La leyenda negra anticatólica continua

La antipatía y hasta el odio a la Iglesia se forja en parte porque permite lo que  nadie permitiría. En el cine y televisión, como en este caso, bajo el subterfugio de la ficción de ser real o historia o noticia, que pretenda ser verdad, se transmite al espectador un sentimiento adverso sobre a quién se presente como el malo de la película. Es una mala imagen que se transfiere empáticamente, afectivamente, pero que queda en el inconsciente. Porque éste, al final, no discrimina entre lo real y lo inventado.

Esta serie -como ocurre en otras- la figura del malo es un cura católico, vestido de tal, e igualmente la causa del mal es una organización tenebrosa vinculada a la Iglesia, etc. En fin, que todo lo malo es producido por la Iglesia católica. No hay otros más malos, hablan de tiempos de la República, donde todos son buenos, los libertarios, anarquistas, políticos, industriales, sindicalistas, guardia civiles, la población en general, todos son buenos y están por la República; el malo remalo es todo lo que tenga que ver de alguna manera con la Iglesia. Esto jamás se haría con ninguna otra institución (pongan el nombre que quieran), pero jamás se conseguirá que ese trato y ese pésima imagen se le dieran al PSOE (al día siguiente, de primer capítulo, la sería hubiera desaparecido de escena, etc.), o lo mismo si hubieran sido tratado así el islamismo u otro colectivo (feminista, homosexuales, emigrantes, etc.), hubieran calificado -y con razón- al día siguiente de machista, homófobo, xenófobo… y  aplicarían la ley del odio. En cambio, nada de esto ocurre si es con la Iglesia católico y el cristianismo; ahora, le ley del odio se aparca y se esgrime la de la libertad de expresión. Es absolutamente sorprendente y totalmente injusto. Luego, claro, nos quejamos de leyendas negras y cosas por el estilo, pero si consentimos que se nos vilipendie de manera descarada, obscena y gratuita, sin decir nada, al menos un ¡ay! Nos han perdido el respeto. Una pena. Luego como para intentar evangelizar con ese marco, como para sembrar la semilla en terrenos tan baldíos y pedregosos; hay, incluso, que darles gracias por dejarnos existir.

La mudez y la nula queja ante el trato injusto y la difamación por parte de la Iglesia posibilita el que se siga haciendo, pues es el crear un sentimiento negativo en general es fácil y está permitido, aquí no cabe el recurso a que se genero odio y esgrimir tal ley; aunque es obvio que la leyenda negra lo crea, si no dice nada ni protestas de que está siendo así, seguirán haciéndolo. Y no es justo para los que lo padecemos.

Ya sabemos que la Iglesia por no granjearse la imagen de ir a la confrontación recurriendo a los tribunales para defenderse, lo que sí cabe es el hecho a la queja razonable ante el mal trato, pues si no, te acabas granjeando lo que tratar de evitar: el desprestigio y la pésima imagen.

De tal forma que esta “mala leche” que se da en mucha gente hacia la Iglesia, si le preguntas de el porqué de tal, no saben a qué se debe, simplemente que lo sienten así. Claro.

“Yo siempre he visto la Iglesia desde fuera y si me he acercado ha sido siendo muy adulta y en un afán de puro conocimiento.  Me chocaba que cualquiera aquí y en cualquier sitio es bueno para difamar e insultar a la Iglesia, algo que no harían a un monje sintoísta pero que sí hacen con un cura católico”, afirmaba Elvira Roca.

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