El pesado fardo de Pedro (III)

El pesado fardo de Pedro (III)

 

Vittorio Messori

La religión más perseguida
No hay que pensar que esto no tiene que ver con Europa, escribe en su último informe el sociólogo Massimo Introvigne, responsable del Observatorio sobre la Libertad Religiosa del Ministerio de Exteriores italiano y representante del OSCE, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa: «También en el Viejo Continente existe una oleada de crímenes de odio contra los cristianos y, en particular, contra la Iglesia católica. Desde la simple intolerancia y la discriminación, desde los insultos —Internet está siempre lleno de ellos y los fanáticos se reúnen en grupos cada vez mayores— si ha pasado a la violencia activa». Para el 2012, el informe de la OSCE hace un elenco de 67 crímenes documentados —no de actos de simple gamberrismo— en Europa, de los cuales sólo seis se refieren a actos vandálicos contra las iglesias, atribuibles a grupos de fundamentalistas islámicos.

Oleada de cristianofobia en Europa
Volviendo al informe de la OSCE sobre la violencia, otros 46 casos constiyen ataques contra sacerdotes y contra iglesias, estatuas, imágenes religiosas. En Austria, por ejemplo, en la viglia anterior a la pasada Navidad, fueron incendiadas tres iglesias en la misma noche, en Francia fueron decapitadas imágenes de María y de santos a golpe de palo, en Alemania fueron destruidas con piedras vidrieras de templos antiguos
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El odio se extiende por Asia
Esta «fobia», este odio contra quien venera la cruz y de la que Europa no escatima, también se extiende en África y Asia, tanto es así que —con las estadísticas en la mano— el cristianismo es, con mucho, la religión más perseguida del mundo. Y no solamenteen los países islámicos, sino también en los de mayoría hinduista o budista: es decir, entre los seguidores de religiones que la «leyenda rosa» europea nos describía como el triunfo de la mansedumbre y de la no violencia, al contrario que el cristianismo, intolerante y dogmático.

Prevalece la idílica imagen de Asia, patria de Gandhi, olvidando que Mahatma fue asesinado precisamente por un fanático hindú que le acusaba de ser demasiado manso y sumiso respecto a los fieles de otras religiones. Los budistas del Tíbet no tampoco se quedaron atrás en cuanto a intolerancia y, después de múltiples asesinatos de misioneros (a menudo enviados allí sólo como exploradores), en el siglo XVIII procedieron a la masacre en masa de los capuchinos, muchos de los cuales fueron crucificados. Pero el calvario continúa, incluso en Asia: muchos cristianos son asesinados cada año en Tailandia, por parte de grupos de budistas fundamentalistas para los que es intolerable que una minoría de la población indígena no frecuente las pagodas.

Siempre en Asia, el ateismo de un «comunismo» imaginario como el de la satrapía oriental que oprime ya desde hace tres generaciones Corea del Norte, ha llevado a cabo un auténtico genocidio en las zonas que fueron cristianas, convertidas a principios del siglo XX gracias a los misioneros europeos. Las fotos de los satélites espía han mostrado que las religiones que tiempo atrás estaban pobladas de bautizados hoy están desiertas completamente. Se estima que las víctimas hayan estado en torno a las trescientas mil.

…Y también por África

Naturalmente, es conocido para todos el gran agujero negro (o más bien rojo, por la sangre de los mártires) del Islám fanático que practica una auténtica y real «limpieza religiosa» cuando es mayoría y que, donde no llega a serlo, procede con un goteo de atentados, de homicidios, de acoso.

¿Por qué tanto odio y por qué tanta degradación en Occidente, delante de lo que a menudo asume el terrible rostro de la masacre? El creyente tiene que permanecer lejos, obviamente, de todo espíritu de venganza, pero también de todo victimismo. Por tanto, venerando a sus mártires, pero al mismo tiempo con cuidado por la advertencia de Jesús: «Si me han perseguido a mí, también os perseguirán a vosotros». La posibilidad del martirio (en la perspectiva evangélica, no es una desgracia sino una gracia, siempre y cuando sea aceptada y no buscada, a diferencia del Islam que promete el paraíso a quien se mata asesinando a otros), forma parte de una perspectiva que tiene su base en la lógica del propio Evangelio. Por decirlo junto a Chesterton, el converso inglés: «Nuestro símbolo es la cruz en el Gólgota, no la casa de campo en los suburbios de Londres. Se nos ha prometido la persecución del mundo, no una estancia en las termas de Bath».

© Corriere della Sera

Traducción: Sara Martín
Texto completo en  http://www.religionenlibertad.com/el-pesado-fardo-de-pedro-iii-28424.htm

 


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