La juventud del mundo actual da pena

El espíritu de la gente joven de hoy día, si nos detenemos a observarlo, se diria que no existe o  está como ausente. Pues da la impresión de estar acartonado, sin alma, vacio, sin substancia, sin esperanza, sin sentido de la eternidad, deambulando, cual zombi, como muerto en vida.

En estos días de coronavirus pareciera que la gente -nos referimos especialmente a la joven- que se quedan en casa autoconfiandose, responsable y solidariamente. Pero no es del todo así. ¡Qué pocos son los que realmente colaboran!, ¡qué amuermamiento generalizado! La gente encerrada, tirada en los sofás, engorando, viendo y reviendo series delante del televisor. Sin inquietudes, de verdades de fondo. En una pasividad pasmosa. Acogotada por el miedo metido en el cuerpo.

Tengo unos vecinos en la cera de en frente, de la treintena de viviendas, la mayoría pasan de hacer algo por reivindicar con cacerolas… (ante tanta manipulación y restricción de libertades), los pocos se nos unimos a tal protesta somos ya entrados en años; de los pisos habitados por jóvenes, ninguno… La juventud esta de hoy día son de una pasividad absoluta, les da todo igual, pasan de todo… (algunos levantan las persianas, o sea se levanta, a la 12 de medio día). Les da igual. Dan pena. Esperando que el papa Estado les resuelva la vida. Al menos con el ingreso básica por no trabajar. Sin esperar nada de la vida, que no sea el seguir tirando tirado ante el televisor, amuermados.

Hay una gran mayoría de la juventud de hoy que se dedica a no trabajar ni a estudiar en serio, ante las dificultades de encontrar un trabajo estable y suficiente que se ajuste al perfil de lo que está estudiando, a no ser que sea un estudiante destacado, la mayoría sestea sin aspirar a nada , más bien por estar entretenido y en un ambiente estudiantil. Pero nada serio. Y por otro lado, dadas las dificultes de encontrar un trabajo que les resuelva la vida, en general, se dedican a vivir en el hogar paterno, a costa de sus padres, y dedicados a ver sestear delante del televisor viendo alguna serie mientras enganchados al móvil wapsatean con los colegas a través de las redes… Otra actividad diaria, es el gimnasio. Mas menos a esto se reduce la ocupación vital de la juventud actual. No creen en nada, están decepcionados… y no se comprometen en causa social o política alguna; tampoco creen en Dios, no pisan la Iglesia. Si en este sentido religioso-espiritual tienen alguna inquietud, la derivan hacia  alternativas no cristianas, del tipo “New Age”, yoga, reiki, esotéricas con tintes satánicos.  

Su vida se reduce prácticamente y conclusivamente a un vivir de capricho y a dejarse llevar por la corriente a ninguna parte verdaderamente digna y humana..

Ante este panorama penoso, la juventud creyente es tan escaso su número que solo cabe decir con sarcasmo; que reluce por su ausencia. La labor de compromiso social en estos días tan duros por la epidemia que realmente lleva la labor de Caritas es un voluntariado de gente ya entrada en años.

 

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