padre obra hasta ahora y yo obro también». Aquí, donde todo lo hace por la palabra, no añade otra cosa para contestar a la calumnia que ellos mismos hacían.
San Cirilo
El príncipe de la sinagoga es reprendido como hipócrita, porque mientras lleva las bestias a beber agua en sábado, no cree digna a una mujer -hija de Abraham por la fe más que por la especie- de ser libertada del lazo de la enfermedad. Por esto dice: «¿Y esta hija de Abraham, a quien tuvo ligada Satanás dieciocho años, no convino desatarla de este lazo en día de sábado?». Quería más bien que la mujer continuase mirando a la tierra, como los cuadrúpedos, que el que recobrase la estatura humana, con tal que Jesucristo no fuese alabado. No les quedó, pues, qué responder y fueron, por tanto, irrebatible reprensión de sí mismos. Por lo cual sigue: «Y diciendo estas cosas se avergonzaban todos sus adversarios». Mas se gozaba el pueblo, al cual favorecían estos milagros, por lo que sigue: «Mas se gozaba todo el pueblo», etc. La evidencia de las obras del Señor respondía a toda clase de dudas, respecto de los que no le seguían con mala intención.
San Gregorio in homil. 31, in Evang
En sentido espiritual representa lo mismo la higuera infructuosa que la mujer encorvada. Porque la naturaleza humana, cayendo voluntariamente en pecado porque no quiso dar el fruto de obediencia, perdió el estado de rectitud y esto lo dan a conocer tanto la higuera estéril cuanto la mujer enderezada.
San Ambrosio
La higuera representa también a la sinagoga. Además, en la mujer enferma se encuentra la figura de la Iglesia, que cumplido que sea el tiempo de la ley y de la resurrección, se erguirá sublime y brillante en una paz perpetua y no podrá ya agobiarla la debilidad de nuestra enfermedad. Y esta mujer no hubiera podido curarse, si no hubiese cumplido con la ley y con la gracia. Porque la perfección está en los diez preceptos de la ley y la plenitud de la resurrección en el número ocho.
San Gregorio, ut sup
De otro modo: El hombre fue criado en el sexto día y en aquel día todas las obras del Señor se completaron. El número seis multiplicado por tres, que son los ángulos del triángulo, hace dieciocho. Y como el hombre -que fue hecho en el sexto día, no quiso hacer obras perfectas y ha estado enfermo antes de la ley, bajo la ley y en el principio de la gracia- aquella mujer estuvo encorvada dieciocho años.
San Agustín, De verb. Dom., serm. 31
Lo mismo que representaban los tres años del árbol, representan los dieciocho años de aquella mujer, porque tres multiplicado por seis, hacen dieciocho. Estaba encorvada y no podía mirar hacia arriba, porque oía en vano las palabras elevad a lo alto vuestros corazones.
San Gregorio, in homil. 31
Todo pecador que piensa en las cosas de la tierra y no se ocupa de las del cielo, no puede mirar hacia arriba, porque mientras sigue sus bajos deseos vive encorvado de cuerpo y de alma y ve siempre aquello en que piensa sin cesar. El Señor la llamó y la enderezó porque la iluminó y la ayudó. Algunas veces llama el Señor, pero no endereza. De modo que iluminados con frecuencia por la gracia, conocemos lo que debemos hacer, pero por la culpa no obramos como debemos, acostumbrados al pecado. Este doblega nuestra alma y la incapacita de poder enderezarse ya. Se esfuerza y sucumbe, porque cae a pesar suyo allí en donde permaneció voluntariamente por tanto tiempo.
San Ambrosio
El trabajo del sábado significa lo que habrá de suceder cuando cada uno, después de haber cumplido con la ley y con la gracia, será libertado por la misericordia de Dios de las molestias de la debilidad humana. Pero, ¿por qué no indicó otro animal sino porque quiso dar a conocer que el pueblo judío y el gentil serán un día librados de la sed del cuerpo y de los ardores de este mundo por la abundancia de la fuente del Señor? Y de este modo indicó que la Iglesia será salva por la vocación de estos dos pueblos.
Beda
La hija de Abraham es toda alma fiel, o la Iglesia reunida de uno y otro pueblo por la fe. Así, en sentido espiritual, el buey o el asno soltados del pesebre para ser llevados al abrevadero, son lo que la hija de Abraham, libertada de los vínculos de nuestra inclinación.

