La Iglesia es frecuentemente maltratada -al menos aquí en España- por los medios de comunicación y especialmente por las películas.
Esto es así, por varias razones, porque se consiente, sin que pase nada. Se pueden decir las mayores barbaridades, infundadas o innecesarias, sin que nadie se queje, reproche, o no digamos ya, denuncie. Por lo que resulta cómodo, fácil, y que cuadra bien, meterse con alguien, que haga de culpable, como chivo expiatorio, o razón histórica, de los males que padecemos.
No hay institución peor tratada. No hay institución con nombres y apellidos que padezca impasible tantas difamaciones, ofensas y desprestigio sin que levante la voz. Una cosas es que se diga en genérico, de cualquiera de ellas, cualquier crítica o burla, etc., y otra cosas es que se la nombre con pelos y señales, es decir, que se diga expresamente e incluso usando la uniformidad (en este caso, el hábito clerical), etc., la identidad concreta. Con la Iglesia es con la única que ocurre.
¿Ustedes puede decirme en que película, programa, etc., aparece expresamente una institución o empresa, organización, colectivo, etc., -banco con el nombre tal, empresa tal, lobby tal, rey tal, fulanito o menganito- a la que se la ponga «a caer de un burro». Nada.
Quiero, como botón de muestra, hablar de una serie televisiva, de la cadena Antena-3, es una telenovela de las tardes llamada «El secreto de Puente Viejo». En la serie hay un personaje que es el cura del pueblo, bien identificado con sotana, el cual aparece como un estúpido y esperpéntico, que da vergüenza ajena, por su aspecto, comportamiento y sobre todo por lo que dice (nada tiene que ver con la teología y doctrina cristiana). Esta falsedad y mala imagen -aunque lo traten de disculpar de que se trata de una película-, la antipatía y el desprestigio siempre queda.
No hay otra figura que represente a ninguna otra institución que la maltraten así. Hay un guardia civil que es ponderado, razonable, buena gente, etc., Si aparece algún político trabucaire o violento, etc.,, es u a figura anónimo, no pertenece a ninguna institución o partido político, no hay siglas ni uniforme, ni nada que lo identifique (se levantarían en armas), aquí la autocensura funciona.
La falta de respeto, la pésima imagen y la gratuidad con la que se zahiere a la Iglesia, es de echarse a llorar. Y la Iglesia calla.