La experiencia como exorcista de un obispo caribeño: «el poseído no puede bendecir a Dios»Monseñor Bretón, de Baní (República Dominicana) Aunque tiene un exorcista designado para la diócesis, él también participa y atiende algunos casos. En la Iglesia Católica, cualquier fiel puede rezar a Dios pidiendo protección y liberación contra las acechanzas del Demonio, sea para sí o para otra persona. Pero el exorcismo, el ceremonial oficial de la Iglesia que incluye órdenes al demonio para que deje de oprimir a una persona, está reservado al obispo. En la práctica, por lo general un obispo delega esta función en un sacerdote exorcista, aunque hay algunos obispos en tiempos modernos que sí que han sido exorcistas con cierta asiduidad, como lo fue, por ejemplo Augusto Uribe Jaramillo en Colombia o como lo cuenta ahora Freddy Antonio de Jesús Bretón, el obispo de Baní, en República Dominicana.
El obispo Bretón ha comentado algunas de sus experiencias exorcísticas en Listín Diario. Respecto al silencio de la Iglesia sobre la divulgación del rito, Freddy Bretón lo explica, sin pretextos: “No podemos predicar al demonio. No podemos hacerle publicidad al mal. Predicamos a Jesús Cristo”. El obispo en un exorcismo Refiere el caso de una joven tirada sobre el piso, retorciéndose como una culebra. “En este caso, usted podría decir: ´Ah, esos son los nervios, histeria´, pero el puntito es que usted le pida que diga bendito sea el nombre de Dios, y no lo dice ni matada”, declara al diario dominicano. Un caso del padre Tardiff “Emiliano Tardiff era un hombre de Dios que hacía maravillas. Una vez le estaba dando un retiro a sacerdotes en Suiza, cuando se aparecieron allá, no sé de qué otro país vecino, con una joven que se presumía estaba poseída por el demonio. Entonces, él se separó de los demás sacerdotes y se puso a hacerle una oración a la joven». «Luego hicieron un experimento. Como era un retiro con sacerdotes, tenían el Santísimo expuesto para la ocasión. Seguido mandaron a buscar la custodia donde se coloca el Santísimo. Cuando le acercaban el Santísimo (a la joven) se retorcía y hacía de todo. Estaba poseída por el demonio. Luego retiraban la custodia y se tranquilizaba», señala el obispo. Pero la historia sigue con una enseñanza sobre la presencia real de Cristo en la Eucaristía… y la percepción del endemoniado. «No sé si fue idea del padre Tardif o de otro, pero sacaron la hostia consagrada y buscaron otra hostia igual, pero sin consagrar, y se la acercaron a la joven. Igual que con la custodia, esta se quedaba tranquilita. El padre Emiliano decía: nosotros no notamos la presencia de Cristo, pero el demonio sí sabe hacer la diferencia. Cuando le acercaban la hostia consagrada, la muchacha se ponía como una fiera, pero cuando le ponían la otra, sin consagrar, permanecía tranquilita”, concluye el obispo de Baní. El ritual y los sacerdotes Por eso, agrega el obispo Bretón, “en cada diócesis se nombra un exorcista. Eso no lo puede hacer cualquier persona”. |
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