La libertad de la Iglesia

La Iglesia solo depende del Espíritu Santo, y por lo mismo bien haría en ser absolutamente escrupulosa, inteligente y fiel a sí misma -a su Señor- siendo totalmente independiente de toda atadura. Porque, si no, cualquier otra vinculación dependiente -aunque sea de justicia- acaba neutralizando su libertad y sofocando al Espíritu que la alienta.

Hay diferentes ataduras: como la ideológicamente vinculada a la mentalidad mundana, al espíritu del tiempo, que vicia y desvirtúa la doctrina de su fe cristiana, y que en el fondo deja de ser ella misma -como Cuerpo de Cristo- para convertirse en una copia infiel, que no salva; por muy aprobada y jaleada por la mundanidad. Pero hoy nos queremos referir a la atadura del dinero, o por decir más noblemente, la necesaria economía de mantenimiento: por ello, por el argumento de que se necesita de lo necesario, dedo que se vive en un mundo con necesidades materiales -de subsistencia: comida, vestido, alojamiento, etc.-, se hace dependiente -ella, sus instituciones o sus miembros- del mundo en que vive y su materialidad.

Sobre esta dependencia, la Iglesia, cueste lo que cueste -y nunca mejor dicho-, debería desligarse de ataduras con los Estados y ser lo más posible independiente de ellos, pues si no, se acaba en conflicto o diciendo servilmente a la voluntad de quien dependes, y en definitiva, no siendo fiel del todo a tu doctrina, fiel al Señor.

Según lo cual, hay dos casos en que la Iglesia tiene que distanciarse del mundo político, para ser libre y verdadera. Aunque tenga cierto derecho a ello, la Iglesia debería prescindir de cualquier ayuda proveniente del Estado, tanto en la colaboración recaudatoria con la crucecita en la declaración de la renta, como en el asunto -tan actual (en España, como es la ley Celaá)- de la Enseñanza y los colegios concertados.

Cuando uno se ata porque viene bien en un momento dado de la historia o porque resulta más fácil, cómodo y hasta justo, pasado ese tiempo puede revertirse la situación, pues la realidad ha cambiado; y ahora te sientes, claro está, vulnerable y en manos de la autoridad política competente que hace lo que quiere -contigo- según su ideología (ideología que, dicho de paso, se ha radicalizado), mostrándose abiertamente enemiga de la fe de la Iglesia y los valores cristianos que comporta, y que trata por todos los medios de combatir, en este caso en la Enseñanza.   

Seguramente que haya derecho a tal y tal ayuda, pero el precio a pagar -al menos a la larga- no lo merece, ni siquiera argumentar que supone un ahorro -no un coste- para las arcas públicas (pues, este es un argumento pequeño o endeble -y un fijación sobre el dinero-, cuando el peso de lo relevante y político se centra en el plano ideológico. Para el Estado -dicho con claridad- lo económico es secundario, le importa el adoctrinamiento, que es en lo que está, y si es socialcomunista, como éste, en la animadversión a lo cristiano y a Cristo).

Por lo tanto, bien haría la Iglesia en replantearse su vinculación con los Estados, para ganar en libertad e independencia y poder ser más profética y fiel a la voluntad de Dios en cada momento y hacerse escuchar su voz en medio de una sociedad occidental inmoral y decadente.

Y, ah, en cuanto a lo de la educación concertada, se ha de optar por el cheque escolar. a los padres se les entregue el importe total del coste del puesto de enseñanza de su hijo y así serán ellos, en el ejercicio del derecho a la libertad que les asiste como máximos responsables de sus hijos, quienes elijan el colegio que prefieran. Ahí, en el derecho inalienable a la libertad, es donde se debe de centrar el debate y la solución. Para el bien de todos (excepto para el de los político sectarios, claro).

Los gobiernos, los políticos, los estados… temen a la libertad de las personas, la libertad de enseña, la libertad de la familia, la libertad de la Iglesia (sobre todo de esta).

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