¿Es posible una Iglesia Católica que sea Nacionalista? En un doble sentido, ¡no! Primero, por la catolicidad de la Iglesia hace referencia a su universalidad y no a particularismos, y su mensaje a la comunión e integración desde la generosidad compartida que tiene origen en un Padre común. Segundo, el Nacionalismo es sobre todo una terminología política, y la Iglesia no ha de hacer acepciones por particularismos políticos, que enfrentan y desunen y contaminan la convivencia, al mirar por intereses egoístas y excluyentes.
Es llamativo el grado de politización de la Iglesia catalana: colegios católicos cooperando en el referéndum golpista, iglesias en las que se celebran recuento de votos irregulares, manifiesto de apoyo con firmas de consagrados y sacerdotes y declaraciones de religiosas en pro del independentismo y el referéndum inconstitucional. Después, visita del abad de Montserrat a los presos en la cárcel, a 600 Km.; cosa que jamás ha hecho; palabras del obispo de Solsona (Tarragona) en favor de los presos y del «derecho» a votar por la independencia, pese a la inconstitucionalidad e ilegalidad. Etc.
Mientras tanto la Iglesia Católica con los perores registros de práctica religiosa de toda España. Las parroquias catalanas perdiendo feligreses a chorro: a amén de por la lengua, por la exclusión de los no-nacionalistas (que son la mitad de la población), por la politización del clero… y el rechazo que esto provoca en el espíritu comunitario de una misma fe, que queda relegado a un segundo lugar, ante el sentimiento identitario. Además de la asistencia a la iglesia, también las diócesis catalanas son las que tienen menos vocaciones sacerdotales de toda España. Otro factor práctico, la asignación de contribuyentes en la declaración de la renta es también la de menos porcentaje de España. (Aquí, cabe decir, que la diócesis del obispo Novell, tan partidistas de los separatistas, no cubre con los ingresos sus gastos, recibiendo de la Iglesia aportaciones… ¡Y así lo agradece!). Ah, y otra cosa, esos curras separatistas, en lugar de mirar por su feligresía, los afines en la fe, o sea con los cristianos; se dedican a «amigotear» con las izquierdas nacionalistas, que dicho de paso, utilizan a la Iglesia para sus fines y no la apoyan en nada, sino todo lo contrario. Un pena.
En fin, se ve el triste final de una Iglesia Nacionalista antifraterna, decadente y poco o nada cristiana.