
Son muchas las personas que me escriben o me preguntan la razón por la que he dejado de intervenir en ‘tertulias’ radiofónicas o televisivas. Sin duda, se trata de personas cándidas que viven en Babia.
Buenos días, y muchas gracias por esta maravillosa acogida. Dicen que cuando se aplaude al comenzar, no tiene mucha importancia. Pero, si están todavía despiertos al finalizar y aún quieren aplaudir, se lo agradezco mucho.
Ese mundo de ilusión, magia, encanto, de valores, familiar, de buen gusto, de verdad… y para todos los publico, del que en nuestra infancia hemos desfrutado, soñando y aprendimos se ha desvanecido a ojos vista. Estos últimos años con un guión muy distinto al que su fundador Walt Disney quiso, se ha convertido en una sectaria visión, política, dedicada a adoctrinar a los niños en ideologías de género.
Actualmente, resultar ser verdad lo que se adapta a mi subjetividad. Verdad es aquello que me gusta; hay una identificación la verdad con el gusto, con los placentero. La verdad depende del capricho de uno. De modo que la verdad en sí, como realidad fáctica no interesa; si desagradad, si resulta un obstáculo para los propios objetivos, si contraviene…, si cuestiona «mi felicidad», queda proscrita.
Esto de legislar un sentimiento (el del odio) es tan subjetivo como peligroso.
